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Pedro Conde
Jueves, 14 de septiembre de 2017

La irracionalidad de los nacionalismos

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El nacionalismo, que suele tener sus orígenes en la ensoñación de un botarate, de un insensato o insensatos, puede acabar siendo el proyecto vicioso y viciado de tipos sin escrúpulos, arribistas, mangantes, saqueadores, incluso asesinos, que vienen a dejar aquella ensoñación de sus paranoicos progenitores en una repugnante guiñapo, casi siempre sanguinolento.

 

El nacionalismo es la hipertrofia casera del sentimiento nacional, es su visión cóncava o convexa, su cara deformada y ridícula. Por otro lado, peligrosa para quien lo concibe y alimenta como a monstruo y siempre triste y desgarrador para todos. El caso español y sus nacionalismos podría ser el ejemplo paradigmático de todo ello.

 

Los nacionalismos hispanos (esos enanos que le germinaron a la nación española en el siglo XIX con la caída de los últimos vestigios del gigante Imperio creado tres siglos antes) tienen su concepción en cabezas de iluminados que aparecen en momentos de obscuridad, desorientación y abatimiento de una nación, pretendiendo sustituir ésta por entes menores o réplicas basadas en conceptos hueros, sin raíz ni arraigo; no eludiendo entre otros el absurdo y grotesco racismo y nebulosa mitología. La pérdida de las últimas colonias, Cuba, Puerto Rico…, fue el cachetero al toro ibérico que, envejecido, había decaído en su bravura, para venir a ser sacrificado como buey en el altar del holocausto de la nueva potencia emergente, los EEUU de América. Entonces como ahora, la clase política española mostró también su baja catadura moral a costa del sacrificio de los soldados de España.

 

En aquellos instantes, son mentes burguesas, estragadas por la derrota, las que achican el concepto de patria y nación para refugiarse en el caserío, la masía o el pazo, a los que vienen a colocar poco menos que como piedras maestras de su nueva construcción nacionalista, apartándose del proyecto nacional español que en ese momento, es verdad, había perdido su rumbo o quedado inerte. Estos nuevos nacionalistas sustituyen la compleja Historia y las glorias del pasado común español por visiones, costumbres y tradiciones localistas como si en estos hitos primarios y tribales, y no en una misión de destino en común, estuviera la matriz con que la Historia engendra las naciones que le dan sentido universal.

 

Con este pobre y enjuto bagaje, sin historia, sin títulos, sin otras razones que no sean sinrazones, que oponer al milenario proyecto nacional español, nos hemos plantado, con los nacionalismos pegados como lapas al cuerpo de la nación, en el siglo XXI. El desarrollo y espectáculo de éstos  en ese transcurso del tiempo ha sido esperpéntico y dañino para todos. El nacionalismo elitista, clasista y separador de aquellos pequeñoburgueses vascos y catalanes ha caído hoy en manos de grupúsculos con marchamo internacionalista como la ETA, la CUP, los Juntos por el Sí, etc., jaleados por el calidoscópico y múltiple tropel “podemita”, conectado internacional y paradójicamente a teocracias islamistas y estados ateos comunistas, que en su día pueden acabar a bombazo limpio.

 

Qué agria ironía para aquel nacionalismo decimonónico, burgués y carca. Sus contrarios, mejor, sus enemigos, los internacionalistas, marxistas y sin Dios, para los que todo tipo de zarrapastrosa ideología de la “progrez”, que no del progreso, tiene cabida, les han arrebatado su nacionalismo para usarlo como instrumento de destrucción de las naciones históricas. Ese raquítico y ridículo nacionalismo es hoy el santo y seña, la coartada de la extrema izquierda en su papel de nuevos bárbaros de la Era Moderna.

 

Tal amalgama nacionalista, constituida contra natura, ha llevado a España a una de las encrucijadas más tremendas de su devenir histórico en el escenario de un Estado de las Autonomías desafortunado, minador de su identidad e incitador al taifismo medieval. Frente a este caos al que nos han llevado no sólo estos peligrosos, variopintos y extravagantes nacionalistas, también la torpeza, el egoísmo, los votos interesados y partidarios, la ambición desmesurada, la insensatez y hasta la flojera en el patriotismo, de los gobernantes de la nación española durante los cuarenta años de una democracia corrompida y falseada, ¿qué hacer? ¿qué remedio poner para la supervivencia de España?

 

Digámoslo de una vez. Si la Constitución, las leyes del Estado de Derecho, los códigos penales…, no han sido ni son aplicados a los delincuentes políticos, convictos y confesos, por quienes tienen en sus manos el poder de hacerlo, incumpliendo el juramento de defender a la Patria, no hay otro remedio que recurrir al Genio Español. Ese Genio Español, ese “carácter distintivo y representativo” que nos diferenció en la Historia, en las armas y en las letras, hasta descollar durante siglos como una de las grandes naciones. Ese Genio al que ha de acompañar la voluntad de los auténticos españoles y su irrebatible patriotismo para tomar la decisión de sacar y salvar a España de este caos.

 

Acabo con un pensamiento recién leído y que viene perfectamente al caso, vista la bravuconería de ciertos jaquetones separatistas: “Cuando una sociedad “pacífica” renuncia al uso defensivo de la fuerza, queda indefensa a merced del primer matón que decide comportarse de forma inmoral”.

    

    

    

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3 Comentarios
Fecha: Viernes, 29 de septiembre de 2017 a las 19:17
bictorioso
Sr. Laurencico. El nacionalismo tradicional de origen nazi siempre ha acudido a la raza, el ADN, el Rh, hasta a la forma del cráneo . El moderno, para sacudirse ese estigma racista, que aunque quiera disimular, le sale por los poros, acude a la lengua porque también es rehén de la corrección política . El afirmar que se es una nación porque se tiene una lengua propia no es más que la versión moderna y afable del peor nacionalismo décimocónico. Cartagena fue fundada por Asdrubal, por ello los cartagineses antiguos hablaban griego. Eran una nación entonces? Según su tesis si. Y ellos sin saberlo !!!!! . Lo cierto es que hasta el siglo XIX en aquella incalificable I República los cartagineses no tuvieron conciencia de ello y se dedicaron a declarar guerras por el Mediterráneo. Otra vez el siglo XIX y otra vez violencias y nacionalismos. Parecen ir muy unidos.
Las lenguas no son más que un instrumento para que los humanos se comuniquen. Cuando estiramos la definición hasta donde usted llega, comenzamos a tener un problema
Fecha: Jueves, 14 de septiembre de 2017 a las 22:13
Mijail Bakunao
Laurencico de Mastia, ¡vaya ostia te merecías por simplón y analfabeto! Dijo el famoso filosofo Laurencico: un idioma, una nacion. Simplicaré, porque la respuesta para saber qué es una nación y cómo se forma a través de los tiempos es muy larga. ¿Sabes cuántos idiomas se hablan en Suiza, y es una nación? ¿Sabes que el castellano y el catalán son dos idiomas españoles y son propiedad también de todos los catalanes?
Fecha: Jueves, 14 de septiembre de 2017 a las 10:33
Laurencico de Mastia
En el mundo... ! No sé cómo le han publicado este artículo, pues denota que usted proviene de la caverna más profunda, ridícula y oscura que podamos imaginar.
El humano se siente mejor libre que maniatado, por lo tanto, puede expresar y sentir el nacionalismo que le salga del alma, igual que lo hace usted.
Para terminar, decirle que, el signo más fuerte que tiene e identifica a una nación es su idioma, por lo tanto, a idioma diferente, nación diferente.

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