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Pedro Conde
Sábado, 23 de septiembre de 2017

¿Cobardía, ineptitud, insensatez...?

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Ante la conducta y aptitud que durante los últimos años han mostrado los gobernantes de España, uno baraja todos esos conceptos, y más, buscando una explicación a la gravísima e irresponsable inacción de quienes están obligados, por juramento, a cumplir y hacer cumplir la leyes de la nación que les ha dotado, por mandato constitucional, de autoridad y poder para ejecutarlas hasta las últimas sanciones y consecuencias.

    

¿Cobardes, ineptos, insensatos, traidores…? ¿Cuál o cuáles de estos sustantivos, nos orientan y avalan para encontrar una explicación que califique conducta tan irresponsable ante un tremendo hecho como es el intento confesado, y hace tiempo en marcha, de destruir una de las más antiguas naciones del mundo  en cuya Historia Universal quizá tenga más páginas escritas, y desde luego de las más bizarras y heroicas, que ninguna otra nación?

    

Puede ser que a una gran nación de tan largo desarrollo desde sus balbuceos y nacimiento, en la matriz del Imperio Romano, dos mil largos años ya, le nazcan en su madurez monstuitos o hijastros, como a la vieja encina, que se disputen sus antiguas glorias negándoselas a la madre, España en este caso. De ahí, esas ridículas atribuciones de propiedad, como es el caso de los separatistas catalanes, de celebridades de la historia común, por tanto también de ellos, como Cervantes, santa Teresa, etc. haciéndolas nacer donde no lo hicieron, en Cataluña. Sin embargo, el resto de los españoles, con sentido común sin más, tenemos también por nuestros a las figuras históricas catalanas, los Gaudí, los Prim, etc. por poner ejemplos cercanos. ¿Existirá la envidia colectiva? Eso parecen tener estos descerebrados separatistas.

     

Pues bien, frente a estos mentecatos enanos, cortos de mente y saberes, que  han crecido en número, que no en estatura intelectual, porque los gobiernos centrales lo han consentido durante cuarenta años por una mal entendida y mal articulada democracia, los hombres de gobierno actuales, carentes de talla como políticos de Estado, se arrugan, se encogen, se asustan, se amilanan, se arredran, se acoquinan, se atemorizan… Elijan el término que quieran porque cualquiera de ellos define la conducta inmoral o amoral de la mayoría de estos políticos de tres al cuarto. A cargo todo de un sistema partidario en el que prevalece el “do ut des”, te doy a cambio de que me des, por encima del bien común de la nación, el mayor de los cuales es su unidad.

     

Y no será por instrumentos legales: Constitución, Códigos Civiles y Penales, Leyes Especiales, etc., sobre los que basar la absoluta legitimidad de su autoridad y la justeza de sus decisiones para atajar el gravísimo momento, quizá uno de los más peligrosos para la supervivencia de España en su existencia como Estado moderno. Como diría un castizo: pero ¿tienen sangre de glóbulos rojos o son blancos de horchata? ¿Tienen lo que hay que tener en su sitio o los llevan colgados de las anginas?

    

¿No es evidente? Qué es el nacionalismo no más que un endeble montaje, ni siquiera intelectual, con el que se fomentan los sentimientos primarios del individuo frente a las ideas, razones y argumentos de un preexistente y persistente proyecto universal en común, que es el que justifica la existencia de las verdaderas naciones que como tales se han formado en el tiempo. Por eso quien lo utiliza y enarbola es un irracional. Nada más hay que escuchar a unos de estos tipos que lo protagoniza para comprobarlo. Para remate, el nacionalismo usa indecentemente la democracia como un mazo para destruir las leyes que se han elaborado en nombre de ésta y después se niega a cumplir. El nacionalismo no es que sea el hijo díscolo de la nación, es un hijo tonto y esquizofrénico que le ha nacido ya en la vejez. El nacionalismo y los nacionalistas, en definitiva, son “per se” y en esencia antidemocráticos por más que se les hinchen los carrillos alardeando de demócratas.

    

Si todo es así. Si esta nación es un Estado de Derecho, teóricamente, porque ésa es otra viendo lo paticojas que están las tres extremidades inferiores que deben sostenerlo para ser cierto, Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial, ¿por qué no aplicar en momentos tan ineludibles como los actuales, alguno al menos de esos instrumentos con los que cortar la cabeza al monstruo? Sí, descabezarlo. Hecho esto el cuerpo de la fiera queda inerte. Quiero preguntar, y se comprobará fácilmente y en el acto, ¿por qué no meter en la cárcel a los Puigdemont, Forcadell, Junqueras, etc., como está ordenado en la Leyes, por sediciosos, golpistas y traidores a la nación de la que encima cobran sus sueldos como funcionarios del Estado Central al que representan en su Autonomía? Todos esos alcaldes separatistas, unos setecientos, a los que se quiere enjuiciar, andándose por las ramas, saldrían corriendo como alma que lleva el diablo y sin pértiga ni nada saltarían los Pirineos. Los golpistas catalanes de 1934 salieron por las alcantarillas a la vista de los cañones que el general Batet puso frente a la Generalidad. Lo ordenó el gobierno de la II República, que entonces estuvo a la altura.

    

Hablemos para terminar, de uno solo de esos instrumentos que ha tomado ya más fama en el mundo que la Constitución de los EEUU de tanto alegarlo. El artículo 155 de nuestra Constitución. El pobre, sin culpa, está quedando como un matón que amenaza pero no da. “Qué te doy, leche, decía el otro”. El tal artículo viene a decir que llegadas situaciones extremas como las de Cataluña hoy, en la que sus autoridades autonómicas no cumplan las leyes, el Gobierno, con la mayoría absoluta del Senado, éste la tiene, después de apercibir al Presidente de la Autonomía si éste  siguiera pasándose  sus obligaciones como tal representante del Estado por su personal arco del triunfo, el Gobierno podrá quitarlo de en medio con un papirotazo. He traducido todo el relato legal al lenguaje de la calle para ver si el pueblo español lo entiende también de una vez y nos lanzamos todos a las rúas para defender la unidad de España que, además de pertenecer a la Historia de ésta, es también propiedad de sus ciudadanos. Salvo que los españoles en un rapto de locura prefiramos el abismo y el caos a la unidad de todos, que nos garantiza lo contrario.

    

Yo ya tengo la pancarta preparada y dice: “SEÑORES MANDATARIOS ACTUALES DE ESPAÑA, HABÉIS JURADO CUMPLIR LAS LEYES Y HACERLAS CUMPLIR. SI NO LO HACÉIS ASÍ, EL PUEBLO ESPAÑOL OS LO DEMANDARÁ. O  ¿QUERÉIS SEGUIR  LA SUERTE DE LOS SEDICIOSOS Y TRAIDORES?”

 

    

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2 Comentarios
Fecha: Lunes, 25 de septiembre de 2017 a las 14:55
Joseba Arregui
Certero en los dardos el autor. Creo que de todos los epitetos que dedica a nuestros políticos hay un poco. Hay cobardia (mucha), hay ineptitud (también), hay tradición ( por arrobas ), tradición masona, pero también hay estulticia e ignorancia. Esta última no es culpa de los españoles. Es ignorancia calculada por un sistema educativo paupérrimo, pero es el coste de entregar desde hace 30 la educación de los españoles más jóvenes a nacionalistas y comunistas que tienen un denominador común : su odio a España. Y que tengamos todavía que escuchar el mantra de que es la generación mejor preparada de la Historia.... En fin.
Y tiene razón también D. Pedro cuando alude a los instrumentos legales de los que dispone el Estado. Haberlos haylos, pero hay para aplicarlos.? En España hay leyes para regular absolutamente todo, pero se aplican? Pues depende... depende del gobierno que las promulgara. Si son leyes de gobiernos socialistas, no hay problema ( memoria histórica, anti tabaco, etc ) se aplican porque son de interés general y todo eso. Pero si son leyes del PP? Ya se sabe, la superioridad moral de la izquierda y toda esa patraña que la derecha acomplejada tan bien asume.
Fecha: Sábado, 23 de septiembre de 2017 a las 17:03
NUÑO DE CASTRO
Compato pancarta.

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