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Ernesto Ladrón de Guevara
Sábado, 23 de septiembre de 2017

El huevo de la serpiente

Guardar en Mis Noticias.

[Img #5423]

 

Son múltiples los artículos que he venido escribiendo desde hace décadas sobre la iniquidad de usar a los niños como carne de cañón para fines políticos.


Recuerdo las imágenes de padres abertzales incitando a sus pupilos a insultarme a gritos bajo la ventana de mi casa, cuando fui Delegado Territorial (provincial) de Educación de Alava, dependiente del Gobierno Vasco en los años ochenta, con el consejero socialista José Ramón Rekalde.


Yo me negaba a seguir la política anterior, nacionalista, de ikastolización del sistema educativo vasco, y, por el contrario, aplicaba con rigor el marco jurídico al que me debía.  Pero eso, al parecer, gustaba muy poco a nacionalistas de todo pelo, sobre todo a las ikastolas. Mucho menos gustaba a los batasunos que pululaban por doquier.

 

Esa utilización de los niños siempre me ha repugnado, pues altera profundamente el respeto a esa individualidad y al proceso de crecimiento en libertad, sin interferencias ideológicas, al que tienen derecho.


La educación no instrumentalizada para fines políticos no gusta ni a la izquierda ni a los nacionalistas. Ha sido factor clave para sus fines de alienación de los individuos, que supone el adoctrinamiento, la eliminación de la libre determinación de las personas, y, en consecuencia, la anulación de su esencia de ser.


Otra cosa muy diferente es la formación en valores que puede ser por ósmosis, emulación o aprendizaje vicario; es decir la transmisión de las tradiciones culturales con su axiología, siempre respetuosa con el encuadre cultural, que tiene su fundamento en los pilares de la sociedad occidental.


Durante todos estos años he versado sobre el adoctrinamiento nacionalista con profusión.
    

Mi primer libro al respecto se subtitulaba “Historia de un modelo”, porque lo que hacen los nacionalistas actuales ya lo inventaron otros, los del régimen autoritario, surgido a partir del 39. Recuerdo muchas cosas, pero lo más gráfico era la formación que hacíamos los escolares, con el brazo extendido, cantando el “Cara al sol” antes de entrar en la escuela.  Pues bien, los nacionalistas han mejorado el método.


Yo no viví que se nos llevara a expresiones colectivas de aclamación al Régimen, y, sin embargo, compruebo que los de ahora sacan a sus pupilos a las manifestaciones nacionalistas, les invitan a fabricar carteles apologetas de la sedición, etc. Lo estamos viendo estos días en Cataluña. Y nadie hace nada para impedirlo.


Yo no soy jurista, pero a mi, que he sido funcionario durante 40 años, me parece que cuando se cierra un centro “educativo” por iniciativa del profesorado y se invita a los alumnos a que vayan a unas manifestaciones a favor de la sedición, son cómplices necesarios del delito, y se incurre en incitación, bordeando el delito de rebelión. Y, además, y esto es lo más grave, se utiliza a menores en el intento; es decir, se instrumentaliza a alumnos en proceso de formación y que no tienen madurez ni capacidad para tomar decisiones sopesadas y conscientes de esta naturaleza. Y se les lleva casi de la mano a tumultos que tienen un alto grado de peligrosidad.


Uno acaba pensando que se utiliza a esos niños como escudos humanos, lo cual sería, de confirmarse, el colmo de la iniquidad. Lo más grave aún es que sus padres lo consientan incumpliendo sus deberes de progenitores.


Considero que los directores de los centros escolares que han provocado por acción u omisión esta situación han de ser procesados desde el plano penal, y desde luego desde el administrativo como mínimo, pues todo esto no puede ser admitido.


Todo este sinsentido es el culmen de un proceso que todos conocíamos de adoctrinamiento sistemático y organizado, consciente, por parte de las administraciones catalanas, organizado con la pasividad de los responsables de los sucesivos gobiernos de España que han anquilosado a la Alta Inspección del Estado. Y esto también es muy grave.

 

Porque las declaraciones internacionales sobre los derechos del niño establecen el principio inviolable e insoslayable por el que todos los gobiernos deben vigilar la protección del “superior interés del niño". Eso en España hace décadas que se está incumpliendo. Y es una obligación denunciarlo allí donde consigamos llegar con nuestra voz.

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 23 de septiembre de 2017 a las 19:50
Merserma
Desde luego que sí, qué sinvergonzonería, tratar así a los niños, adoctrinándoles de esa manera.... me han pasado un video donde el "maestro" y sus alumnos escenifican una historia donde el enemigo somos los españoles y hay que acabar con nosotros, niños entre 6 - 7 años, qué horror, alimentar el sentimiento de odio, luego dirán que esto es democracia.

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