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Gregorio Zurdo
Martes, 26 de septiembre de 2017

Lo que predijo Pío Moa se va cumpliendo

Guardar en Mis Noticias.

Actualmente los españoles estamos viviendo momentos muy difíciles.  Quizás por culpa de los redactores de nuestra Constitución en dejar  cabos sueltos y difíciles de interpretar, algunos de suma importancia.

 

Después de haber leído bastante a varios articulistas e historiadores sobre este tema,  hay uno al que conocí  cuando éramos jóvenes allá en Vigo, en un bar que estaba situado en una travesía de la calle que conduce al monte de la Guía.  Este historiador publicó un artículo hace más de 10 años y deseo que ustedes lo lean y reflexionen. He comprado la mayoría de sus libros y por supuesto los he leído. Esta persona que antaño era lo que se podía decir de extrema izquierda. Dejó su pensamiento de esa radicalidad cuando realizó un viaje a Rumania, y comprobar por sí mismo la mentira de la ideología del comunismo más extremo. Soy un entusiasta lector de sus libros y creo que los tengo todos. Esta persona es Pio Moa.

 

Pio, viene prediciendo lo que ahora nos encontramos cuando nos levantamos y cuando nos acostamos. Culpa a este nacionalismo tan extremo como puede ser la extrema izquierda en desarticular y fraccionar a una de las naciones más antiguas del mundo. Y, es por ello, que les reproduzco su artículo para que se haga reflexión como los nacionalismos se aprovechan de los gobernantes de su flojera en la toma de  sus decisiones para continuar con sus prebendas e intereses personales; véase lo dicho por de Guindos ofreciendo lo que no puede cumplir a no ser a costa de las restantes comunidades, o lo dicho por Catalá, y para rematar estas barbaridades de idioteces que dicen nuestros representantes como la Vicepresidenta con sus declaraciones:  ¿Hasta cuándo va a seguir Puigdemont abusando y tensionando al pueblo de Cataluña? Le acusa un clima de acoso masivo. Luego ella, sin darse ni puñetera idea, está reconociendo que este sujeto ha incumplido con los catalanes honorables y desde luego con la Constitución Española.  Pero lo más grave del problema es quien tiene responsabilidades ante todos los españoles como la señora Soraya, faltan a sus  juramentos y compromisos con la nación  Española; incluso son peores que Puigdemont. Piensen que, cuando estas gentes se reúnen para hablar  no es para solucionar problemas, sino para cometer fechorías, si no, al tiempo.

 

Los nacionalismos han actuado cuando el estado ha estado en manos de personas irresponsable, véase la guerra de sucesión (Carlista), la crisis del 98 y para rematar la venida del frente popular en los años 30. Pues la situación hoy en día es peor que entonces, aunque no lo parezca y no se crea.

 

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN (Pio Moa)

 

Existen tres aspectos positivos en ella: declara la unidad de la nación española y las libertades políticas y es la primera en nuestra historia elaborada por amplio consenso.

 

Hay dos líneas básicas en cualquier programa Político que aspire a hacer frente a los retos que la historia plantea a España: la garantía de la unidad nacional mediante un estado viable y la regeneración democrática. Estos son los dos problemas mayores que afronta la sociedad española, que antes o después exigirán una reforma de la Constitución. Sin embargo, la tendencia de los partidos principales, tanto de izquierda como de derecha, es precisamente a profundizar  en una tendencia balcanizadora y antidemocrática que ya apareció al principio de la transición como un gusano que a estas alturas se está comiendo toda la manzana.

 

Importa recordar cómo se gestó nuestra defectuosa Constitución. Sus siete padres la elaboraron sólo en parte. La primera discrepancia sobre si hacer un documento sencillo y básico, al estilo useño, como querían Fraga o Herrero de Miñón, o bien uno largo y burocrático, con pretensión de reglamentar demasiadas cosas, se decantó por la segunda opción, bajo la influencia principal de Peces-Barba. Luego, la pugna giró sobre la admisión del término nacionalidades y la amplitud y carácter de las autonomías. Entre los tres miembros de la UCD y el de AP tenían mayoría en la ponencia, por lo que no debieran haber prosperado ni el peligroso término nacionalidades ni la posibilidad de vaciamiento progresivo de las competencias del Estado central. Pero los otros tres ponentes, comunista, socialista y nacionalista catalán, ejercieron una presión próxima al chantaje, y el ucedista Herrero de Miñón los apoyó, con lo que consiguieron imponer sus puntos de vista. Suárez, además, deseoso de difuminar su pasado en el Movimiento, procuraba evitar cualquier asociación pública con AP, a fin de cargar a ésta con el sambenito de franquista.

 

Al pasar la ponencia a una comisión de las Cortes para su examen y correcciones, el proceso empeoró. En realidad los acuerdos no fueron tomados por la comisión, "con luz y taquígrafos", sino en encuentros gastronómicos entre Abril Martorell, por parte de UCD, y Alfonso Guerra, por parte del PSOE, y luego refrendados por los diputados gracias a la disciplina de partido. La idea fue de Suárez, cuyas convicciones y estilos democráticos dejaban mucho que desear. Guerra calificó a Abril como un "patán" en asuntos jurídicos, probablemente con razón; sin embargo, la idea más clara de Guerra en tales asuntos consistía en la conveniencia de liquidar a Montesquieu, es decir, la separación de poderes. Estos manejos encontraron la resistencia de un indignado Fraga y su grupo (AP), que llegado un momento abandonaron la comisión en protesta. Volvieron bajo condición de cese de la comisión culinaria Guerra Abril y la discusión abierta en las Cortes. Pero, observará Fraga, el método apenas cambiaría. Torcuato Fernández Miranda, diseñador de la reforma democrática, rehusó aprobar el término nacionalidades  y el famoso Título VIII (sobre las autonomías) y, tras una acre discusión, abandonó la UCD.

 

Las incoherencias de la Constitución hacen que todos los Gobiernos desde entonces puedan considerarse inconstitucionales, pues ninguno ha garantizado -por ejemplo- el supuesto derecho a un trabajo bien retribuido ni a una vivienda digna para todos los españoles.

 

Con todo, existen tres aspectos positivos en la Constitución: declara la unidad de la nación española y las libertades políticas y es la primera en nuestra historia elaborada por amplio consenso. Por estas razones debe plantearse su reforma en profundidad, no su a bolición, que volvería a introducirnos en la dinámica de las constituciones de partido. Pero los partidos, precisamente, parecen los menos interesados en la reforma. La solución pasa por la creación de opinión pública al respecto. Porque lo absolutamente inaceptable es el actual proceso que conduce a la balcanización del país y a la involución democrática.

 

Solamente me queda hacer una reflexión: ESPAÑA ES LA BASE DE LA CONSTITUCIÓN, NO LA CONSTITUCIÓN LA BASE DE ESPAÑA. Muy importante.

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2 Comentarios
Fecha: Martes, 26 de septiembre de 2017 a las 12:13
Tiberio
Magnifico
Fecha: Martes, 26 de septiembre de 2017 a las 09:28
azote
Un artículo un poco enrevesado. Cuesta seguirlo. Que el estado de las autonomías fue un grave error los estamos comprobando y que no todos los españoles jugamos con la misma cartas también.

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