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Carlos León Roch
Martes, 3 de octubre de 2017

48 horas: de la ilusión a la zozobra

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Solo hace 48 horas, el sábado, en las calles de Cartagena y en otras muchas ciudades,  miles de españoles manifestaron simplemente que lo eran. Y  enarbolaban una sola bandera, roja y gualda (como me enseñaron a mí), rojo y amarillo como han enseñado a la mayoría de esos españoles. Y escuchamos, enardecidos, las vibrantes palabras de un exultante Josele Sánchez, el director de la Tribuna de Cartagena, convocante, junto a la Fundación DAES de esas concentraciones. Oír, tras décadas de pudoroso silencio, de tímida resignación, las "consignas de siempre" que en esta hora no son otras que la proclamación de nuestro amor a España; de la exigencia de Unidad frente a la dispersión y frente a la desigualdad; de la emoción cutánea, respetuosa y espiritual ante el emotivo y silencioso himno.  

 

Exultantes, con nuestras banderas a hombro, con nuestro acelerado corazón, regresamos a casa...pero ¡poco dura la alegría en esta España de Rajoy!

 

Y este domingo, que Dios instauró para la oración, para el sosiego, para el descanso y para el amor, se tornó en un día de oprobio, de vergüenza y de  frustración. De frustración especialmente sentida en los cuerpos y en las almas de nuestros guardias civiles y de nuestros miembros de la  Policía Nacional, constreñidos en sus atribuciones ante los fragantes  delitos que unas masas desestructuradas tras casi cuarenta años de adoctrinamiento hispanofóbico cometían ante su disciplinada y obligada pasividad.

 

Mal que bien, más de dos millones  de catalanes votaron algo que, en todos caso, sólo podíamos votar  todos los españoles. Entretanto, un gobierno inane  afirma –sin rubor- que no ha habido referéndum, ¡que lo han impedido!

 

El sábado intuíamos que el pueblo español aún mantenía el rescoldo de sus viejas virtudes, adormecidas por décadas de "pasotismo", de "pan y circo".

 

Hoy, un lunes gris en nuestros corazones, nos produce la zozobra de lo impensable. Hoy  nos aterra formar parte de unas desgraciadas generaciones que, tras haberse librado de graves enfrentamientos, como los que sufrieron nuestros padres y abuelos, pueden pasar a la historia por haber liquidado, con su pasividad, 500 años de convivencia; de creación; de éxitos y fracasos compartidos. De haber liquido algo aún peor que ese pasado común: un proyecto, también común, para otros 500años.

 

Aún nos queda la esperanza de un renacido alcalde de Móstoles, de un gran pueblo desperezándose....

 

Viva España.

 

Arriba España.

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