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Honorio Feito
Sábado, 7 de octubre de 2017

La mentira y sus consecuencias

Guardar en Mis Noticias.

Voy a escribir sobre el discurso del Rey, pero antes permítanme: Aplacados los efectos del domingo 1º de octubre; puesto sobre el tapete el análisis de los acontecimientos; vistas las mentiras sobre las agresiones, las cargas policiales, los cientos de heridos, golpeados, agredidos sexualmente y mancillados en su honor de ciudadanos libres, todo ello con gran efecto mediático y político que ha sabido llegar a todos los rincones, desolar los ánimos de los más optimistas, incluso de algún picatoste extranjero de la Unión Europea, se ha demostrado la gran mentira. Una gran mentira que es fruto de la capacidad –eso no se puede negar- de la izquierda radical, representada por los partidos de Podemos y sus afines y la ERC y similares, para difundirla y hacer dudar, como digo, a los más tibios. Pero la mentira de los radicales y de los independentistas (a estos les ha sobrepasado la gestión de los primeros), ha ido dando paso a otros videos, a otras pruebas, a irrefutables evidencias hasta constatar que de los 900 agredidos, dato de que presumieron los líderes de esta locura, con Ada Colau a la cabeza, solo tres personas permanecían ingresadas en los hospitales el lunes siguiente. Y los videos han comenzado a correr por las redes sociales, y las fotografías, pero esta vez para desmentir tanta falacia, para desurdir la campaña mediática que habían puesto en marcha antes, incluso, de celebrarse el espectáculo dominguero del 1º de octubre.

 

La farsa había convocado, en diversas ciudades españolas la misma tarde del domingo, a varios cientos de ciudadanos que, sensibilizados por la campaña felona, pensaron que la actuación policial había sido desproporcionada; ciudadanos a los que nadie advirtió de la manipulación de que estaban siendo objeto, y que hicieron el juego a esa izquierda mentirosa, manipuladora y carroñera, para la que la verdad o la mentira es como un espejo cóncavo o convexo, que verá la realidad según por qué lado lo mires.

 

Cuando, durante la jornada del lunes, el mismo vehículo que usaron los manipuladores se encargó de revertir los efectos causados por ellos, al difundir los videos con manifestaciones de apoyo a la Guardia Civil y a la Policía, y la mentira de Marta Torrecillas, la concejal de ERC (que a estas horas debería estar inhabilitada para su cargo), cuyas manos aparecían intactas, sin dedos rotos y sin lesiones, la campaña entraba en su segunda fase: expulsar a los guardias y a los policías de los hoteles donde se hospedaban, para escarnio, ofensa, ultraje y humillación al Estado español. El golpe de Estado se estaba consumando, mientras Pablo Iglesias, tan presto siempre al diálogo, callaba. El elemento anarquista y el izquierdista radical habían suplantado ya a los independentistas, y como ejemplo, la huelga general de ese mismo lunes.

 

El descrédito para el Gobierno que preside Mariano Rajoy, y para el Partido Popular, pesará como una losa en el futuro próximo como el desgarro social en Cataluña marcará (¡ojalá me equivoque en esto último!), una época. Parece que Rajoy necesita el consenso de Pedro Sánchez para dar el paso y aplicar el artículo 155 de la Constitución. Esto sería un fracaso para el Estado de las Autonomías. Porque significa admitir que la ruptura está a un paso, y que esta situación no debería haber llegado tan lejos. Después de cuatro décadas bajo la Constitución de 1978, verse en la obligación de aplicar este artículo evidencia la fragilidad del sistema, que ha gastado millones de pesetas, primero, y de euros después, para saciar el hambre de los mandarines autonómicos. Tal vez sea por eso por lo que Rajoy busca un consenso amplio (nunca contará con los comunistas), a la hora de dar ese paso y admitir que ya no quedaba otra solución.

 

Ahora, voy a escribir sobre el discurso del Rey. A media tarde del lunes día 2, se nos anunció que el Rey Felipe VI hablaría a la nación. No tenía puestas muchas esperanzas en su discurso, porque su papel es puramente testimonial en esta democracia, aunque no dejo de reconocer que su opinión, no siempre acertada, tiene un alcance moral para los españoles. A mi juicio, el Rey tenía dos discursos: uno efímero, vacío de contenido, impostado, invocando a la unidad, a la necesidad de entenderse etc., y otro, fuera del guion partitocrático, con el que acusar a los responsables de haber cometido delitos muy graves contra los españoles, contra el sistema, poniendo en quiebra la convivencia de todos y alterando el normal funcionamiento del Estado. Y éste fue el que hizo. Felipe VI, con su intervención, se mostró alejado de los intereses partidistas, y fue directo a los responsables del ridículo que estamos viviendo desde hace tiempo. Alejado de la nefasta prudencia de Rajoy; de la invocación dubitativa del PSOE, que había pedido diálogo a través de su portavoz en el Congreso; de las posiciones de Pablo Iglesias, colaborador de los que sembraron la mentira y y la calumnia… y sólo en coincidencia con Ciudadanos.

 

Yo había escrito en mi anterior artículo, que el Rey, al que había echado de menos en alguna de las manifestaciones del sábado 30, parecía secuestrado por la partitocracia. El discurso de Felipe VI apuntó directamente a los responsables de esta movida, y marcaba el camino a seguir para el Presidente del Gobierno. No soy un entusiasta monárquico, pero reconozco que esta vez su discurso era el que los españoles necesitaban. Felipe VI se ha posicionado, es de esperar que el Presidente del Gobierno actúe sin más contemplaciones, y la oposición, que explique a la sociedad española a qué se dedica.

 

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