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Sergio Pérez-Campos
Lunes, 9 de octubre de 2017

Disculpas pendientes

Guardar en Mis Noticias.

 

He pasado los últimos dieciocho días muy lejos de España, moviéndome entre la preocupación, el estupor, y la indignación por los repugnantes acontecimientos en Cataluña, y la no menos repugnante pasividad de quienes nos gobiernan. Incluso siendo ciudadano de un país tan surrealista como el nuestro, me costaba creer que se pudiera enviar a miles de policías y guardias civiles a una encerrona tan alevosa y premeditada, con la única consigna de no actuar, en un tancredismo que ya ha alcanzado tintes delictivos.

 

Videos y más videos en los que veo lo que nunca hubiera podido imaginar, guardias civiles y policías nacionales huyendo de turbas envenenadas de odio, masas violentas -¿de dónde sacan el cinismo para hablar de rebelión pacífica?-, con una inquina que aflora tras años de concienzudo adoctrinamiento pagado por todos y consentido por gobiernos infames. Y por la otra parte, falsificaciones para mostrar una brutalidad que no se ha producido en ni un solo caso verificable. Ni uno.

 

Pese a todo, leo con estupor que un miembro del gobierno y un delegado del mismo se dan mucha diligencia en pedir disculpas por la actuación policial. Y me quedo preguntándome qué actuación, la de una policía a la que mandásteis al matadero con las manos atadas.

 

Y es entonces cuando se me ocurre preguntarme por qué no ha pedido el gobierno disculpas a los ciudadanos españoles por tantas y tantas afrentas.

 

Disculpas por haber perpetuado la corrupción, pese a que tengan el cinismo de repetir cansinamente que han tomado tropecientas medidas, que sólo ellos ven, en sus delirios de casta.

 

Disculpas por haber seguido hojas de ruta que consumaban la gran traición a las víctimas del terrorismo y la claudicación absoluta, en eso que ellos llaman “paz”, y que sólo pueden tragarse los más ingenuos y los más indocumentados.

 

Disculpas por haber seguido atracando sistemáticamente a la clase media trabajadora para mantener sus privilegios y a toda una legión de apesebrados parásitos que casi conforman una nueva clase social en nuestro país.

 

Disculpas por haber traicionado a su gran mayoría de votantes cristianos manteniendo el aborto en términos que suponen la inexistencia de barrera alguna para su práctica.

 

Disculpas por su infame ley LGTB en la Comunidad de Madrid, de corte manifiestamente totalitario e igualmente contraria al perfil ideológico de sus votantes.

 

Disculpas por haber alentado los separatismos a base de hacerles concesiones.

 

Disculpas por mentir sistemáticamente.

 

Disculpas por aburrirnos, por hastiarnos, por irritarnos, por ponernos la sangre a mil sólo con verles sus expresiones satisfechas escuchando sus propias fanfarrias.

 

Disculpas por tantas cosas.

 

Tenían ustedes cientos de motivos para pedir disculpas a los españoles. Y nunca lo han hecho.

 

Lejos de eso, las primeras disculpas en su dilatada carrera como sanguijuelas de la política, las piden ustedes a los traidores, a los sediciosos, a los violentos que nos insultaron y nos agredieron al romper nuestras enseñas, al apedrear a nuestros cuerpos de seguridad. A esa chusma, a esa masa envilecida por unos dirigentes sin escrúpulos a quienes ustedes no tienen cojones a poner en su sitio, que no es otro que una prisión, en lugar de encarcelar a patriotas por dar empujoncitos a sediciosos cobardes.

 

Temo que nos quede más por ver. Parece que la dignidad de este gobierno siempre puede hundirse un palmito más en el lodo.

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