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Pedro Conde
Miércoles, 11 de octubre de 2017

El Golpe, de Estado

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Si no fuera tan grave la situación tanto para España como para nuestra Cataluña, empezaría con un sarcasmo: ¿quién se llevará de todos el golpe más grande en el torpe melón que tiene por cabeza?

 

Aquí y ahora, perdemos todos si esos descerebrados, tales villanos separatistas, van a llevar adelante su proyecto canalla y descuartizador de la nación española. Una cosa es que unos pierdan más que otros, como debe ser que los traidores a Cataluña y a España paguen el tributo penal que sea, no importa ya la especie, porque ellos lo han provocado; y otra, que haya una sola víctima inocente por un proceso independentista sin pies ni cabeza, sin una sola razón, dígase bien alto; aunque sí con mucho dinero sucio y  muy malas artes de por medio.

 

Contra el viento de la Historia, contra la gran marea de Hispanidad en las calles de Barcelona de este domingo pasado, los arrebatacapas y saqueadores de la Hacienda Pública española, mentecatos, timadores y mangantes de oficio, salteadores de la política, que no políticos, están dispuestos a romper esta milenaria nación.

 

Sabido y conocido todo esto, la pregunta es cómo se ha podido arribar a esta situación de caos en un sedicente Estado de Derecho moderno. Las respuestas no sabemos si son muchas, a lo que sí hemos llegado muchos españoles es a la conclusión de que algunas son muy concretas y de hondo calado negativo para los responsables políticos de ese pretendido Estado de Derecho. Y no de hoy sino desde los inicios de esta Democracia con su tan cacareada, incluso internacionalmente, Transición.

 

Qué duda cabe que el primer responsable es el actor, el delincuente que comete el acto delictivo. Sin embargo, hay delitos, como pueden ser los del ámbito de la política, a los que se suman actores conniventes, con una altísima responsabilidad, tal es el caso de pretender separar Cataluña de España, en el que por acción u omisión han abundado coprotagonistas y cooperantes para que el delictivo hecho haya tomado tal magnitud, tanto que ahora se vea la solución como casi imposible, aunque no sea así. Repasar, como ya lo hemos hecho en otros momentos y escritos, y habrá que seguir haciéndolo como enseñanzas y aprendizaje de la Historia, las acciones de los políticos desde la citada Transición, que ahora pueden calificarse sin duda como delictuales, sería un poco largo para encajonarlos en este artículo. Me ceñiré, pues, al período que va desde la derrota electoral de uno de los políticos más torpes, atravesados, nefastos y bobos que haya alumbrado la ciencia política española, José Luis Rodríguez Zapatero; me ceñiré, digo, al que abarca las legislaturas del ganador, Mariano Rajoy Brey, a quien se conoce ya como “El Rajao”,  hoy Presidente del Gobierno de España. Nada más y nada menos que unos once millones de españoles, creo, lo votaron para que arreglara los muchos entuertos y desastres que dejó el citado ZETAPÉ, conocido también como el “ZAPATIESTAS”.

 

Quizá pudiera parangonarse con la célebre frase cervantina, “la más alta ocasión que vieran los siglos”, esta ocasión que ha tenido el actual Presidente del Gobierno para enderezar la tortuosa y fatal deriva que el rumbo de España como nación tomó con ese Preámbulo de la Constitución en el que, como un Caballo de Troya, los taimados separatistas introdujeron de matute un concepto sin existencia real en el ser político de España, nación siempre única desde su creación. Este Jefe de Gobierno pudo y debió restituir, después de treinta y tantos años de Autonomías que han derivado en taifas, las competencias a las que un Estado que se tenga por tal no puede renunciar nunca en su posesión y ejercicio: seguridad nacional, educación, sanidad, etc. Empieza a ser ya un clamor general de la ciudadanía la revisión y reversión de tales competencias de los gobiernos autonómicos al Estado Central. Sus costes, desde los económicos a los políticos, con la desnaturalización de España como nación, son tan altos, imprudentes y temerarios que han dado ocasión a estos extremos cercanos ya a otro conflicto civil de los que nuestra nación tiene trágicas experiencias.

 

Por esas esas fatales circunstancias  e insensatas actitudes de la clase política en esta democracia se ha llegado a una situación que parecía impensable a mitad del período democrático de estos cuarenta años: la aplicación de artículos extremos de la Constitución y del Código Penal que contienen penas muy graves para los sediciosos y sus colaboradores.

 

Este pasado martes, 10 de octubre de 2017, en el Parlamento de Cataluña se ha declarado la independencia de esta región, para seguidamente aplazarla, para seguidamente y en minoría y en ausencia de los representantes de otros partidos, firmar los más radicales independentistas con el Presidente al frente, un tal “Puch Mamón”, un documento en el que además de volver a ratificarse en esa independencia, piden a los gobiernos de otras naciones del mundo el reconocimiento de Cataluña como nueva nación soberana. Y ¡esto es muy grave!, porque siempre ha habido en la historia universal naciones que no han querido bien a España. Recordemos la Leyenda Negra. Ahora serían predominantes los intereses geoestratégicos que dividen a los bloques de naciones actuales.

 

Busquemos una vez más responsables. Todo el mundo sabe que los actuales dirigentes del proceso separatista catalán deberían haber sido encarcelados por los varios delitos ya cometidos. Nos hubiéramos ahorrado ante el mundo el espectáculo bochornoso que como nación hemos dado con unos gobernantes, sin ejercicio de la autoridad ni atributos posibles, al frente de ella. No se ha hecho y está a punto de cumplirse una vez más lo del inglés: “Tuviste que elegir entre el deshonor y la guerra. Elegiste el deshonor y ahora tienes la guerra”.

 

No vamos a recordar los varios artículos y leyes penales por los que estos malvados, falsos, utilizadores y engañadores de niños, demagogos, insensatos, canallas…separatistas,  deberían estar en las mazmorras. Nos lo han dicho,  descrito y definido catedráticos, especialistas en el tema, etc., por activa y por pasiva, y, además, sabemos leer y lo hemos hecho. No cabe ni una sola duda ya ni para un ciudadano corriente como yo. Pero es que tampoco, aunque no se hable apenas de ello con los que son reiteradamente consentidores, pudiendo haber cortado de raíz hace tiempo tales delitos y tales delincuentes. ¿Qué dice al respecto el artículo 408 del Código Penal?: “La autoridad o funcionario  que, faltando a la obligación de su cargo dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables, incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años”.

 

Y ¿si además, y no somos los únicos que los sospechamos, la puesta en escena de ayer en el Parlamento catalán fuera un comedia pactada de tú declaras la independencia, luego las paras por un rato, unos días o meses, y nosotros a cambio os damos más dinero y competencias; pero no dejamos caer ni ponemos en riesgo este pesebre y estaribel de las Autonomías del que vivimos partidos y partidarios?

 

Si así fuera, serían muy pocas y cortas las penas de que habla el artículo 408 del Código Penal.

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2 Comentarios
Fecha: Jueves, 12 de octubre de 2017 a las 21:15
NUÑO DE CASTRO
Cuántas dudas, cuánto mar de fondo, cuánta suciedad abisal en la política mundial y cuánta más en la española desde aquel trágico, criminal y muy oscuro 11 de Marzo de 2004, el 11-M para la Historia Negra de España.
Fecha: Jueves, 12 de octubre de 2017 a las 09:09
Joseba Arregui Barrufet
Atinadas palabras las que salen siempre se su pluma.
La claudicación, con engaño del PNV incluido, de los ponentes de la Constitución del 78 ante los nacionalistas con la inclusión del Título VIII y sus referencias a las "nacionalidades" fue el origen de los desmanes que sufrimos 40 años después.
Pero ya consumado el fallo, año tras año se fue ahondando en él con la transferencia de competencias hasta vaciar al Estado de funciones más allá de las ornamentales.
Y por si ésto fuera poco, y aquí remato el centro al área del autor, cuando este café para todos quiebra España y su economía, viene el Manso de la Moncloa a inventarse el FLA. Pedimos todos los españoles dinero prestado al BCE para seguir pagando la fiesta de políticos, familiares y queridas.
Sin embargo, el Manso vuelve a perder , o no, otra ocasión de oro de asfixiar a los sediciosos. En lugar de no transferirles un sólo euro, les recompensa con 70.000 millones en estos 5 últimos años. Cualquier político con visión nacional hubiera aprovechado la ocasión para meter en cintura a esa banda de fenicios. Imagine un escenario en el que sus funcionarios no cobran sus nóminas. Pero no, nuestro Manso no.

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