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Josele Sánchez
Viernes, 20 de octubre de 2017

Cimientos para una república

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Todo el que construye algo, y pretende que sea sólido y perdure, intenta cimentar bien su proyecto, dotarlo de una buena base.

 

Construir una república se ha convertido en la delirante obsesión del separatismo catalán, y uno no puede evitar preguntarse cuáles son los cimientos de esa construcción.

 

Y es que, analizando la realidad catalana, se encuentra uno con aspectos que condenan a ese proyecto al fracaso más absoluto, cuyas consecuencias sufrirán los ciudadanos, y no los sinvergüenzas que lo promueven. Que esos ya tienen las alforjas llenas y a buen recaudo.

 

Como español defensor de nuestra Unidad Nacional, me alegra profundamente la inviabilidad de una empresa de naturaleza esencialmente traidora, y que se estrellará porque se basa en valores como los que quiero resaltar a continuación:

 

  • Las fuerzas independentistas no han disimulado sus vínculos con el ala más criminal del separatismo vasco; las recepciones a terroristas como Otegui sonrojarían a cualquier persona con una mínima dignidad. La excelente sintonía de la CUP con el entorno etarra demuestra que el movimiento catalán, pese a sus lloriqueos y victimismo, es de un carácter marcadamente violento, puesto además en evidencia por las abundantes agresiones a las fuerzas del orden y a los catalanes leales. Es un hecho incuestionable.
  • El despotismo totalitario que muestran en su forma de ejercer el poder, que incluye la persecución del disidente, de lo español, creando incluso aplicaciones informáticas para la denuncia –en una versión moderna del más puro estalinismo-, con medidas represivas que no desdeñaría el propio tirano georgiano. Es un hecho incuestionable.
  • El rodillo informativo, la manipulación y control de los medios de información poniéndolos al servicio de su propaganda sectaria, y su desvergonzada subvención al perro fiel y adulador, así como la aniquilación del disidente. Es un hecho incuestionable.
  • La adulteración total de la Educación, puesta al servicio de la causa, con resultados catastróficos, no sólo por los devastadores efectos de la difusión de sus delirantes fantasías históricas, sino también en el menoscabo del nivel educativo general, que sitúa a Cataluña a la cola de Europa, hecho constatado, no por fachas españolistas, sino por imparciales marcadores europeos. Es un hecho incuestionable.
  • La corrupción sistemática e institucionalizada, y no como hecho excepcional, que hacen de Cataluña la región más corrupta de España, tanto por las astronómicas cifras de lo robado como por la cantidad de lacayos de este régimen imputados, investigados o bajo fundamentada sospecha, y a quienes, sin duda, la independencia otorgaría la ocasión de salir de rositas. Es un hecho incuestionable.
  • La ineficacia en el gobierno. Otro hecho constatado al figurar Cataluña en los últimos lugares entre todas las regiones de Europa en cuanto a estándares de calidad de gobierno. Es un hecho incuestionable.

Resumiendo todos estos hechos objetivos y contrastables, podríamos señalar que los valores sobre los que pretenden construir su república estos personajes son los siguientes:

  • Violencia.
  • Despotismo, totalitarismo.
  • Manipulación, falsedad.

 

No es un consuelo para los españoles de bien, que asistimos impotentes al entreguismo y la traición reinantes, saber que sobre semejantes cimientos, la naciente república de Bananaluña, tendría un futuro más que negro, y que podríamos augurarle una corta y catastrófica vida. Y no lo es, porque muchos buenos catalanes sufrirán las consecuencias de este despropósito. Así como el resto de los españoles, privados de nuestra integridad nacional.

Sin valores, sin base, sin principios,  toda construcción se torna deleznable.

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