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Carlos León Roch
Lunes, 23 de octubre de 2017

Cuatro generaciones de paz

Guardar en Mis Noticias.

Si damos por bueno el concepto de asignar a cada nueva generación 20 años, podemos afirmar que cuatro generaciones de españoles-entre las que tengo el privilegio de encontrarme- hemos vivido o estamos viviendo, disfrutando de la paz, esa maravillosa circunstancias tan olvidada  y tan decisiva en la vida de los pueblos y de las personas.

 

Y es que fue la generación de 1920 (¡casi un siglo ha!) la última que sufrió el terrible drama de la guerra, drama acrecentado por su condición de "civil", de vecindades, de familiares enfrentados dramáticamente.

Militares profesionales, apartidistas, incitados u obligados a "alinearse", generalmente por motivos geográficos; obligados a luchar contra compañeros, amigos o camaradas...A jugarse la vida, la cárcel o el destierro por un simple gesto... Como le ocurrió a mi padre, joven y modesto oficial de la Armada, que "le tocó" el bando republicano: 

En Cartagena, 5 de marzo de 1939, la guerra en sus últimos estertores. La Armada nacional pensaba –erróneamente- que la ciudad ya estaba en sus manos y entraba confiada por la bocana, con las brigadas navarras a bordo... Los certeros disparos de la batería  "La Parajola" hundió al "Castillo de Olite", produciendo más de 1000 muertos, el día con más víctimas (en tierra, mar o aire) de toda la guerra...

 

Aquella mañana tan indecisa, mi padre salía de casa hacia su destino, con su uniforme...y con la terrible duda de ponerse la gorra con el escudo republicano o la que llevaba la corona monárquica. Una decisión  en la que se jugaba la vida, en función a las turbas que se encontrara por la calle... Nunca supe cuál fue su decisión.

Desde entonces, todas las generaciones posteriores hemos podido disfrutar de una paz salpicada de incidencias, de terrorismo, de pequeñas aventuras semicoloniales... Magnificas promociones militares se han ido sucediendo-afortunadamente-  sin tener que hacer uso real de sus armas....  Y ese es un privilegio extraordinario que jamás habían vivido las generaciones previas, combatientes en innumerables conflictos bélicos de toda índole.

Los que hemos tenido ese maravilloso privilegio de la paz, prolongado afortunadamente durante cuatro generaciones y ya alejados cronológicamente del "riesgo de la movilización" contemplamos con honda preocupación el riesgo actual que representa el asalto a la unidad de España, esa suprema razón solidaria.

 

Cientos de miles de personas enfrentadas en las calles -por ahora solo verbalmente-, movidas por aviesos sentimentalismos anacrónicos, podrían obligar a restablecer la "indisoluble unidad de España",  "a toda costa".

 

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