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Honoiro Feito
Sábado, 11 de noviembre de 2017

Con Batman no habría ocurrido

Guardar en Mis Noticias.

 

Desde que se agudizó la llamada crisis catalana – cuya denominación debería ser más bien crisis española, porque es España quien más sufre con esta amenaza de ruptura a través de su economía, de su solvencia frente a los inversores, y de su estabilidad política y control interno- echo de menos al CNI. Echo de menos a esa organización secreta, anónima, selectiva, eficaz, concienciada, entregada y dispuesta a recoger cualquier atisbo que ponga en peligro la unidad de España. ¿Quién no es capaz de sacrificarse por España? Alguien podría sospechar que un espía era lo más parecido a Bond, James Bond, agente 007 (cursiva, por favor), con licencia para matar. Bueno, va, en serio, sin violencia… Incluso nos habría valido uno no precisamente guapo, como Eduardo G. Robinson –ácido con los asuntos de España, aquel hombrecillo con cara de amargado protagonista de tantas películas en blanco y negro- para poner las cosas en su sitio; o un Humphrey Bogart resuelto y fumador incorregible, diestro en manejar delicados e intrincados apuros, y de paso, enamorar a la chica. Pero no ha sido así y lo hemos pagado.

 

Desde que apareció el pequeño Nicolás ya hemos visto que esto de ser espía, en tiempos de Soraya, está al alcance de cualquiera. Con los espías pasa lo mismo que pasaba con los consejos de administración de los Bancos y de las grandes corporaciones. Antes, en las salas de reunión de los consejos de administración, no entraba una cámara ni un fotógrafo más que para ilustrar la memoria anual de la entidad. Y en no pocas ocasiones, incluso, la fotografía registraba una mesa redonda vacía, con blocs y bolígrafos Bic, para que los accionistas no vieran despilfarro alguno. Ahora es todo lo contrario. Todo el mundo pierde el trasero por salir en los papeles y, en cuanto a discreción, ya ven lo que está publicando La Tribuna de Cartagena con el asunto Botín, … se ve que con tanta transparencia hemos ido a peor…

 

Me pregunto para qué sirve tener unos dos mil espías (informadores, si prefieren), en nómina si en los momentos que debería haberse visto su eficacia, los principales portavoces no acertaron ni una: no habrá referéndum -aseguraba Rajoy- y ¡toma referéndum!, ilegal y amañado pero referéndum, como todos hemos podido comprobar al ver esas urnas caer llenas de papeletas. Fue evidente cuando el atentado yihadista de Barcelona, y tras las noticias publicadas acerca de las advertencias de la CIA. Y me pregunté entonces por qué avisaron los de la CIA a los Mozos cuando tenían a sus homólogos del CNI más cerca, profesionalmente hablando, claro. Luego, cuando el proccess se volvió loco y entró en barrena, con aquellas imágenes en el Parlament, en las que la oposición tuvo que, por dignidad, ausentarse y cuando todos pensábamos que en cualquier momento Puigdemont sería detenido en nombre de España, por decirlo de alguna manera, pues ocurrió que no. Los españoles nos tragamos secuencia a secuencia (y además en catalán con traducción simultánea a veces, y otras con subtítulos), el protagonismo de esta pandilla de delincuentes, su pavoneo ante las cámaras, su indolencia ante una sociedad estúpidamente tratada por unos y por otros. Ni un espía cerca del traidor para detenerlo, esposarlo y ponerlo a disposición de la Justicia.

 

Pensé que Rajoy tendría razones para actuar así, aplicando el 155 por entregas; amenazando, que es un gesto, más que golpeando, que es una acción a la que el gerundio hace más contundente. Porque suponemos que Rajoy y Soraya tendrán información que los mortales no manejamos, que sabrán cosas que los demás no sabemos, y que, a través de esta tela de araña que oye, ve y procesa la información, que es lo que son los espías (obreras que trabajan entregadas en su colmena para el bien de la comunidad), disponen de ese bien preciado que es la información, arma letal que desencaja los convencimientos de los segregacionistas y los relega a admitir que sus pretensiones incurren en el delito de sedición.

 

¡Venga ya!, me dice el mozo de espadas…

 

Lo que ahora me pregunto es si tenemos CNI en Cataluña o si el CNI de Cataluña también nos ha dado la espalda. ¿Serán  espías algunos de esos doscientos alcaldes catalanes que han dado la vara en Bruselas, al lado de Puigdemont? ¿Se habrán infiltrado con la maestría que se les supone a los confidentes, en esa maraña de varitas al aire?

 

No me puedo creer que, en todo este tiempo, nadie se haya tomado la molestia de advertir el deterioro democrático de la sociedad catalana; del peligro de las escuelas de aquel lugar para aleccionar a los niños; que nadie advierta de la intoxicación política al sintonizar TV3, canal en el que hasta los anuncios están pensados para hacer posible la hipotética y fantasmal república catalana…nacida de un huevo huero. Porque resulta difícil de creer que con todo lo que ha venido pasando en Cataluña, el Gobierno de Rajoy y su vicepresidenta, Soraya, no tengan informes de quiénes, cuándo y dónde han incurrido en delito contra la unidad de España. Y, de haberlos, me cuesta creer que todo ese trabajo a base de informes, expedientes, notas y demás, no ha servido absolutamente para nada. Ni siquiera un soplón, un delator, un chivato… con Batman no habría ocurrido.

 

 

 

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