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Carlos León Roch
Martes, 14 de noviembre de 2017
De un cofrade californio

"Entre espinas y flores"

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Cuando la ciudad de Cartagena sufrió la devastadora tormenta de 1694, que amenazaba con su destrucción total, la corporación municipal, recogiendo el fervor popular recurrió en suplica a nuestros cuatro Santos: San Isidoro, San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina, los grandes santos de la Diócesis, quienes  escucharon las súplicas y lograron que cesara el terror... Desde entonces, todas las corporaciones municipales, de uno u otro sesgo –con algunas evidentes y sonadas excepciones- han cumplimentado dicho acuerdo  postrándose a los pies de los Santos, año tras año, con la entrega de unas simbólicas sencillas flores.

 

Coincidiendo con esa ancestral ofrenda municipal, Sta. María del Rosell, ¡aún perdura una cierta e ingenua polémica... ¿Rosell o Rosel?! , nuestra ancestral Patrona, es homenajeada y procesionada alrededor de la iglesia de su nombre, en espera "desesperada" de la reconstrucción de la Catedral, única sin recuperar en toda España tras las devastaciones de la Guerra Civil.

 

Si la "multicolor" corporación municipal cumplió a la perfección con su secular compromiso con los Cuatro Santos, simultáneamente, nuestras cofradías pasionales, unidas ante el fervor mariano, "piropearon" a la Virgen, en su advocación de Santa María del Rosell. En esta ocasión le ha correspondido el honor al Hermano Mayor Marrajo, quien con sentida devoción expresó lo que -en recogido silencio- sentíamos los cientos de asistentes. Y lo hizo consciente de que representaba –con justificada dignidad- el tercer cargo de importancia en nuestra trimilenaria y orgullosa ciudad, tras el de alcalde (o alcaldesa) y el de Hermano(a) Mayor del Santo Hospital de Caridad.

 

La  Corporación municipal y el Hermano Mayor Marrajo  (representándonos también a todos los otros cofrades) cumplieron así con una tradición, que ya es un deber. Un hermoso  y  gratificante deber de servir con dedicación, abnegación  y desinterés a la Virgen y a los cartageneros. 

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