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Ernesto Ladrón de Guevara
Miércoles, 15 de noviembre de 2017
EL ADOCTRINAMIENTO COMO SÍNTOMA (ACTO III)

EL PODER DEL LENGUAJE PARA MODELAR EL PENSAMIENTO

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Quien controla los mecanismos ocultos del lenguaje domina el poder de manejar a las comunidades humanas. El filólogo judío Victor Klemperer, víctima de la persecución nazi, describía estos procesos totalitarios de control mental en su obra “La lengua en el III Reich”, de la misma manera que lo insinúa Orwell en su novela “1984”.

 

                Este control puede instrumentarse a través de la deformación del sentido semántico de las palabras, dándoles una connotación negativa o peyorativa. O bien modificando el código ordinario en el que se expresan las personas, haciendo un “lavado cultural” mediante el cambio de los usos naturales en los que se comunican, o pasándoles a otros códigos que de forma artificial transforman los significados a través de la sustitución de los significantes.

 

                Me ha ocurrido uno de estos días. Formé un grupo de wasap con unos amigos de una sociedad en la que participo para darles la posibilidad de adquirir   unas participaciones de lotería de Navidad de “Hablamos Español”, Asociación que pretende mediante el impulso de una Iniciativa Legislativa Popular la defensa de los castellanohablantes sin menoscabo del resto de lenguas de España. Noté la perplejidad y el susto provocado por el uso del término “hispanohablantes”, como si hubiera nombrado al mismo belcebú. Uno de esos amigos se cruzó conmigo hoy y me aclaró que alguien de ese grupo había mostrado su extrañeza por usar el término hispanohablante, en lugar de castellanohablante que para él era más correcto.   Eso me hizo pensar en cómo se ha ido modelando el prisma para ver las cosas corrientes.  Hispano es todo lo que está relacionado con España, y eso es evidente. Y la lengua que usan los españoles parece ser el español en todas partes menos en España. Es como si a un francés se le dice que no habla el francés -valga la redundancia- sino el patois.  Parece evidente que si decimos que un determinado ave es un pato porque emite el  “cua, cua…”  no es un cerdo. Pero si decimos que los españoles hablamos el español parece un sacrilegio cuando así se dice en todo el mundo donde se habla lo que llamamos, de forma desafortunada, “castellano”. Pero de esta manera se ha borrado de la cabeza de las gentes la idea de que habla español porque es de España y no de Inglaterra. 

 

                Esto que escribo parece una tontería, pero no lo es. No somos suficientemente conscientes de cómo se modifica la cosmovisión de cada uno de nosotros por este tipo de manipulaciones de la psicolingüística colectiva.

 

                Pues bien, volviendo al tema que relato, otra persona me preguntó si quien auspiciaba esa lotería era un partido de extrema derecha, como si solamente este sector ideológico fuera el que empleara característicamente el término “hispano” o español. Hasta este grado de ridículo colectivo se ha llegado de manera estúpida.

 

                En esta suerte de reflexiones me encuentro en el Diario de Navarra con la noticia de que el Gobierno navarro se propone ofertar un 40 % de las plazas a cubrir en Secundaria, en Euskera, en la próxima OPE, tras nueve años sin haber habido oposiciones. Hay que tener en cuenta que el alumnado que estudia en euskera en Navarra apenas llega al 25 %, con lo que la inflación de plazas docentes en euskera es más que notoria.  Al mismo tiempo hay numerosas quejas porque repentinamente se ha impedido la continuidad en su trabajo como contratados a 2.500 personas que impartían su docencia, por no tener el máster, previendo, por tanto, su sustitución sin haberse desarrollado en la Universidad Navarra esa formación; y que, además, las listas de oposiciones tienen un carácter único tanto para español como para euskera, con lo que para plazas de español será un mérito no despreciable el conocimiento del vascuence, con tribunales formados por miembros euskaldunes.

 

                Este pequeño “rollo” lo cuento porque esta dinámica me resulta familiar aunque hayan pasado ya varias décadas desde que se aplicó esta política de rodillo en el solar vasco en el que nací y vivo. Se trata, para no enredar más la madeja e ir directamente al grano, de eliminar el “lastre” que no es afín a las políticas nacionalistas o puede estorbar. En su momento en el País Vasco las camadas nacionalistas que fueron amoldando el sistema mal llamado educativo llamaban peyorativamente a quienes no éramos por  no tener el “chip” mental insertado en los centros de euskaldunización, los “N.A.S” (No Asimilados al Sistema). No hace falta desarrollar mucho el argumento. No me extiendo. Ustedes mismos sacarán sus propias conclusiones. Y ese término figuraba en los documentos oficiales. No era algo asignado de manera informal. No. Era una calificación administrativa, algo así como la estrella de David en las deportaciones del régimen alemán de nefasto recuerdo.

 

                Pues bien, mediante la modificación de las plantillas se logra la nacionalización del sistema, lo que unido a la pretensión de extender la oficialidad del euskera a todo el territorio navarro configura el cuadro completo. Esta fase es esencial en las políticas nacionalistas, porque una vez predeterminadas las plantillas docentes de esta manera se importará personal ya adoctrinado por el contexto desde otras zonas colindantes, como es Guipúzcoa, que limita geográficamente con Navarra. Así se iniciaría una colonización como la que se hizo en su día en Alava, modificando radicalmente el sustrato curricular de eso que se llama eufemísticamente el “currículo oculto”. De esa manera se irá modelando la cosmovisión colectiva de la sociedad navarra, tal como comprobamos en su dura realidad en Cataluña hoy, o en otros lugares de nuestra malograda España, para desgracia de nuestro legado colectivo común.

 

                Y luego no nos quejemos.

               

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