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Marcos Larrazábal
Lunes, 20 de noviembre de 2017
Entrevista al presidente de la Fundación José Antonio

A Franco no le convenía salvar a José Antonio

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Noticia clasificada en: Jose Antonio Primo de Rivera

José María García de Tuñón Aza: "José Antonio fue el político más importante del siglo XX"

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Después de 81 años de su asesinato, José Antonio Primo de Rivera, su pensamiento político sigue resultando tremendamente interesante, a nivel intelectual y académico, y se le dedican libros, biografías, estudios, investigaciones, tesis doctorales y no pocos trabajos universitarios (más fuera de España que en su propia patria) ¿A qué cree usted que se debe esa curiosidad intelectual por un personaje fallecido hace tantos años?

 

Para mí, lo he repetido en varias ocasiones, José Antonio fue el político más importante que hubo en el siglo XX. Vd. mismo dice, con razón, que después de 81 años de su asesinato su pensamiento político sigue resultando interesante. Incluso usted añade la palabra “tremendamente”. Es cierto también que no hay político en España que más atención haya merecido por parte de historiadores. A nadie le han publicado y dedicado tantas biografías. Los socialistas, por ejemplo, que hoy tienen dinero y poder, apenas se han ocupado de Indalecio Prieto, Largo Caballero o Julián Besteiro. ¿Por qué?, no lo sé, habría que preguntárselo a ellos. Tal vez sea porque el currículum que saldría no es precisamente de una limpieza presentable. Vd. pregunta a los jóvenes socialistas por estos personajes y estoy seguro que los dos primeros sí les suenan, incluso algo habrán leído de Prieto y algún discurso de Largo, pero desconocen por completo a Besteiro y eso que era el más intelectual de los tres. A éste le han publicado sus ”Obas Completas”, pero, posiblemente, muy pocos socialistas las han leído. En cuanto a los estudios e investigaciones sobre la doctrina del fundador de Falange, es totalmente cierto. No voy a poner ejemplos para no alargarme, pero ya habrá más ocasiones de referirme a este tema. 

 

Muy al contrario de lo que le expresaba en mi primera pregunta, José Antonio sigue siendo el gran desconocido por parte de la mayoría de españoles ¿qué mano oculta impide que los ciudadanos conozcan quién fue y qué pensaba?

 

No, no estoy de acuerdo. A José Antonio lo conocen la mayoría de los españoles que han estudiado un mínimo de nuestra historia. Es cierto que no todos tenemos la misma opinión de él. Ha habido mucha propaganda en su contra que le ha hecho mucho daño, pero no creo que exista ninguna mano oculta que impidiera a los ciudadanos conocerlo mejor. Posiblemente nosotros seamos también culpables de que no se le conozca más y mejor, aunque en repetidas veces me he encontrado con personas de izquierdas que sentían un gran respeto por él. Quizá sea porque la población actual de España ha pasado por la enseñanza que hoy día se imparte, donde la Historia, del tipo que sea, está relegada al olvido. Como decía antes, tampoco tienen idea de quién era Besteiro, Largo Caballero o Prieto, y, como usted mismo sabe, ni siquiera quién fue Franco aunque despotriquen lo indecible de él.

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¿En pleno siglo XXI, con todos los cambios tecnológicos, sociológicos, económicos, ideológicos y geopolíticos que se han producido desde 1936 ¿siguen teniendo alguna vigencia los planteamientos políticos de José Antonio Primo de Rivera?

 

Es muy arriesgado moverse en el campo de lo futurible. Es verdad que hay gente que lo hace y se quedan tan tranquilos. De todas las maneras, diré que José Antonio, que fue un hombre muy inteligente, no se hubiera quedado anclado en 1936. Una vez leí, ahora no recuerdo quién lo escribió, que hoy el fundador de Falange sería del Partido Socialista. No, seguro que no. José Antonio seguiría siendo nacionalsindicalista con una política, como es lógico, adaptada al siglo XXI. Es decir, actual.

 

¿Cuál es la misión de la Fundación José Antonio que usted preside?

 

Intentar, por encima de todo, defender el nombre de José Antonio Primo de Rivera. Darlo a conocer y recordar a las nuevas generaciones muchas cosas que dijo y que siguen siendo actuales. Este es nuestro mayor propósito lo que no sé es si lo estamos consiguiendo. Espero que sí. Consideramos que las alternativas que hoy ofrecen los partidos políticos, ya sean de larga trayectoria o emergentes, no aportan nada novedoso de cara al futuro; pero en lo poco que pudo madurar, José Antonio sí se vislumbran y adivinan nuevos horizontes.

 

Bajo el pretexto de su función de bien público, las fundaciones, en no pocas ocasiones, reciben polémicas subvenciones del estado ¿Con cuánto dinero les financia a ustedes el gobierno?

 

La pregunta me suena hasta rara porque no creo que haya nadie que piense que el gobierno actual, ni los anteriores, ni los que están por llegar, aporten un solo euro a nuestra Fundación. Los recursos que tenemos, que son escasos, vienen de aportaciones de personas unidas, de una forma u otra, a la Fundación. ¡Ya nos gustaría contar con alguna aportación sustanciosa que nos permitiera presentar más ampliamente las alternativas joseantonianas!

 

Con la que tenemos liada en Cataluña, ¿de verdad usted cree que tiene algún sentido seguir reivindicando a José Antonio Primo de Rivera?

 

No creo que tenga nada que ver una cosa con la otra. Más bien todo lo contrario. Si los políticos actuales leyeran todo lo que José Antonio dijo sobre Cataluña, es muy posible que no se hubiera llegado al punto donde, desgraciadamente, estamos. En el año 1997, Jordi Pujol dijo: “uno de los que entendió mejor cómo es Cataluña fue José Antonio Primo de Rivera”.

 

Podía poner el ejemplo de unas palabras que escribió José Antonio el 19 de julio de 1934 en el periódico FE: “Todos los síntomas confirman nuestra tesis. Cataluña autónoma asiste al crecimiento de un separatismo que nadie refrena: El Estado, porque se ha inhibido de la vida catalana en las funciones primordiales: la formación espiritual de las generaciones nuevas, el orden público, la administración de la justicia… y la Generalidad, porque esa tendencia separatista, lejos de repugnarle, le resulta sumamente simpática. Así, el germen destructor de España, de esta unidad de España lograda tan difícilmente, crece a sus anchas. Es como un incendio para cuya voracidad no sólo se ha acumulado combustible sino que se ha trazado a los bomberos una barrera que les impide intervenir. ¿Qué quedará, en muy pocos años, de lo que fue bella arquitectura de España? ¡Y mientras tanto a nosotros, a los que queremos salir por los confines de España gritando estas cosas, denunciando estas cosas, se nos encarcela, se nos cierran los centros, se nos impide la propaganda! Y la insolencia separatista crece. Y el Gobierno busca fórmulas jurídicas. Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición”.

 

Al margen de toda la manipulación ideológica que se realizó sobre su figura durante la dictadura del general Franco, José Antonio es un personaje mucho mejor valorado por los analistas políticos de izquierdas que por los de derechas ¿a qué cree usted que se debe?

 

Sí, eso mismo he pensado siempre. Si hoy preguntáramos por José Antonio a uno de derechas, es muy posible que no sabría qué contestarnos por miedo a que lo tacharan de “fascista”. Esto ocurre con frecuencia. Le voy a poner un ejemplo de una persona que fue jefe nacional del SEU, que vistió la camisa azul y que canto brazo en alto el Cara al Sol. Me estoy refiriendo a Rodolfo Martín Villa que en su libro “Al servicio del Estado”, no cita una sola vez a José Antonio. Es incomprensible ese silencio. Lo escribió en el año 1984 y los tiempos habían cambiado, ahora era un hombre de derechas. En cuanto a la gente de izquierdas ya he respondido el respeto que por José Antonio sienten muchos. También es verdad, que sin conocerlo, otros sólo saben decir de él que era un fascista.

 

Volvemos a la pregunta retórica de siempre pero entienda usted que estoy obligado a hacérsela ¿Qué relación tuvo el general Franco con la muerte de José Antonio Primo de Rivera?

 

Permítame que me alargue en esta pregunta porque creo que el tema merece la pena. En primer lugar, la relación que tuvo Franco con la muerte de José Antonio, es algo que nunca sabremos, pero hay personas muy cualificadas, que han conocido a ambos, y han dado su opinión. Opinión que, por su interés, deseo recoger en esta entrevista.

 

Comienzo con las  palabras que Ramón Serrano Suñer contestó a la periodista Isabel San Sebastián en el diario ABC, el 29 de octubre de 1995, cuando pregunta si Franco pudo haber evitado la muerte de José Antonio: ”Ese es un punto que me produce frío sólo de pensarlo y, como no me gusta hablar sin fundamento y no lo sé, ya que cuando lo fusilaron yo estaba en la cárcel. Creo que la salvación era difícil, pero siempre me he negado a pensar que fuera imposible”.

 

Mercedes Fórmica, que también dedica al tema algunas páginas en sus memorias, “Escucha el silencio”, se refiere a quien fue ministro de Franco, Gamaro del Castillo. Al parecer éste le contó su incorporación a la expedición que salió de Algeciras el 14 de octubre con la intención de salvar a José Antonio. Aquél relata su historia algo diferente a cómo la han hecho otros que dicen haber participado en esa misma misión. Mercedes algo había leído ya y que, ante los extraños y complejos resultados del cometido que llevaban aquellos hombres, escribió: “¿Qué hubiera sucedido con José Antonio si se hubiese salvado? Los intentos realizados para liberarlo de su prisión de Alicante todavía permanecen en la sombra”. Pasando el tiempo, a Mercedes Formica le van llegando nuevas informaciones, y en unas declaraciones que hace a su biógrafa Rosario Ruiz Franco, le dice: “Mi desengaño llegó cuando comprendí que Franco no salvaba a José Antonio porque no quería”.

 

Creo que a Franco no le convenía, desde el punto de vista  político, salvar a José Antonio. Es una opinión que no todos los que lean estas líneas la van a compartir. Sé que hay otras muchas en sentido contrario, pero Vd. ha pedido la mía y la mía es la que es.

 

¿Sería posible hoy en día una alternativa política basada en el pensamiento político de José Antonio pero que prescindiera de toda la parafernalia falangista? ¿Es posible un José Antonio sin Falange?

 

En primer lugar, la parafernalia a la que usted se refiere no fue jamás cosa de José Antonio. Lo que los españoles han visto, bien porque fueron testigos o a través de filmaciones cinematográficos, nada tenían que ver con la auténtica Falange. A José Antonio lo encarcelan el 15 de marzo de 1936 y lo asesinan el 20 de noviembre del mismo año cuando ya había una guerra que él no provocó. El 19 de abril de 1937 se produce el Decreto de Unificación y el entonces jefe de Falange, Manuel Hedilla, es encarcelado y le caen nada menos que dos penas de muerte. Todo lo que vino después, a ver si se van enterando los que aún no conocen la verdad de la historia, es eso, otra historia, otra crónica. Así, pues, claro que hoy sería posible el pensamiento actual de José Antonio, prescindiendo de esa parafernalia.

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En la primera pregunta le hablaba del interés intelectual y académico que suscita José Antonio Primo de Rivera más allá de nuestras fronteras pero ¿no era su pensamiento político estricta y exclusivamente español? ¿Tienen sentido o tendrían validez sus ideas políticas en otros países?

 

Contestar a esta pregunta es volver al mundo de las suposiciones. Es posible que su pensamiento pudiera encajar en el temperamento de otros pueblos. No lo sé, es muy difícil saber esas cosas. Pero sí sabemos que, sobre todo en países hispanos, hay mucha gente que ha tenido y tiene interés por él. No olvidemos, por ejemplo, que en su exilio de Buenos Aires, la escritora vallisoletana Rosa Chacel compró un ejemplar de la Obras Completas de José Antonio, que además leyó de un golpe, dice ella, escribiendo a continuación: “Es increíble. Dos cosas son increíbles; una que todo eso haya podido pasarme inadvertido a mí, en España, y otra que España y el mundo hayan logrado ocultarlo…”.

 

Y mucho más reciente, no quiero dejar de hacerme eco de la carta que también desde Argentina, el cardiólogo y profesor de la universidad, Mario Caponnetto,  escribió a la dirección de la Gaceta, publicación de la Fundación José Antonio Primo de Rivera, y que fue reproducida en su número 301: “Acabo de recibir (y devorar) el número 300 de la Gaceta dedicado a la memoria de José Antonio en este 84 aniversario de la Fundación de Falange que se avecina. Te confieso que, por momentos, se humedecían los ojos al leer tu conmovedor testimonio (sobre todo el relato de tu infancia) y el de los otros colaboradores. Lis y yo te agradecemos muchísimo por habernos invitado a sumarnos a este homenaje y, de este modo, poder aportar dos voces argentinas, bien que modestas pero muy sentidas. Durante buena parte de la tarde estuvimos viendo TVE: las sesiones simultáneas en el Senado Español y en el Parlamento Catalán. Dios mío, qué tristeza al ver tanta frivolidad, tanta retórica vacua, tanta apelación a la democracia y ni la menor mención a la historia y a la misión de España. ¡Qué falta hace hoy una voz como la de José Antonio!, nos decíamos. Bueno, pero al recibir la Gaceta se nos expandió el alma. José Antonio está vivo en hombres que como ustedes perpetúan tan dignamente su legado y su pensamiento. Todavía es posible soñar con nuevas primaveras… Recibe un fuerte abrazo. Mario”.

 

Permítame que hagamos un juego de hipótesis política e histórica ¿Qué hubiera pasado de no haber sido asesinado José Antonio? ¿Hubiera colaborado hasta el final con el alzamiento del general Franco? ¿Hubiera podido coexistir ambos personajes bajo un mismo régimen?

 

No me hace usted una pregunta, me hace tres que voy a responder de la mejor manera posible. De la primera siempre me gusta recordar lo que un día escribió la que fue la estela de un cometa rutilante y gaditano llamado Rafael Alberti. Me refiero a María Teresa León, que llegó a escribir de José Antonio, a quien había conocido en Barcelona: “Era un buen mozo. ¿Quién cerraría los ojos de aquel soldado que yo no volvía a ver? ¿Y por qué cayó si tal vez…? Sí, tal vez fue una equivocación política. ¿No hubiera sido más acertado mandarlo a morir a otra parte, por ejemplo a Burgos? Años de guerra civil. Aquel soldado que yo nunca más volví a ver estaba preso, preso político. ¿Qué efecto hubiera producido José Antonio Primo de Rivera en Burgos, frente a frente con el Caudillo? Seguramente no hubiera sido trasladado a hombros por toda España para ser enterrado con una sonrisa de triunfo en el Escorial porque… el eliminador que mejor eliminare, buen eliminador será”. Ahora que cada uno interprete esas palabras como mejor le parezcan.

 

La segunda pregunta es de difícil respuesta. Todo hubiera dependido de distintas circunstancias. No obstante no podemos olvidar la carta que desde la cárcel envió a Martínez Barrio, entonces presidente de las Cortes, el día nueve de agosto, solicitando una entrevista con él. “Después de una detenida deliberación en conciencia y con la mira en el servicio de la España de todos, tan gravemente amenazada en los presentes días...”, escribe José Antonio. Su intención no fue otra que la de que le dejaran hacer una gestión con Franco o Mola, o con ambos, orientada a la terminación de la guerra civil; pero nadie le hizo caso. Lo repite en Alicante en el juicio cuando pide que le proporcionen un aeroplano para ir a la otra zona “a hacer una intervención”. Sólo intentaba, con su mediación, que cesaran las hostilidades. 

 

De haberlo dejado intervenir, es decir, ir a la otra zona, seguro que hoy la historia sería distinta. En el número 319 de la revista “Índice”, Claudio Sánchez Albornoz, que primero reconoce que fue una torpeza fusilarlo, dejó dicho: “Él hubiese modificado, en alguna medida, el curso de las cosas, pero la guerra fue un enloquecimiento, una oleada de sangre que se nos subió a unos y oros a la cabeza”... 

 

Ahora queda solamente la tercera por contestar, para mí es la más fácil, porque estoy seguro que Franco y José Antonio nunca hubieran podido coexistir bajo un mismo régimen.

 

¿Me puede decir las razones que los falangistas tuvieron para finalmente participar en la Guerra Civil española al lado de los llamados nacionales?

 

Aunque solamente sea por razones de supervivencia, pienso que no les quedó otro remedio. Las cárceles estaban llenas de falangistas, la persecución a la que se vieron sometidos está fuera de dudas. Hay un libro, “Aniquilar a la Falange” en el que de alguna manera presté mi colaboración, donde podemos leer los nombres y lugar en el que fueron asesinados cerca de un centenar de falangistas antes del 18 de julio de 1936. Con este panorama no es de extrañar que tomaran el camino que tomaron porque no podían ir de la mano de sus asesinos y de los que habían dejado muy claro la España que querían cuando provocaron la Revolución de octubre de 1934. De todas las maneras, debemos recordar lo que Valdés Larrañaga dejó escrito en su libro “De la Falange al Movimiento”. Dice que José Antonio mantuvo distintas conversaciones en relación con la preparación del Movimiento y no todas del mismo signo por lo que la posición de Falange era delicada y difícil; tanto fue así que el mismo Valdés Larrañaga añade que “estas negociaciones tuvieron sus altibajos e incluso hubo momentos de profunda duda sobre la conveniencia de la participación de la Falange en el Movimiento”.

 

Los joseantonianos siempre dicen la frase “no fue posible la Falange” ¿por qué no fue posible la Falange?

 

No recuerdo haber escuchado nunca semejante frase, aunque es posible que más de uno la haya dicho. La Falange sí fue posible mientras vivió José Antonio o, si se quiere, hasta que se lo llevaron a Alicante, el 5 de junio de 1936, donde perdió ya todo contacto con su Junta Política, y la mayoría de sus consejeros, muchos de ellos también en la cárcel. Así no es posible hacer nada. Todo lo que vino más tarde, sobre todo después del Decreto de Unificación, 19 de abril de 1937, fue otra historia. Creo que ya lo he repetido. Además, lo poco que quedaba de aquella Falange primitiva, enfrentarse a Franco hubiera sido un suicido. Recordemos lo que le ocurrió a Manuel Hedilla.

 

No es el pensamiento de José Antonio muy personal. Dicho de otra manera, ¿tiene sentido el joseantonismo sin José Antonio?

 

Sí, claro que tiene sentido. Me siento joseantoniano sin José Antonio. También me siento y soy católico. Es como si me preguntara si tiene sentido serlo por creer en lo que no vimos.

 

La crítica de José Antonio hacia el capitalismo fue tremenda; en sus Obras Completas existen mucho más citas dedicadas a la crítica capitalista que a la comunista ¿Por qué esto no ha trascendido? ¿Por qué se  sigue pensando –a nivel popular, me refiero- en José Antonio Primo de Rivera como el gran enemigo español del marxismo y no como el gran enemigo español del liberalismo?

 

Sí, es cierto. Critica más veces al capitalismo que al comunismo, algo que no ven o no quieren ver los que únicamente saben decir de José Antonio fue un fascista. Por poner un solo ejemplo, en uno de sus discursos, dijo: “Lo que padecemos en España es la crisis del capitalismo, pero no lo que vulgarmente se entiende por tal, sino el capitalismo de las grandes empresas, de las grandes compañías, de la alta banca, que absorbe la economía nacional, arruinando al pequeño labrador, al pequeño industrial, al modesto negociante, con beneficio y lucro de los consejeros, de los accionistas, cuentacorrentistas y demás participantes; es decir, de los que no trabajan, pero que se benefician del trabajo de los demás”. ¿Firmaría hoy esto Pedro Sánchez, Llamazares, etc.? Creo que no.

 

Por otro lado el historiador francés Christian Rudel, escribió en su libro “La Phalange” que el programa presentado por José Antonio en las elecciones de febrero de 1936 era, con mucho, el más revolucionario de los que fueron propuestos en aquella época. Asimismo, Victorino López Cornido, amigo de José Antonio Girón, cuando éste le encargó un día que recorriera los despachos para conocer los problemas pendientes, al llegar a la biblioteca del antiguo Instituto de Reforma Social, se encontró con que la funcionaria guardaba las fichas de los libros sacados por Primo de Rivera para su lectura. Los autores eran todos del pensamiento revolucionario: Proudhon, Bakunin, Sorel, y hasta el nacionalista George Valois. Cuando enseñó estas fichas y leyó aquellos nombres, alguien le dijo: “Esto hay que quemarlo inmediatamente. Si se entera Franco, pensará que José Antonio era comunista… “.

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¿Qué pregunta le hubiera gustado que le hiciera y que este periodista no ha sido capaz de hacerle? Y en su caso, responda también a esa pregunta.

Creo que serían muchas las que me hubiera gustado que usted me hiciera. Sin embargo hay una que, por encima de todas, sí me hubiera gustado. Me refiero a poder tener la oportunidad de mencionar al Testamento de José Antonio, una bella joya de las letras y del que Eugenio d’Ors escribió: “Entre los españoles y doquiera se hable o lea el castellano, el testamento de José Antonio está ya destinado y para siempre a ser ―tal es su calidad literaria― una página de antología. Pero, más que nunca en el momento presente, resulta de un valor soberano su lección moral. Su lección templada, posibilista, ecuánime. Que siendo tan cristiana, diríamos horaciana y, siendo admirablemente estoica, juzgaríamos espiritual y exactamente epicúrea. Epicúrea, digo, en la ortodoxia del verdadero Epicuro, maestro en la jerarquizada disciplina de los valores”.

No olvidemos, incluso, a sus adversarios, como al socialista Julián Zugazagoitia, quien además de creer que fue una torpeza el fusilamiento de José Antonio, cree que su testamento, que reproduce en su totalidad en su libro “Guerra vicisitudes de los españoles”, es “un documento sobrio y sereno, que no carece de sincera emoción. Aquella que le da el trance en el que ha sido escrito”.

También el socialista Indalecio Prieto, en su tomo primero de “Convulsiones de España” dedica varias páginas a José Antonio. En una de ellas cita sólo una parte de él: “Divídese el testamento en dos partes: una política y otra personal”, escribió Prieto.

Así, pues, quedan recogidos estos tres testimonios sobre el Testamento de José Antonio, que por una razón u otra causó un enorme efecto, incluso, como vemos, entre sus adversarios políticos, algo que no ocurrió con el resto de aquellos que compartieron con él una de las épocas peores que vivió España

 

 

 

 

 

 

 

 

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