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Ernesto Ladrón de Guevara
Miércoles, 22 de noviembre de 2017
EL ADOCTRINAMIENTO COMO SÍNTOMA (Acto IV)

LA FRONTERA ENTRE LA LIBERTAD Y UNA SOCIEDAD SECUESTRADA

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                Después de lo sucedido en Cataluña, con el golpe de Estado secesionista ya nada puede ser igual, y cualquier intento de normalizar la anormalidad va a ser una farsa que, en su mejor hipótesis, tenga sus días contados.

 

                Para mí, lo más significativo desde el plano simbólico no es el intento de subversión rebelde que urdía un plan perfectamente programado de ruptura del sistema político español, de asalto al Estado constitucional, de fragmentación de nuestra patria común diseñada para desestabilizar Europa rompiendo España; lo más relevante es la aparición en toda su dimensión totalitaria del aparato propagandístico y de adoctrinamiento. Un aparato construido durante décadas de indiferencia de los gobiernos de la Moncloa con el único fin y objeto de conformar la cosmovisión nacionalista de las nuevas generaciones, mediante comisarios políticos que suplantaran a funcionarios al servicio de los ciudadanos, mediante sistemas de propaganda institucional canalizados por medios de comunicación social públicos al exclusivo servicio de la oligocracia secesionista.  Un entramado cuyo objetivo ha sido cribar al profesorado en el sistema público, invadiendo en su totalidad el tejido universitario, parasitando la red privada de enseñanza, y hasta las estructuras eclesiales, de tal manera que todos ellos trabajasen sistemáticamente con el fin y el objeto de la secesión catalanista.  Este es, para mí, el principal descubrimiento que surgía de estas aguas tenebrosas, como monstruo en el lago Ness.

  Quien quiera evaluar la calidad democrática de España como sistema constitucional mejor que no lo haga partiendo del sistema autonómico y menos desde el Golfo de Rosas, porque nos quedaríamos al nivel de los países caribeños. No hay más que recoger el dato de que el colectivo más proindependentista de los sectores profesionales de la sociedad catalana es el de los profesores y maestros. Simplemente este elemento de análisis, en sí mismo, es suficientemente clarificador. Sin entrar en las múltiples referencias de manipulación de niños, de instrumentalización de centros escolares. Es  burdo, descarado,  el adoctrinamiento unos discentes  que están en proceso de desarrollo de su proyecto vital personal y que en cualquier punto del planeta civilizado en nuestra civilización occidental serían objeto de respeto y dedicación para que reciban  una formación que les permita ser autónomos, libres,  con un sistema de pensamiento construido desde el conocimiento, desde la formación humanística despojada de elementos contaminantes.

 

                La Escuela está para dotar al alumnado de un bagaje de conocimientos objetivos y destrezas que le permita ser autosuficiente en el proceso de aprendizaje y desarrollo personal. La familia tiene como función principal educar a su prole, dándole aquellos ingredientes suficientes y necesarios para que ésta tenga un ajuste a su entorno social y se comporte de forma cívica mediante mecanismos de adaptación, dotándole de aquellos hábitos personales que le permitan vivir en sociedad y cuidar de su propio cuerpo; e influyendo positivamente en la configuración de un sistema de valores que configuren su personalidad e identidad, y cuya fuente tiene sus raíces en el legado colectivo transmitido por nuestros antepasados. Es a la familia, por tanto, a quien corresponde elegir el tipo de educación que quiere para sus hijos, incluyendo en este modelo de educación la lengua de aprendizaje. Reza así la Constitución Española, aunque sea, simplemente, un precepto olvidado e ignorado.

 

                La diferencia entre las sociedades secuestradas por sistemas ideológicos totalitarios con estructuras estatalistas de sesgo autoritario y las sociedades libres es que aquellos sistemas cerrados, endogámicos, son asfixiantes en su intervencionismo sobre la vida privada, usurpan la función educadora de la familia y se constituyen en sistemas de adoctrinamiento sustrayendo a quieres tienen la función primigenia de la educación del ejercicio tutelar de los menores.

 

 Lo que más caricaturiza esta forma de gobernar estatalista tiene su expresión más límite en los regímenes comunistas que, desde el modelo Leninista, han considerado a los niños propiedad del Estado, privando a los padres de su función natural. Y esto era así porque los individuos no tienen más valor en sí mismos que como engranaje de los aparatos de poder; y los derechos individuales, en consecuencia, no tienen el más mínimo valor.  En las sociedades liberales, democráticas, son los individuos los que son la clave de bóveda del sistema, y los derechos humanos, que son individuales, son el pivote en torno al cual gira todo el entramado político y los poderes que dimanan de su soberanía. Por eso en las sociedades liberales la escuela tiene un componente fundamentalmente instructivo, no adoctrinador, plural, y se dedican a enseñan, a instruir, no a educar, pues la educación se encomienda a la familia como principal célula social. Como ven este enfoque es el contrapuesto al que hemos visto en Cataluña, más parecido a un régimen soviético que a un sistema liberal.

 

                ¿Por qué se adoctrina?   Se adoctrina para formar el imaginario colectivo. Esta frase más o menos así escrita se ha encontrado en documentación que ha sido analizada para instruir la causa por secesión y/o rebelión del gobierno cesado en Cataluña. Es decir, el propósito de los secesionistas era cerrar el círculo del adoctrinamiento y de la propaganda para configurar una forma de ver y sentir la “nación” troquelada a machamartillo.

 

                Inculcar ideas de forma que no se deje al sujeto adoctrinado el menor resquicio a la crítica o a la elaboración personal de esas ideas es adoctrinar, dogmatizar, formar creencias incuestionables encaminadas no a informar sino a construir un sistema de pensamiento formado a partir de la desinformación, de la deformación de conceptos; en suma, consiste en adaptar la realidad a ese sistema de creencias imbuido y encajado en la mente de personas inmaduras. Por eso se relegan las materias humanistas, se arrinconan las asignaturas que ayudan a pensar partiendo del sistema cultural heredado, como son la Filosofía, la Historia, el Arte, la Literatura, las lenguas clásicas, la Geografía, y se orientan los contenidos curriculares hacia constructos falsos, manipulados, tergiversados, adaptados al propósito político que justifica ese adoctrinamiento. Es decir, se comete un grave delito que es el de la deformación de las mentes individuales para amoldarlas al fin predeterminado en torno al cual todo gira. Es uno de los mayores atentados que puede haber contra los derechos individuales pues éstos quedan supeditados al propósito y objeto del constructo “educativo”, entendiendo este adjetivo como el producto del cincelado de esa materia prima, que es la piedra para lograr una forma al gusto y manera de quien se autoadjudica el papel  de escultor de la cosmovisión social, cultural y política.  De ahí que los elementos fundamentales de esa configuración sean la erradicación del español de la escuela, la desinformación instructiva, la deformación de los contenidos curriculares, sobre todo los referidos a la Historia, y el currículo oculto formado por aquellos elementos determinantes para que los escolares canten a coro ese “Cara al sol con la camisa nueva” del independentismo. En el fondo es lo mismo que tanto denostábamos del régimen franquista, aunque con formas aparentemente democráticas. O más bien, demagógicamente democráticas.

 

 Lo peor de todo es que esta forma de ver la educación se extiende por esa espina dorsal en la que España se apoya sobre el Mediterráneo.

 

               

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