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Pedro Conde
Jueves, 23 de noviembre de 2017

EL ÚLTIMO GRAN BOLARDO

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                Podría haber titulado, LA ÚLTIMA MURALLA, pero siguiendo intuitivamente las nuevas corrientes o normas de la publicidad para enganchar al cliente, en este caso al lector, he preferido usar la imagen de uno de esos inventos o aparatos a los que la trágica actualidad nos los ha hecho ver como una última o postrera defensa de la vida física del ser humano.

                ¿Cuál es el otro término de comparación a que me lleva esta imagen o metáfora? El ser y existir de España como nación.

                A mí mismo, y si la trágica realidad no fuera tan cierta como dolorosa hasta el extremo de haber estallado en la cara de los españoles, me parecería una hipérbole, una exageración de tal tamaño que podría asimilarse a una fantasía patriotera. Pero, NO. Es cierto. No hay exceso en la comparación. A España la están poniendo en riesgo de muerte. Y con esto apunto, señalo con el dedo, que hay responsables varios en su distinta posición política dispuestos a esa gran villanía. Unos por acción y otros por omisión. La calificación penal y terrible condena histórica para  todos ellos no puede poner gradación en la culpa porque todos son responsables por alta traición. Sin distingos ni diferencias. Quizá, si afináramos en el análisis de las conductas para el hecho concreto, aparecerían como más imputables los que embozan su conducta en cobardes disculpas como “no provocar”, “ya comprobarán por ellos mismos los dañinos efectos de sus insensatas conductas”, “¿qué dirá el mundo si aplicamos la ley con toda la rigurosidad”, etc. Todo disculpas de quienes tienen un pensamiento débil o, lo que es peor como sospecha,  están en un pacto tácito para llevar a cabo la reforma de una Constitución, que está sin cumplir, por cierto, para acordar los intereses partidistas de las partes en un Estado de las Autonomías ruinoso para España; que sólo da ya beneficios y manutenciones a los pesebres de los partidos.

                No encuentra uno otra explicación a este amargo momento de la Historia de España en el que los descerebrados, recalcitrantes, mangantes y saqueadores separatistas pretenden una vez más descuartizar, y así llevan un siglo largo, el cuerpo de la nación española para beneficio de esa minoría golpista, engrandecida y sustentada, ¿incomprensiblemente?, por los sucesivos Gobiernos Centrales.

                Hay un dicho popular muy gráfico para definir la oportunidad del momento, “la ocasión la pintan calva”. Como éste, y no me voy a poner trascendente diciendo aquello de “la mayor ocasión que vieron los siglos”, aunque el asunto por su magnitud pudiera acogerla como predicado, no es fácil encontrar otro para restituir la entidad total de España, erradicando los enfermizos, hediondos, y ya insoportables, nacionalismos. Con la aplicación minuciosa, paciente, total y legal en un Estado de Derecho legítimo como el español que se asentó sobre una Constitución votada por la mayoría del pueblo, del artículo 155 de ésta, tales nacionalismos quedarían reducidos al escuchimizado espacio mental de un grupo de botarates y tarambanas.  Toda España, y Cataluña es parte importantísima, tiene un nivel de vida que nadie arriesga ya por locas aventuras como es crear una nacioncita sobre la mentira y la patraña histórica cuyo coste en ruina ya ha comenzado a verse en cuanto estos intrigantes y liliputienses nacionalistas se han acercado al abismo y el caos colectivo.

                Esperemos que después de lo visto y vivido en estos últimos meses en Cataluña y España, con la eclosión nacional en las calles en favor de su unidad, unos y otros, separatistas y políticos nacionales de todos los partidos, ya bajo sospecha éstos, no tengan la mala, torpe e infortunada ocurrencia de proponer un cambio constitucional para encajar sus espurios intereses partidarios contra los  comunes de la Patria común.

                Si tal intento ocurriera, tienen que saber que chocarían contra el Gran Bolardo, descrito figuradamente en la vigente Constitución y asentado en tres sólidos e inamovibles pilares, cuales son la soberanía del pueblo español, sus Fuerzas Armadas que se nutren de éste, y la Corona de España, símbolo de su intangible unidad y permanencia.

                Esperemos que ni unos ni otros hagan salir a los ciudadanos españoles a la calle para pararles los pies a los pies de ese Gran Bolardo.

 

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 25 de noviembre de 2017 a las 21:38
Ramiro
1. De la SOBERANÍA DEL PUEBLO ESPAÑOL no espere nada, pue la mayoría son un rebaño de borregos, sin criterio propio alguno.
2. De las FUERZAS ARMADAS no espere nada, pues mientras les paguen y asciendan sin hacer nada, están encantados, chupando del bote.
3. Y DEL REY todavía espero menos... En realidad, NADA.

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