Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

La Tribuna del País Vasco
Miércoles, 29 de noviembre de 2017
Editorial de La Tribuna del País Vasco

La libertad de expresión se juega en Cartagena

Guardar en Mis Noticias.

[Img #7630]La libertad de expresión está dirimiéndose estos días en Cartagena. En un país donde proliferan cadenas televisivas, tanto públicas como privadas, claramente golpistas que se sustentan con fondos públicos, y donde los periodistas que hacen de ventrílocuos de los políticos más indecentes son regados con millones de euros de las más turbias procedencias, La Tribuna de Cartagena, un pequeño digital con poco más de dos meses de vida, pelea bravamente en la ciudad trilimenaria contra una indecente maquinaria de poder crecida durante décadas que le exige su cierre cautelar y una multa de un millón de euros. El delito de La Tribuna de Cartagena: informar de lo que otros no informan, ofrecer a los lectores opiniones incómodas que otros no ofrecen y, sobre todo, ejercer el periodismo como lo que realmente es: una profesión que trata de contar la verdad, que debe narrar las cosas como son, y no como a los poderosos les gusta presentarlas, y que intenta responder a las necesidades de saber y de transparencia que los ciudadanos exigen en cualquier país demócratico.

 

En esta tarea, La Tribuna de Cartagena, como cualquier otra empresa o medio de comunicación, puede cometer errores, pero el hecho de que alguien, con un puesto destacado en el Ayuntamiento socialista de la ciudad marítima, exija ante los tribunales un millón de euros de indemnización a un periódico y el ¡cierre del mismo!, como en los peores tiempos del pasado siglo, nos lleva a un escenario liberticida demencialque refleja bien a las claras que, a pesar de las apariencias, la libertad de expresión está hoy más en riesgo que nunca.

 

La libertad de expresión es un bien exquisito, tan preciado como delicado y siempre necesitado de protección, y hoy, a lo largo y ancho de eso que llamamos Occidente, se ha resguardado en un puñado de medios digitales, ínfimos en sus recursos humanos y económicos, pero muy fuertes en empeño, capacidad profesional y ganas por informar. Estos micromedios heroicos, que están cargando sobre sus espaldas la responsabilidad titánica de informar con firmeza, tarea de la que han dimitido y renegado las grandes cabeceras mediáticas siempre en manos de multimillonarios decadentes, apenas consiguen soportar los numerosos ataques de tantos y tan múltiples liberticidas como pululan, crecen y se reproducen por las instituciones, desde Cartagena a Madrid y desde allí al corazón de la diplomacia europea.

 

Habitamos una sociedad repleta de miserables con grandes altavoces para exigir la libertad de decenas de políticos golpistas; vivimos en un país rastrero donde atacar públicamente las leyes democráticas, defender a voces a los más viles delincuentes, exigir derechos para los terroristas y reclamar dádivas por amenazar y amedrentar a las personas simplemente decentes, tiene premio. Pero, por el contrario, reclamar el derecho a la denuncia responsable, informar en libertad, opinar sin ataduras, criticar con dureza, fiscalizar la actividad de los poderosos, sean éstos quienes sean, hablar sin ataduras y, sobre todo, no escribir al dictado de nadie, solo tiene como respuesta el silencio, la mirada condescendiente, los ataques barriobajeros y peticiones de multas millonarias y cierres cautelares de los medios.

 

En la trimilenaria ciudad, los ciudadanos españoles nos estamos jugando la libertad; si un periódico con dos meses de vida puede ser cerrado cautelarmente y mancillado con una sanción de un millón de euros, es que los medios de comunicación como tales han muerto y solamente nos queda… la propaganda. Desde La Tribuna del País Vasco, que ayudamos orgullosos a nuestros hermanos cartageneros a echar a andar, sabemos de verdad lo que decimos porque somos conscientes de que solo la banda terrorista ETA atacó tan visceralmente a la prensa como se está haciendo hoy en Cartagena: y lo hizo asesinando a varios de sus más destacados representantes.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna de Cartagena • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress