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Pedro Ignacio Fernández
Domingo, 3 de diciembre de 2017

Historias tras las ventanas

Guardar en Mis Noticias.

 

Vivimos en una sociedad que salvo en algunos casos muy concretos no tenemos tiempo ni para respirar; las prisas, como virus en permanente epidemia, se han adueñado de nosotros. Vamos de un lado a otro sin tiempo para una mirada, un descanso, un café sosegado o una conversación sin que haya por medio artilugio electrónico alguno.

 

Démonos tiempo, disfrutemos de la vida y en el paseo diario dediquémonos a, por ejemplo, mirar las fachadas de los edificios. Si lo hacemos asistiremos a un juego en donde primará la imaginación y también, no podemos negarlo, la curiosidad.

Vemos ventanas, cuadradas, rectangulares o redondas. Abiertas y cerradas. En edificios modernos o antiguos. Y nos preguntamos, qué habrá detrás de esas ventanas. ¿Cuántas historias nos podrían contar? o ¿cuántos secretos esconden?.

 

Y paseando por la ciudad trimilenaria hago este ejercicio en la Casa Maestre, sita en la Plaza de San Francisco. Data del año 1906, de estilo modernista, mandada construir por José Maestre Pérez, propietario de ricas explotaciones –nunca mejor dicho- en la sierra minera cartagenera- con fachada de piedra sobre la que destaca el mirador. La crisis financiera que afectó a los propietarios provocó su venta a una institución financiera que vació su interior aunque conservando la escalera original. Posteriormente pasó a propiedad privada poniendo el edificio en alquiler.

Actualmente cuenta el edificio con un régimen de protección contemplado en el Plan Especial de Ordenación y Protección del Casco Histórico (PEOPCH), si bien el mismo se ha manifestado como insuficiente, al carecer de protección, inexplicablemente, la fachada que mira a la antigua calle del Pocico.

Y volviendo a la cuestión principal, ¿qué historias vividas en su interior podría contarnos, o qué historias esconde?. Podría contarnos historias del crecimiento de Cartagena por mor del auge de la industria minera; las historias de los mineros explotados; recordarnos cómo era la estela que dejaba el barco que llevaba a Alfonso XIII en su exilio o los cuchicheos de colegiales camino del colegio de San Miguel.

Este edificio como los que están en cualquier ciudad de nuestra piel de toro son parte del patrimonio histórico de las ciudades. Pero en la actualidad es un edificio vacío, sin uso definido, abandonándose en su soledad a merced del tiempo, ¿merece este destino?.

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