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Carlos Roldán
Lunes, 4 de diciembre de 2017

Poética y erótica de la abstención. El 21 D

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Los separatas se apresuran a volver a obtener legitimidad en las urnas para proseguir su itinerario absurdo de ruptura de España y frente a ellos sólo se sitúan aquellos que les han permitido llegar hasta aquí, con la arquitectura antidemocrática de unas elecciones autonómicas. Antidemocrática porque no cuenta con la mayoría de votos y porque el recuento de estos últimos es un inmenso fraude a la razón y también a las matemáticas: Las elecciones del 21 d son un seguro de vuelta a la situación actual. 

 

Es obvio que el voto a los indepes es irresponsable, pero igualmente lo es la repetición del voto a los partidos del régimen. En un caso es vía rápida a la disolución y en otra una disgregación pero de toda España en Naciones federadas. Casi suena peor esto último. 

 

Y en ambos casos, sumisión expresa a los dictados del Euroreich, aplicación directa de las políticas neoliberales y vuelta de tuerca a los postulados de la monarquía centrífuga que va asumiendo un carácter confederal en el que la única simbolización de la unidad sea la propia corona. Horribilis.

 

La abstención activa es la única posibilidad racional de combatir ambas caras del mismo tronco disgregador de España y neoliberal. Pero sobre todo es la única esperanza que tenemos de que alguna vez los votos puedan decidir. En España los votos cuentan, pero no deciden nada y eso es algo que los Españoles debieran poner en primera línea de decisión. Que sus votos no sean el simple refrendo de las listas elaboradas por los aparatos de los partidos, sino que puedan elegir qué candidatos, el orden de los mismos y por supuesto como consecuencia natural de esta posibilidad de elegir, de destituirlos en cualquier momento, lo que en ciencia política se denomina mandato imperativo.

 

Además, los partidos políticos tienen secuestrada una libertad ciudadana básica en toda la Tradición democrática republicana que proviene de la propia revolución francesa, la de la libertad de conciencia para presentarse candidato a servidor público. ¿Por qué razón un ciudadano ha de ser elegido previamente por un partido para poder acceder a ser candidato a servidor público? ¿Qué clase de filtro previo es este que hace que unas organizaciones financiadas por la Banca Privada y deudoras de ésta última sean quienes deciden que yo pueda presentarme? ¿Porque ese alistamiento previo en listas cerradas? ¿No es esa la forma de asegurar la obediencia cliente lista al aparato del partido deudor de la banca en vez de al cuerpo electoral que le ha elegido? ¿No es la forma precisa de asegurar la corrupción?

 

 

Hay una usurpación ideológica de los partidos, de manera que en el imaginario se ha situado la idea maliciosa e ignorante de que todo socialista debe necesariamente estar en el partido socialista y someter su acción creadora personal a la disciplina de partido, de que todo liberal debe estar necesariamente en el partido liberal, el concepto mismo de partido implica un alistamiento y una reclusión de la capacidad personal de hacer política no a las decisiones colectivas sino a las imposiciones de poderes fácticos que son las que representan las cúpulas. El concepto mismo de partido azuza la división entre compatriotas entre verdes y morados. 

 

Cuando un ciudadano deposita su voto, refrenda toda la mecánica anterior usurpadora de su libertad: Bendice que hayan elegido a los candidatos alistados en vez de ser él el que lo hace, bendice su limite a ser él mismo candidato y sobre todo da carta libre sin posibilidad de revocación para que los alistados obedezcan a su jefe y no a sus votantes, ya que es el jefe el que lo ha metido en la lista. Votar es dimitir como ciudadano, en su concepto moderno derivado de la Revolución Francesa. Las "primarias" lejos de implicar una democratización  no hacen más que convertir en cómplices de esta usurpación a los militontos de los partidos que están decidiendo por todos algo que no les compete, el alistamiento cerrado de los candidatos controlados y elegidos por el propio partido en vez de los ciudadanos. Y no, no hablo de listas abiertas.

 

En el caso Catalán, además, es la garantía de que no se acaben los problemas. ¿Qué tal si nos abstenemos colectivamente y exigimos que devuelvan al voto la capacidad de decisión?

 

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