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Ernesto Ladrón de Guevara
Martes, 5 de diciembre de 2017
Ernesto Ladrón de Guevara sobre el "Caso Pagán": Me produce nausea lo que está ocurriendo en Cartagena en torno a este periódico

LOS FUNDAMENTOS DE LA LIBERTAD

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Por el simple hecho del ejercicio libre de la información, este periódico ha sido demandado y se pide contra él un millón de euros y el cierre de sus páginas.  Lo ha hecho, al parecer, alguien con muchas aldabas del  Ayuntamiento de Cartagena. Espero que no haya un juez que saltándose a la torera la múltiple jurisprudencia que preserva la libertad de prensa, condene a este periódico al cierre.

 

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Hasta un mes de diciembre del año 1999, que cerraba un siglo nefasto para la historia de la humanidad, caracterizado por el auge y derrumbe de totalitarismos que arrumbaron la dignidad de las personas y los derechos individuales, yo fui socialista de carné, luego socialista sin carné y finalmente ni eso. Simplemente me he quedado en un escéptico total de la política, que solamente cree en las personas. Mi decepción es casi absoluta. Admiro a personajes de la II República, como Gregorio Marañón, Sánchez Albornoz, Unamuno, Ortega y Gasset, Maura, Unamuno que también fue socialista como yo hasta que vio lo que había de falta de talla humanística; y, por qué no, también a José Antonio Primo de Ribera, por su dimensión personal, independientemente de que no me sienta en absoluto falangista.

 

                No creo en las ideologías, pues éstas nos llevan indefectiblemente a ideas totalitarias. Creo en el humanismo cristiano a pesar de que mi sentimiento trágico de la vida me hace sentir un agnosticismo con pretensiones religiosas, algo así como lo que el filósofo Gustavo Bueno afirmaba de sí mismo cuando decía que él era un ateo cristiano. Las desviaciones ideológicas hacia terrenos dogmáticos me producen pavor pues son siempre gérmenes de tiranía.

 

                Me produce nausea lo que está ocurriendo en Cartagena en torno a este periódico que me ha ofrecido sus páginas digitales para escribir.

 

Yo, al igual, supongo, que el resto de columnistas no cobro un euro por escribir mi columna semanal, pero gracias a esta posibilidad puedo desarrollar mis pensamientos para que otros los conozcan, lo cual es un privilegio, sobre todo cuando hay gente que desea leerlos. Yo soy de los que creen que un pensamiento que no se traduce en palabras y que se pierda en el espacio interneuronal del cerebro, se diluye en la nada. Los pensamientos se materializan cuando se transmiten, cuando se convierten en comunicación. Y eso, para mí, es todo un lujo.

 

                La calidad democrática de un país, a mi entender, no está solamente en la posibilidad del voto cada cuatro años, ni en la existencia de partidos. Esto es un requisito indispensable, pero no suficiente. La calidad democrática está, fundamentalmente, en la libertad de prensa, en la libertad de expresión con los límites del respeto a los demás, un sistema educativo que instruya y aporte aquellos valores en los que se afirma nuestra civilización occidental, y sobre todo que no adoctrine; una justicia efectiva e independiente de los poderes políticos o fácticos, y un régimen de libertades y garantías que pivote sobre los derechos individuales. 

 

Entre todos esos atributos que yo atribuyo a los regímenes democráticos hay uno que es capital, que es el que permite la información imparcial y veraz, que solamente puede soportarse en un periodismo profesional que no sea mercenario, instrumento de algún poder, bien financiero o bien político. Una ciudadanía informada tiene criterio, sabe distinguir lo esencial de lo secundario, decide sobre la base de hechos verídicos y contrastados. Una ciudadanía adoctrinada, sin información veraz, es esclava de quienes la teledirigen como si fueran clones de prototipos humanos diseñados para actuar mediante estímulo-respuesta, sin procesamiento mental.

 

[Img #7782]

Por el simple hecho del ejercicio libre de la información, este periódico ha sido demandado y se pide contra él un millón de euros y el cierre de sus páginas.  Lo ha hecho, al parecer, alguien con muchas aldabas del  Ayuntamiento de Cartagena. Espero que no haya un juez que saltándose a la torera los derechos y principios constitucionales garantizados por la múltiple jurisprudencia que preserva la libertad de prensa, condene a este periódico al cierre.

 

Sería una barbaridad. 

 

Si la información contiene conjeturas no probadas, calumnias o lesiones al honor de las personas sobre la base de infamias, sería procedente una querella para reponer la imagen de quienes se sientan vilipendiados. Pero no parece ser el caso, pues la información se basa en hechos demostrables y en fuentes contrastadas. Y si no es así nadie está impedido para querellarse. Pero el simple hecho de pedir el cierre del periódico muestra la calaña de los personajes. Un periódico cerrado es la aplicación de una censura que nos recuerda a épocas pretéritas, precisamente por aquellos que más han abanderado la lucha contra la represión franquista, una vez que Franco murió, pues antes ni se les conocía ni movieron un dedo para derribar a aquel régimen, y algunos se beneficiaron lucrativamente de él. Así cualquiera es valiente.

 

                ¿No será que se está tocando informativamente a gente muy poderosa y que se están moviendo los hilos para acallar una voz libre?

 

 

               

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1 Comentario
Fecha: Martes, 5 de diciembre de 2017 a las 12:11
David G.
fantástico artículo de Ernesto Ladrón de Guevara. siempre le leo con mucho interés en su columna pero hoy se ha salido con esa defensa de la libertad de información frente a la censura qué pretende imponerse a la tribuna de Cartagena y su director Josele Sanchez a quien envío toda mi solidaridad y un fuerte abrazo

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