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José Luis Sánchez Álvarez
Jueves, 21 de diciembre de 2017

Día a día ¡ALANTE TOA! 21 de diciembre

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21 de diciembre

 

¡EL AÑO DEL PATRIMONIO DE CARTAGENA!

 

En fechas como la de hoy, pero de hace un año, estos eran los titulares con los que la entonces consejera de Cultura de la CARM nos regalaba los oídos. Yo por mi parte, escribí un artículo en un periódico digital y que vio la luz en mi sección Resurrección hace justo 366 días.

Hoy quiero compartir parte de ese artículo que sigue tan en vigor como el día que lo escribí.

Cuentan de un cura que fue destinado a un pueblecito. Al legar advirtió la falta de sombra y arbolado junto a su vieja ermita. De su pueblo natal a su requerimiento, su familia le envió un esqueje de ciruelo que con sus propias manos plantó a la entrada de su iglesia.

De familia de agricultores dedicados a las ciruelas, aquel árbol le recordaba su niñez, él sabía todo lo que hay que saber sobre los ciruelos y año tras año lo cuidaba con esmero, lo cavaba, lo abonaba, lo podaba y se desesperaba año tras año esperando que aquel árbol floreciese.

Treinta y nueve años pasaron sin que una flor premiara los desvelos del cura, tampoco la cosecha de fieles era buena, salvo cuatro viudas y algún crio, nadie pisaba la iglesia. El nivel de abatimiento del sacerdote no podía ser mayor cuando aquella mañana de finales del invierno una flor apareció en el viejo ciruelo. Un milagro pensó, una señal del cielo, ahora todo podía cambiar, se decía. Pero la flor tras unos días cayó mustia al suelo. Nada más tocar la flor el suelo, el clérigo, desposeído de la razón se hizo con un hacha y colérico comenzó a cortar el tronco del ciruelo.

El espectáculo le llamó la atención a un hombre que pasaba por allí, el hombre se quedó observando al cura que, con furioso ahínco se empleaba contra el ciruelo. Aquel desconocido  estudiaba  el árbol que se balanceaba ante las acometidas del religioso, una vez en el suelo el ciruelo, el cura  fue a darle el primer golpe en el tronco para hacerlo leña cuando aquel hombre se le acercó pidiéndole que parara.

El hombre le explicó al sacerdote que era escultor y que dentro de aquel ciruelo había visto la figura de Cristo crucificado y que, si se lo permitía tallaría una imagen con la madera de aquel árbol, además donaría la figura a la iglesia del pueblo, ya que a él solo le movía servir a Dios, ya era muy mayor y lo único que necesitaba era ir poniéndose a bien con el creador. El cura aceptó y acogió al escultor en su casa hasta que el crucificado estuvo colgado en la pequeña capilla que había junto a la entrada del templo.

Sin poder explicar el por qué, el cura vio como empezaron a llegar fieles que nunca había visto, incluso de toda la comarca. Al parecer había llegado a correr el rumor que aquel cristo era “muy milagrero” La iglesia abarrotaba, pero solo hasta la altura de la pequeña capilla junto a la entrada, esa donde estaba el Cristo, el resto permanecía solo habitada por nuestro cura. Aquella tarde noche de agosto la paciencia del religioso se agotó, con los brazos abiertos, avanzó desde el altar mayor hacia la multitud gritando –ha llegado la hora de cerrar, vamos todos fuera- poco a poco el templo se vació y tras salir el último de los fieles cerró la puerta, echó el pestillo y lentamente se volvió, inmóvil se quedó mirando al crucificado, un hormigueo le subió desde la planta de los pies y se le instaló en el bajo vientre, sin poder controlarlo sus piernas se flexionaron, su espalda se encorvó, sus puños se cerraron juntos con fuerza  a la altura de sus genitales, alzó la mirada a aquel madero y con toda la rabia del mundo le dijo: “Casi cuarenta años te estuve cuidando y nunca tus frutos vi. Los milagros que tu hagas que me los cuelguen de aquí”

Hace 39 años se plantó el futuro de esta comunidad autónoma. En el centro de nuestra ciudad creció un edificio ecléctico de dos plantas muy dispares sostenido por pilares que al correr del tiempo han tenido que ser reforzados con zunchos de acero. Sobre estos pilares defectuosos hay otra planta de porte moderno de la que parecen salir unos garfios que se clavan en la planta superior de inspiración modernista. De los frutos de este edificio plantado en el corazón de Cartagena hace casi 40 años, y a nivel Patrimonio histórico de Cartagena, bien podríamos decir como el cura de nuestra historia.

Dado que hablamos de Patrimonio, me gustaría hoy  hacer referencia tan solo a nuestros monumentos que están recogidos en la prestigiosa Lista Roja del Patrimonio español en peligro de la asociación independiente Hispania Nostra, y a la que hace pocas fechas (un año ya)  hizo referencia nuestra consejera de Cultura refiriéndose a un convenio con la CARM y a la salida de esa lista de ocho o nueve monumentos. Esto junto a la adquisición del cine central y los planes de recuperación anunciados para la Casa del niño y la vuelta de CEHIFORM, así como la promesa de que 2017 va a ser el año de Cartagena. En principio nos debe llenar de alegría y optimismo, pero…  No paro de acordarme de lo que le dijo nuestro curica al crucificado.

A día de hoy tan solo hay retirados de la Lista Roja  2 de los 25 monumentos de la CARM, uno  el yacimiento de San Esteba y el otro Villa Calamari, cerrada al público por el peligro que implica ser visitada. Nuestra exconsejera hizo referencia a un convenio con Hispania Nostra, y así es, pero buscando en las hemerotecas, este convenio solo se refiere a la recuperación del yacimiento de San Esteban y al ayuntamiento de Murcia que iba y va a contar con una prestación económica de 15 millones de euros.

¿Qué pasó con el millón de La Casa del Niño, del solar de MURAM o de la inversión del Cine Central en 2017? ¿Qué pasó de ese año de Cartagena?

Lástima que después de casi 40 años tan solo hayamos tenido un año. Año que posiblemente solo tuviese de especial el que al fin y por una vez, nos diesen lo que nos correspondía. Pero el año de Cartagena solo llegará cuando se tome conciencia en el Paseo Alfonso XIII  53 que la puesta en valor de nuestro rico patrimonio militar, marca la diferencia con cualquier otro destino turístico, añádanle edificios de todas las épocas y usos.  Denle coherencia y atractivo a toda esa oferta y comuníquenla ya mediante el AVE con el resto del Mundo (cosa que hace tiempo que podría y debería haber ocurrido) y tendrán un destino turístico de primer orden y calidad. Además de un motor poderosísimo de la economía regional.

El año que realmente sea “El año de Cartagena” será el año de esta comunidad autónoma. Mientras seguiremos como nuestro cura, cuidando del cerezo y esperando sus frutos.

¡Feliz fin de año de Cartagena!

 

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