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José Luis Sánchez Álvarez
Jueves, 21 de diciembre de 2017

Día a día ¡ALANTE TOA! 22 de diciembre

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Día 22 de diciembre.

 

LAS BATALLITAS DEL ABUELO

 

Tal día como hoy, pero de…

1870 en Madrid y, coincidiendo con un eclipse total de sol, fallece a los 34 años de edad, enfermo de  tuberculosis, Gustavo Adolfo Bécquer,

En España, aquel 22 de diciembre de 1942 se proyecta por primera vez el NO-DO, Noticiario Documental para propaganda del régimen franquista. Hasta 1976 su proyección en los cines antes de las películas fue obligatoria y voluntaria hasta 1981.

En la cordillera de los Andes, tal día como hoy de 1972. Se rescata a los 16 supervivientes de un avión estrellado. En el accidente fallecieron 12 personas que junto a los que no soportaron los 30 grados bajo cero de las noches, acabaron sirviendo de alimento a sus compañeros para poder sobrevivir los 72 días que se tardó en rescatarlos.

 

Pero volvamos a Cartagena, y tal día como hoy, pero de…

1480.  Es elegido obispo de la diócesis de Cartagena, don Rodrigo de Borja, que dejaría el obispado de Cartagena en 1492 para ser Papa con el nombre de Alejandro VI.

1873.  Continúa de noche y de día el nutrido fuego sobre la ciudad y el castillo del Atalaya.

1912.  Primera sesión del cine Sport, situado en la plaza de la Merced, (El Lago).

1937.   Los Barreros cambia su nombre por el de Ángel Pestaña

1981.  Cae el Gordo de Navidad en Cartagena. El número 23.786 que fue vendido en la céntrica administración de lotería Nº7, llamada “Suerte” y deja unos 3.000 millones de pesetas en la ciudad.

El número 86, “la mierda”, era vendido en esta administración, junto al palacio de Capitanía, desde 1910, fecha de su fundación.

Pero sin duda la efeméride del día hoy, 22 de diciembre de 2017, a no ser que hoy vuelva a caer el Gordo, es la presentación a las 8 de esta tarde en el Casino de la Calle Mayor del libro escrito por un servidor de ustedes, titulado  “Las batallitas del abuelo. O… Sus historias de Cartagena” un libro dedicado para jóvenes de hasta 90 años, en el que un abuelo recorre la ciudad en compañía de sus nietas, pero no solo recorre la ciudad, también su historia.

La acción comienza en las murallas de Troya, en donde un joven guerrero griego llamado Teucro comienza una aventura que le ha de llevar a bordo de su nave hasta una pequeña ciudad del Mediterráneo occidental que bautizará como Mastia. Allí dejará unas preciosas reliquias en el Templo de Hércules que estaba en una isla que cerraba la bahía de Mastia.

 Aníbal visitó este Templo de Hércules antes de partir con su fabuloso ejército y los míticos elefantes a la conquista de Roma, dejando su capital, Quart Hadast desprotegida. Hecho que fue aprovechado por los romanos para tomarla y fundar Cartago Nova.

A lo largo de las páginas de este libro, el abuelo guiará a sus nietas por acontecimientos que han marcado tanto el pasado, como algunas veces el futuro de Cartagena tales como la huida del obispo o la implantación de la base de las galeras reales.

Pero es  al siglo XIX al que mayor atención se le presta. Un siglo apasionante en España en general y en Cartagena en particular. Desde la guerra de la Independencia y la subida al Trono de Fernando VII, a la lucha del liberalismo y su efímero triunfo de tan solo tres años que acabaría con la rendición de Cartagena firmada por el general Torrijos ante los generales franceses de los Cien mil hijos de San Luis.

Y estando en este siglo, ¿cómo no íbamos a mezclarnos con los cantonales en su épica aventura contra el Mundo?

También la figura de Isaac Peral destaca en este siglo y en este libro, que no solo describe acontecimientos y lugares, sino que al mismo tiempo reivindica y denuncia un mejor trato hacia nuestra historia y nuestro Patrimonio.

Saltando el siglo y de camino a los felices veinte, el modernismo inunda de imaginación y belleza los desolados solares que el aplastamiento de la aventura cantonal había llenado de escombros y ruina. La vida es bella y Cartagena una vez más, ¡ya no se sabe cuántas!, se ha vuelto a levantar, ha vuelto a resurgir de sus cenizas. Desgraciadamente de una manera efímera. Un nuevo brutal castigo que, aunque no acabaría con la ciudad, sí que de algún modo acabó con su ilusión. Tanto hierro y tanto fuego había aguantado en los últimos 65 años que con la Paz, los cartageneros se abrazaron al olvido como vacuna a nuevos desastres.

Quizá por esto, porque la ilusión por lo nuestro la devoró el hambre, el abuelo no quiso dejar cabalgar en su relato al apocalíptico caballo negro. Poniendo fin a sus historias una mañana de primavera de 1939.

Gracias por asistir y que disfruten de la lectura de este libro.

 

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