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Carlos Roldán
Miércoles, 20 de diciembre de 2017
Artículo del filósofo Carlos Roldán, profesor universitario y director de teatro

Israel y sus plañideras occidentales

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Noticia clasificada en: Palestina

Cuando las finanzas y la propaganda se unen en una mentira poco importa los rotundos que sean los hechos y argumentos que la desmientan: hemos creado una verdad, normalmente en dirección opuesta a La Verdad

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Cuando las finanzas y la propaganda se unen en una mentira poco importa los rotundos que sean los hechos y argumentos que la desmientan: hemos creado una verdad, normalmente en dirección opuesta a La Verdad. Nos hemos tragado la vinculación directa del actual Estado de Israel con las tribus pastoriles del Antiguo Testamento y nos hemos tragado la existencia de un derecho a la tierra porque hace miles de años los fundadores de una religión la reclamaron como propia; algo así como si los practicantes de las religiones actuales de las religiones pre-romanas de la Península(que los hay ) reclamaran el territorio de la península Ibérica no para practicar en libertad sus creencias, sino para echar a sus actuales habitantes al mar o a un territorio minúsculo. Nos parecería propio de una película de Monty Piton, pero fue exactamente eso lo que ocurrió...

 

 

[Img #8284]Una poderosa minoría financiera apoyada militarmente por EEUU y con la connivencia de la ONU (que reconoció el derecho a un territorio actual de una creencia religiosa basándose en escrituras de hace miles de años) desplazó de sus tierras a las poblaciones semitas autóctonas, y lo que en un principio iba a ser recluir al 67 % de la población en el 45% de la tierra,  dejando al 30% restante el 55%, (lo cuál era ya manifiestamente injusto), las incursiones posteriores dejaron a toda la población autóctona recluida en una zona mucho más pequeña, comenzando un rosario de condenas internacionales y violaciones de los derechos humanos que han convertido a Israel, en términos del filósofo Jacques Derrida, en un estado canalla. 

 

 

Desde entonces, la limpieza étnica y el genocidio han sido la práctica habitual de un Estado nacido bajo el marchamo de ser víctimas ellos mismos del genocidio nazi. Los sufrimientos de los judíos en la Segunda Guerra Mundial han sido utilizados obscenamente por el nuevo Estado -teocrático y racial- sionista para acusar de antisemita a todo aquel que se oponga lo más mínimo a sus planes de rearme militar nuclear, de alteración del medio ambiente y de limpieza étnica. 

 

 

Han hecho emerger una tupida red de estructuras culturales financiadas generosamente para que el genocidio nazi no se olvide...con un cuidado y un esmero meticuloso en que no se descubra el suyo...con la complicidad de círculos culturetas repletos de  esnobismo que recrean una y otra vez las tropelías hitlerianas al mismo tiempo que airean su fantasma para señalar a los que les denuncian a ellos mismos como genocidas, como bien señalan pensadores judíos antisionistas.

 

 

Y los críticos con Israel han vuelto a caer en la trampa: la trampa de pedir la aplicación de la legalidad internacional que obliga  a Israel a retirarse a las fronteras aprobadas en 1947 como si estas fronteras fueran justas, sabiendo además que este estado canalla no sólo no se retirará, sino que buscará con la complicidad buenista de  plañideras occidentales  el completo exterminio étnico de los únicos semitas que existen en la actualidad: Los Palestinos.

 

 

Israel se sabe deudor por completo del Orden Mundial, son un engendro artificial invocado por creencias milenaristas tribales  cuya única razón de ser es el mantenimiento del estatus quo internacional. Hemos visto cambios de régimen en Rusia, en Latinoamérica o incluso en España, pero en Israel es impensable un cambio de eje sistémico: Es un estado artificial creado para mantener el orden actual internacional. Morirá con él... Este engendro no tiene nada que ver con Spinoza ni con Freud, ni con la epopeya mosaica, es un invento, otro más, de la sociedad del espectáculo. 

 

La propuesta del Sionista mayor del reino de la capitalidad de Jerusalén se mueve en estos esquemas de reconocimiento del engendro de 1947. 

La solución racional y democrática a este asunto es tan clara como lejana, tan evidente como imposibilitada (que no imposible) por la hegemonía militar y las plañideras progres de occidente: La solución es un único estado Palestino y LAICO. Nada de estados cuya legitimidad venga de asentamientos territoriales de hace miles de años ni mucho menos legitimidad religiosas, un Estado palestino totalmente laico con libertad absoluta de creencias, judías, musulmanas o cristianas, o las que sean. Y esto último me temo que tampoco es fácil por el lado palestino...

 

Israel: Estado teocrático, vulnerador de la legalidad internacional, violador de los derechos humanos, sin derecho sobre la tierra que pisa, falso heredero de la cultura milenaria judía a la que acabará suplantando y posteriormente exterminando precisamente al identificarse con ella,  como herederos que son de Hitler. 

 

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