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Ernesto Ladrón de Guevara
Miércoles, 27 de diciembre de 2017

BALANCE DE UNA SECESIÓN INCONCLUSA

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No haya la más mínima intención de unidad de acción para la defensa de la igualdad de todos los españoles y la unidad de los territorios de España, y predominen los intereses de partido sobre el bien común.

Señores. Así no hay solución posible.

Como dice Enrique Arias Vega, tras las elecciones catalanas del día 21, España está rota y lo peor es que aún no se sabe.

 

                Así es.

 

 

[Img #8418]

 

                Las elecciones catalanas no han servido para nada, salvo para que Ciudadanos haya dado el salto en la representación de los no nacionalistas. Pero, en el fondo ningún problema en el tema catalán y, en consecuencia, en la cohesión territorial de España, que es el problema de España, tiene a la vista una solución posible y efectiva. Todo sigue igual si no peor.

 

                Volvemos al estado de inicio. La situación sigue estancada y el bloque independentista impondrá la segunda fase del proceso de desconexión, puesto que este 155 deslavazado, frívolo y tenue, que ha culminado en unas elecciones que producen un escenario similar al que había antes, deja las cosas en estado de pausa, y con la previsión de que el “play” se active en cuanto se vuelvan a unir las fuerzas independentistas bajo el formato de un nuevo gobierno sin Puigdemont o con él.  ¿Y después qué? Pues después llegará la reforma de la Constitución y del Estado, para llevarnos a lo que llaman un Estado federal que en realidad tendrá forma de confederación. En fin…. un cachondeo.

 

                Aquí tenemos varias causas de este proceso a estudiar:

 

                En primer lugar, el adoctrinamiento y la aculturación de las masas para formar un imaginario colectivo que lleve a mucha gente a votar bajo el síndrome de la emoción, dejando a un lado la razón. Manejar las masas es relativamente fácil, sobre todo si a los que mueven los hilos del lavado de cerebro se les deja hacer a sus anchas, que es lo que ha ocurrido durante décadas.

                En segundo lugar, si España es un Estado débil, con un panorama constitucionalista fraccionado y dominado por los exclusivos intereses de parte, donde la Nación queda orillada y adquiere un interés subordinado. 

 

                En tercer lugar, como causa del anterior, si tenemos un sistema electoral que genera un producto antidemocrático que devalúa la calidad de nuestra democracia, donde los territorios tienen preeminencia sobre los ciudadanos a la hora de traducir los votos en representantes; donde el que gana las elecciones no puede formar gobierno si se alían otros que han perdido pero que pueden unir sus fuerzas para desplazar al ganador; donde el voto rural se sobrevalora por encima del urbano, etc. El resultado está a la vista.

 

                En cuarto lugar, donde el sistema jurídico ha perdido fuerza y se constituye en un elemento subordinado al poder de la calle y la sublevación del orden constitucional por las masas. En este estado de cosas la inseguridad jurídica rompe todos los equilibrios de convivencia y de progreso económico y se impone la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón.

 

                En quinto lugar, porque la idea de nación, para calificar a lo que es una trayectoria cultural e histórica de España, ha perdido fuerza para ser sustituida por entelequias tragicómicas como nación de naciones, que no tienen ningún rigor conceptual ni práctico, pues no pueden existir ideas excluyentes entre sí para definir una cosa. De esos lodos estos barros. Y gran culpa de todo esto lo tiene la izquierda en este país, aunque por otra parte la derecha es una cosa amorfa sin ningún sentido de Estado ni sustrato ideológico de ningún tipo.

 

                Con este devenir de situaciones acumuladas se producen hechos como que…

                Se aplique un 155 de medio recorrido que ha permitido a los que romper el orden jurídico y se constituyen en colectivo para delinquir que sigan campando a sus anchas por sus fueros.

                Se convoquen unas elecciones sin mayor análisis de previsibilidad y de resultados indeseados para la unidad de España.

                Se deje a la justicia y a los órganos ejecutores de ésta al píe de los caballos.

                No haya la más mínima intención de unidad de acción para la defensa de la igualdad de todos los españoles y la unidad de los territorios de España, y predominen los intereses de partido sobre el bien común.

 

                Señores. Así no hay solución posible.

 

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