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Luís Zapater Espí
Miércoles, 27 de diciembre de 2017
Desde México, Opinión para La Tribuna de Cartagena de Luís Zapater

LA IZQUIERDA ANTIFASCISTA: EL BRAZO ARMADO DEL CAPITAL INTERNACIONAL

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la ¨paz universal¨ que hoy gozamos en el mundo y la Declaración de Derechos del Hombre de la Asamblea General de la ONU de 1948, las tenemos gracias a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que no eran genocidas porque mataron japoneses fascistas

El asesinato del Caballero Legionario Víctor Laínez hace unos días por el “crimen” de llevar unos tirantes con los colores de la bandera nacional, ha traído a colación en prensa varios miles de mensajes aparecidos en las redes sociales de la izquierda radical en la que se justifica un delito que le ha costado una vida a un español a partir de la idea de que la muerte violenta de un ¨facha¨, ¨nazi¨ o ¨fascista¨ está justificada, sin que, curiosamente, haya habido ninguna actuación contundente respecto de estos mensajes de odio por una Fiscalía creada ad hoc para investigar presuntamente este tipo de crímenes, evidenciando el sesgo ideológico de la misma.

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Es evidente que la despersonalización de las víctimas, operada así, no solo por las bandas criminales de la extrema izquierda, sino también por los medios de comunicación y por las instituciones de esta pseudo ¨democracia¨ han promovido un medio ambiente social favorecedor y justificador de estos crímenes, que sin lugar a dudas irán a más por desgracia, a medida que la polarización política española aumente, dejando a una parte considerable de la población que aún se siente española en la más absoluta indefensión porque no se le reconoce el primero de los derechos fundamentales de las personas (establecido en el artículo 15 de la Constitución Española de 1978), tan cacareados por la élite política que ha sentado las bases del grave enfrentamiento civil de nuestros días.

 

Una de las causas que esgrime la extrema izquierda filo-terrorista para justificar el asesinato del ¨fascista¨ constituye una de las patrañas más infumables desde el punto de vista histórico: la eterna cantinela soviética de que el fascismo es el brazo armado del capital, frasecita que hoy repiten como imbéciles miles de españoles de cerebro lobotomizado. Pero como decía Lenin (y esto no es una frase de Goebbels, otra mentira de la ideología dominante), cuando una mentira se repite machaconamente millones de veces, acaba convirtiéndose en verdad.

 

Para empezar, una constante histórica es que ningún régimen político (sea fascista, demoliberal, o incluso comunista) puede llegar al poder sin apoyo económico, y aquí se percibe la mentira de base de los antifascistas: denuncian que los fascistas recibieron apoyo de algunos magnates de la industria y la banca nacional y ocultan que no recibieron, salvo contadas excepciones (como Henry Ford, multimillonario del sector automovilístico que apoyó a Hitler), apoyo del capital internacional, que los combatió porque el modelo económico de socialismo nacional que promovía el fascismo era un obstáculo para sus intereses de dominación mundial. El mito de un pueblo que sin apoyo ¨de los ricos¨ hace la revolución contra los ¨opresores¨ es una gran mentira de la ultraizquierda en la que creen millones de bobos a lo largo y ancho del planeta, y se desmiente fácilmente no solo viendo la génesis de la Revolución Francesa preparada por la gran burguesía contra el Antiguo Régimen, sino también leyendo las biografías de Marx y Engels; el primero recibió importante apoyo económico de la banca Rothschild; el segundo era un próspero empresario alemán que también financiaba a Marx cada vez que quedaba en la ruina. La familia de Marx por parte de madre, pertenecía a la alta burguesía alemana y estaba relacionada con la empresa eléctrica Philips. El mismo Marx, (revolucionario de salón y vividor, bebedor y mujeriego), le dijo en una carta a Engels en la que le confesaba que estaba arruinado, que había que empezar otra ¨revolucioncita¨ en otro lugar para poder volver a tener fondos.

 

Pero no solo los fundadores del marxismo fueron favorecidos por los grandes capitalistas de la banca mundial. El gran constructor del primer Estado socialista, Vladimir Ilich Lenin, consciente del desastre económico al que dio lugar en Rusia (con millones de muertos por hambre) la política económica marxista, tuvo que introducir políticas económicas capitalistas en la URSS a partir de 1921, recibiendo entonces toneladas de dinero procedentes de los bancos de Estados Unidos, y justificó el cambio de su política cínicamente para no reconocer el fracaso de los dogmas marxistas, diciendo que ¨en el socialismo hay que dar un paso a atrás para dar dos adelante¨. A partir de ese momento, la Standard Oil Company de John David Rockefeller, envió técnicos y capital para modernizar los campos petroleros de la Unión Soviética. El citado Henry Ford envió a la URSS 74.000 juegos de refacciones de automóviles y muchos técnicos; también la Arthur G. McLee Company de Cleveland, constructora de enormes plantas de acero en Indiana, envió ingenieros y peritos a Magnitogorsk. La famosa fábrica de tractores de Stalingrado no fue un logro arquitectónico del régimen soviético, sino que fue construida por cuatro grandes empresarios estadounidenses, y omito la larga lista de empresarios y banqueros para no cansar al lector.

 

Pero la prueba de fuego de la extraña amistad entre el capitalismo financiero mundial y el marxismo leninismo fue la II Guerra Mundial. Si el enemigo del capitalismo hubiera sido la Unión Soviética, entonces, lógicamente los ejércitos de Hitler y Mussolini habrían recibido apoyo no solo económico, sino también militar, de los Estados Unidos, cuando en realidad fue todo lo contrario; ¨había que parar al genocida Hitler¨, dice la historia oficial; pero entonces, si la élite política liberal y las potencias democráticas son el paradigma de la protección de las libertades democráticas, ¿por qué entonces no se movilizaron cuando la Unión Soviética intentó invadir Polonia en 1919? ¿Por qué tampoco actuaron con el ataque a Finlandia en 1939? A pesar de la invasión parcial de Polonia, a pesar de la invasión total de las repúblicas bálticas, con grandes lazos sociales y diplomáticos con Estados Unidos, y del intento de invasión de Finlandia, los gobiernos de Estados Unidos apoyaron a la URSS. Este hecho histórico innegable debería hacer reflexionar a tanto ignorante rayando la imbecilidad que repite las mismas mentiras de siempre, pero es mucho pedir a esta gente un mínimo ejercicio de reflexión.

 

De otro lado, existe otro hecho incontrovertible, aunque se oculte por los historiadores oficialistas, y es que desde que Alemania abolió el patrón oro para crear las bases de una económica verdaderamente socialista y nacional, se enemistó con todos los banqueros del mundo occidental, y de hecho Roosevelt, que no era más que un títere de éstos, buscó la declaración de guerra con Japón para ir contra Alemania, su verdadero enemigo, pues el modelo de economía socialista que creó Hitler y que consiguió el milagro del pleno empleo sin que se disparara la inflación (algo impensable en una país de economía capitalista liberal), era un peligro para los planes de esclavitud económica mundial que diseñó la élite banquera que hoy nos domina y nos enfrenta artificialmente entre nosotros gracias a las técnicas de manipulación masas en las que el recurso al eterno enemigo de la humanidad (esto es, a un fascismo ya inexistente desde 1945) es su pilar principal.

 

¿Hablamos de política social? Si contraponemos la política social de la Unión Soviética y de los países socialistas a la de la Italia y la Alemania de entreguerras saldrían los comunistas bastante mal parados, sobre todo con el hecho de que el principal genocidio por muertes de hambre lo practicaron los comunistas en la URSS (diez millones de muertos, cinco solo en Ucrania) y en la China de Mao causando cuarenta millones de muertes por inanición, mientras, por poner un ejemplo del otro lado, la política agraria de Mussolini permitió que la gran crisis económica de 1929 no golpeara al pueblo italiano como al resto del mundo occidental.

 

En definitiva, una constante de los países del llamado ¨socialismo real¨ antifascista es que destruyen la empresa nacional para acabar dependiendo de la banca internacional y las empresas extranjeras; esto puede percibirse hasta en un país tan autárquico como Cuba, privado de poder repartir entre sus ciudadanos los beneficios del turismo por su carencia de empresas privadas nacionales turísticas, mientras los extranjeros (como los hosteleros españoles de la cadena Meliá) se llevan los beneficios del mismo.

 

 

Hoy en día los antifascistas defienden toda la basura política y moral que permite la dominación de los pueblos: legalización de la marihuana, aborto libre (muy apreciada por un sector de la industria de cosméticos para mejorar sus productos), destrucción de la pequeña y mediana empresa nacional, eliminación del ejército (que permite avanzar en el plan del ejercito único a nivel mundial que desea el Nuevo Orden Mundial, preludio de la tiranía universal), erradicación de las manifestaciones públicas religiosas de la vida social, (preludio de una única religión universal), son genuinamente antifascistas. Hoy estos mensajes son lanzados por el multimillonario y especulador George Soros gracias a sus peones antifascistas.

 

La contraposición entre economía y valores ¨fascistas¨ y ¨antifascistas¨ daría lugar a otro artículo, si me lo permitieran los censores de este régimen para los que solo se puede usar la palabra ¨fascista¨ dentro de la ley si a continuación se coloca el adjetivo ¨genocida¨. Eso sí, la ¨paz universal¨ que hoy gozamos en el mundo y la Declaración de Derechos del Hombre de la Asamblea General de la ONU de 1948, las tenemos gracias a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que no eran genocidas porque mataron japoneses fascistas.

 

 

 

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