Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Manuel Parra Celaya
Domingo, 31 de diciembre de 2017
Opinión de Manuel Parra Celaya para La Tribuna de Cartagena

BUENOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

Guardar en Mis Noticias.

Vengo a proponer, en suma, el buen propósito para el Año Nuevo de instaurar un nuevo dos de mayo anímico y colectivo; o, si se quiere, el de que muchos españoles nos transmutemos en alcaldes de Móstoles, capaces de alzar el gesto y la voz ante las bayonetas, inmateriales, pero igualmente letales, del Sistema y sus consecuencias para la España de hoy.

 

Según una tradición inglesa, al comenzar el Año Nuevo se formula un buen propósito que ayude a superar algo de nuestro carácter, como si se tratara de una pequeña labor ascética para hacernos mejores. Los españoles, que somos algo más drásticos, tenemos en nuestro refranero el Año Nuevo, vida nueva, como una invitación a tirar por la borda todo lo anterior. Tanto en un caso como en el otro, la verdad es que esos retos formularios no suelen pasar del 1º de enero, para dejarnos llevar por la rutina de la vida vieja

[Img #8503]

 

 

 

 

 

                No creo que los buenos propósitos, tanto en su laxa versión británica como en la extremista hispánica, vayan a afectar al mundo de la política, porque esta -llamémosla piadosamente ciencia o arte- se mueve la mayoría de las veces por exigencias del guion, escrito por otros tras los bastidores, o a tenor de las circunstancias, escasamente previsibles en estos tiempos de liquidez (Bauman dixit); me temo que, en ese ámbito, se impondrá un más de lo mismo, como estamos viendo en Cataluña.

                Pero todo ello no nos tiene que llevar a un pesimismo conformista. Muchos españoles podemos hacer buenos propósitos -y cumplirlos- al filo de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, precisamente para influir sobre las circunstancias o modificar en algo el guion; en todo caso, no debe tratarse de esas buenas intenciones de las que se dice que está empedrado el infierno…

 

                El primer propósito en firme es vencer la tentación de la soledad, que nos lleva a suponer erróneamente que estamos solos en la idea y en el empeño, y preferimos guardarlos en nuestro almario como simple remedio para tranquilizar la conciencia y dormir cada noche. No es así. Hemos comprobado en estos últimos meses de vértigo como España, por encima de las instituciones, es capaz de vibrar por su supervivencia en unidad y somos multitud quienes no nos hemos conformado con la enemiga de los que la niegan o la mediocridad y tibieza de los que no atinan a defenderla.

 

                Rompamos el maldito tópico del ancestral individualismo y estrechemos lazos con aquellos que, acaso discrepando de cada uno de nosotros en lo accidental, coinciden en los valores esenciales de una Patria unida, en paz, convivencia, justicia y libertad.

 

                El segundo buen propósito es no aceptar más comulgar con ruedas de molino, ni tragar los sapos que, velis nolis, nos ofrezcan desde las pantallas de televisión, redes sociales o intervenciones parlamentarias. Nuestra capacidad de respuesta, mejor de contestación, debe hacerse en todo tiempo y lugar -wasap, tertulia, reunión, publicación…-, arrumbando ese respeto ajeno causado por la estúpida corrección política. Como decía aquel enardecido prólogo de Miguel de Unamuno en su Vida de don Quijote y Sancho o como reza una moderna canción juvenil: Hay que salir al aire

 

                El tercer buen proyecto para el Año Nuevo es ejercer de educadores; sin distinción de edades ni de profesión, ser capaces de aplicar una pedagogía del patriotismo que supla las deficiencias del aula, la distorsión televisiva o la manipulación propagandística. Sentar cátedra de españolidad, sin conformarnos con hacerlo de un ocasional y fácil españolismo.

 

                Y el cuarto, sin pretender agotar todos los buenos propósitos posibles, es el de ser consecuentes n nuestras actitudes cívicas (eso que se llama republicanismo, en el buen sentido de la palabra); a la hora de depositar la papeleta en la urna, de salir a la calle para manifestar en libertad nuestra adhesión a una iniciativa o nuestro rechazo a una alcaldada, a la hora de escoger compañero de viaje… En suma, dar testimonio con los hechos de lo que hemos sido capaces de decir con las palabras, de lo que hemos sentido en el corazón o pensado en nuestra mente.

 

                Vengo a proponer, en suma, el buen propósito para el Año Nuevo de instaurar un nuevo dos de mayo anímico y colectivo; o, si se quiere, el de que muchos españoles nos transmutemos en alcaldes de Móstoles, capaces de alzar el gesto y la voz ante las bayonetas, inmateriales, pero igualmente letales, del Sistema y sus consecuencias para la España de hoy.

                                                            

 

                                                                         

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna de Cartagena • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress