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Lara Farinós
Lunes, 1 de enero de 2018
El regalo más demandado en Cartagena a SS. MM. los Reyes Magos de Oriente

“Las batallitas del abuelo o… sus historias de Cartagena”

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Cartagena, de siempre ha sido una ciudad cosmopolita y adelantada a la España tradicional, marcando en ocasiones el destino del País. Un destino, que aunque algunas veces le ha sonreído, las más le ha castigado severamente por su atrevimiento.

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Son casi innumerables las veces que se ha visto  reducida a polvo y cenizas, las mismas que, como Ave Fénix se ha vuelto a levantar para sorprender nuevamente al Mundo.

 

En “Las batallitas del abuelo” acompañamos a Teucro en su exilio tras la guerra de Troya en busca de una tierra de acogida. Tierra que encuentra el fondo de una bahía guardada por la Isla de Hércules.

 

Desde esta tierra partirá Aníbal a la conquista de Roma con su ejército de infantes, jinetes y elefantes. Esto será aprovechado por Escipión “El Africano” que se hará con “La llave de Hispania

 

Cartagena, ciudad de santos y emperadores, verá como  con la marcha del Obispo, su futuro nuevamente se oscurece, pero su puerto acude en su auxilio una vez más  y, con el asentamiento de la Marina y la construcción del Arsenal vuelve esta ciudad  a liderar la Historia de esta región en todos los órdenes, industrial, científico, financiero y del pensamiento. Pensamiento liberal, como no podía ser de otra manera  en la ciudad de la Ilustración.

 

Ese carácter liberal hizo que por tres veces, Cartagena fuese el lecho de muerte de la Libertad en España: La primera asfixiada por el cerco de los Cien mil hijos de San Luis, venidos de Francia para devolverle el poder absoluto al rey absolutista Fernando VII; el “Rey Felón”.

 

Los cantonales soñaron un mundo adelantado a su tiempo, tan alto dejaron volar sus ideales que el miedo de la República primero y del monárquico  Pavía después, hizo que se tratase de borrar del mapa a los cantonales  y su cuidad a hierro y fuego. La Primera República murió en el Congreso de los diputados un 3 de enero. La Primera República Federal española  con sede  y gobierno en Cartagena lo haría diez días después.

 

Después de esta segunda defensa numantina de la Libertad, la ciudad había sido literalmente arrasada  y, nuevamente se levantó aún con más fuerza que antes  gracias  a la riqueza mineral de sus montes. Riqueza que se dejó ver en la reconstrucción de sus calles, floreciendo en los solares llenos de escombros, cicatrices de la aventura cantonal, preciosos palacios modernistas.

 

Pero no hay dos sin tres, dicen. Y el caballo alazán montado por la Guerra relincha en tierras africanas. Será Cartagena, el fiel de la balanza en esta historia, y  quien frenará al caballo blanco de la Victoria de los sublevados, dejando campear durante tres años por toda España  al corcel bayo de la Parca, hasta que el jinete de la Victoria  plantó los cascos de su blanca montura en el solar de Cartagena.

 

Aquí acaba sus historias el abuelo, unas historias llenas de luces y sombras y, posiblemente en este orden en la Historia. Después de ser machacada por dos veces en  una sola vida de cualquiera de sus hijos, estos, cansados y exhaustos de luchar se olvidan de sus sueños, se olvidan de su sueño; Cartagena.

 

El abuelo decide no dejar pasear en sus historias al jamelgo que faltaba; el penco negro del Hambre. Por eso “Las batallitas del abuelo. O… Sus historias de Cartagena” se disuelven  en el aire al tiempo que lo hace la última nubecilla de pólvora de nuestra guerra aquel marzo del 39.

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