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Manuel Parra Celaya
Domingo, 14 de enero de 2018
Opinión de Manuel Parra Celaya para La Tribuna de Cartagena

RELIGIÓN SIMPLIFICADA: DEL TRES AL UNO

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El problema es que al nacionalismo separatista no es una ideología política, sino una pseudorreligión, o, si se quiere, una religión secular más en el panorama. Como tal, tiene sus dogmas, que se aceptan o no, sin más extremos, pero, si se somete uno a su bautismo, tiene la obligación de seguir ciegamente este credo. No hay ni que decir que no presenta ni por asomo un ápice de intento racionalizador, al modo de un Santo Tomás o un Ratzinger

 

              [Img #8836]  Sabemos que el tres en el número sagrado por excelencia, y de esta cualidad se han hecho eco todas las ciencias y pseudociencias, cosmovisiones, sistemas filosóficos y religiones desde la Antigüedad.

 

                Descendiendo al campo de la política, las invocaciones ternarias han venido definiendo ideologías y revoluciones, a modo de eslóganes populares; así, el Libertad, Igualdad, Fraternidad de la Revolución Francesa, lanzada como masónica panacea universal y en la que siguen creyendo algunos ilusos; o el Servicio, jerarquía, hermandad, como respuesta de nuestro Ramiro de Maeztu a lo anterior y propuesta de la conducta del caballero cristiano; el fascismo atrajo a los italianos con su Creer, Obedecer, Combatir, y, por su parte, el nacional-socialismo alemán invocó a un jefe, un pueblo, un Estado, que se parece sospechosamente a lo que claman las masas del separatismo, una vez que se hayan puesto de acuerdo Puigdemont y Oriol Junqueras.

 

                La Falange expuso su lema de Patria, Pan y Justicia, más que como grito atractivo propagandístico, a modo de intencionalidad de logros en la sociedad española, aún pendientes; y, para no alargarnos, dando un salto en el tiempo y adentrándonos en Cataluña durante la Transición, las muchedumbres coreaban un Libertad, Amnistía, Estatuto de Autonomía, con el feo ripio incluido, cosa que ahora les suena ajeno y trasnochado a los supervivientes de aquellas manifestaciones y a sus hijos y nietos, naturales o legítimos, educados en la manipulación y el sectarismo en sus aulas.

 

                En la actual coyuntura, los secesionistas no han tenido la originalidad de proponer una trilogía de aspiraciones como consigna popular y han dejado resumida su esperanza a un solo grito: Independencia, que, aunque se repita tres veces, o un millar, resulta poco musical y bastante cacofónica. A esto se resume todo su programa, sin número sagrado que valga, idea fija en la que no hacen mella ni, por supuesto, las razones jurídicas y legalistas de Rajoy, las económicas de Borrell, el clamor de la otra parte de la sociedad catalana y del resto de españoles, y la rechifla general de Europa.

[Img #8833]

 

 

                El problema es que al nacionalismo separatista no es una ideología política, sino una pseudorreligión, o, si se quiere, una religión secular más en el panorama. Como tal, tiene sus dogmas, que se aceptan o no, sin más extremos, pero, si se somete uno a su bautismo, tiene la obligación de seguir ciegamente este credo. No hay ni que decir que no presenta ni por asomo un ápice de intento racionalizador, al modo de un Santo Tomás o un Ratzinger.

 

                Esta y no otra puede ser la causa de que los numerosos sacerdotes y prelados que se han decantado, histórica y actualmente, por el separatismo catalán, hayan tenido y tengan serias dificultades por mantener una posición católica, esto es, universal, y les cueste bastante poner a Dios por encima de su ensueño de la Arcadia Independiente de Cataluña, como Paraíso Terrenal sin asomo de pecado original. A veces, sospecho que estos clérigos conforman una especie de herejía dentro de la Iglesia, a la que se empeñan en dividir políticamente como ya lo han hecho con los fieles de a pie.

 

                Sus ceremonias también tienen algo de rito religioso: manifestaciones con velas, a modo de procesiones (que ponen perdidas de cera las calles), ritos funerarios con antorchas, emociones colectivas, que llevan incluso al llanto, y un cierto aire de cruzada, en el que la palma en las vestiduras es sustituida por el lazo amarillo.

[Img #8834]

 

 

 

 

                La última (mejor, penúltima) ha sido un vídeo que me ha llegado por Internet, en el que, para acabar una representación navideña escolar de Els Pastorets, tras caer el demonio por la trampìlla con la llamarada habitual y el triunfo del ángel, asciende una sagrada urna, una de las que se colocaron el 1-0 y desciende majestuosamente del techo una estelada luminosa, mientras se escucha el Aleluya; no me ha costado mucho aceptar la verosimilitud del hecho, pues hay antecedentes sobrados, como aquella sagrada urna, el día de marras, situada en una iglesia y cuyos votos se contaban mientras el sacerdote celebraba la Eucaristía.

 

                No parece existir para el mundo separatista otra redención que la repetida independencia; por ello se repite como un mantra, sin que sea posible ninguna argumentación que les distraiga en sus rezos.

 

                En la actualidad, sus mesías parecen estar un poco lejos (Bruselas y Estremeras). ¿Puede darse un cierto cisma entre ellos? No lo creo, pues quienes ofician de acólitos ya están poniéndose de acuerdo a marchas forzadas, férreamente unidos en la erradicación del maligno. Lo grave es que este maligno -que parece residir en La Moncloa- solo plantea tentaciones económicas y amagos de castigos infernales jurídicos.

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