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Redacción de La Tribuna de Cartagena
Sábado, 13 de enero de 2018

Placa en recuerdo de las casi 500 personas que murieron en la voladura del Parque de Artillería

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Hace unos días, el día de Reyes concretamente, alguien pegó una placa en el “armario de herramientas” de hierro oxidado en que se ha convertido el antiguo monumento al general López Pinto que, por esas cosas de la Ley de Memoria Histórica se vio despojado del busto del militar, perdiendo cualquier sentido el citado monumento, a excepción de su uso como almacén.

[Img #8838]

 

La lápida, hecha con la tapa de corchopan blanco de una caja de pescado a la que le pegaron una cartulina simulando un mármol clavado con pernios de bronce al monolito huérfano de sentido, ha permanecido allí pegada hasta el día de ayer 12 de enero, ¡el último día del Cantón!

Como estos últimos días, cuando pasaba por la puerta del Parque de Artillería, me sorprendía ver que ahí seguía, a las puertas de un edificio público y en medio de la calle. Ni el vandalismo que incita a algún enfermo de idiotez a destrozar nuestros bienes comunes, ni el posible deber de las autoridades de limpiar un bien público afectaron al “mármol”. Pero ayer al acercarme al monolito, de lejos vi que ya no estaba. Conforme me acercaba, buscaba rastros del corchopan, posiblemente destrozado, no encontré ninguna explicación. Me paré frente al hierro para investigar si la tapa de caja de pescado había sido arrancada y descubrí que en lo más alto, en lo que un día sostuvo el busto de López Pinto, estaba la placa. Seguramente el pegamento, debido a la humedad y los cambios de temperatura había cedido y alguien la recogió del suelo y la puso ahí. Para que no se perdiera.

 

Toda esta historia me hace pensar y reflexionar sobre el porqué de la efímera vida de esta placa.

 

Realmente es de justicia que las más de 400 víctimas inocentes de la recién inaugurada, en 1874, Restauración. Tengan un recuerdo y un sitio en los corazones de sus paisanos de hoy en día.

 

No deja de ser curioso que la placa aguantase lo mismo que aguantó el Cantón y, que fuese ella misma la que se dejó vencer. Pero lo más importante de esta experiencia es que, lo que sin duda ha inspirado esta placa, tanto a los ciudadanos como a los responsables municipales del edificio del que el monolito guarda su entrada, es RESPETO.

 

Todo esto me llega a asegurar que, ya están tardando las autoridades municipales en poner una placa de bronce, pero de las de verdad y para rematar el monolito, en la repisa donde encontré el corchopan, donde descansaba antaño el busto de López Pinto, se podría poner o una alegoría a la Libertad de pequeño tamaño de bronce, o un pebetero que arda desde el amanecer del 26 de noviembre hasta el 12 de enero de cada año (días que duró el bombardeo centralista)

 

Ideas aparte. La idea que queda clara, es que, es inexcusable que no atiendan nuestras autoridades esta reivindicación ciudadana, además de no haber rendido antes, el tributo que merecen estos mártires cartageneros de la Libertad.

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