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Ernesto Ladrón de Guevara
Martes, 23 de enero de 2018
Opinión de Ernesto Ladrón de Guevara para La Tribuna de Cartagena

QUÉ SUCEDE EN ESPAÑA PARA QUE SE PRODUZCAN DISPARATES INCOMPRENSIBLES

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El relativismo moral es el fundamento ideológico del Nuevo Orden Mundial, para mantener la ficción del actual simulacro democrátic

[Img #9011]Sigo la tesis de que cuando en política emergen disparates incomprensibles, hay gato encerrado.

Algunos de esos disparates que impiden que nuestro país sea una gran nación a la altura de las más prósperas son, a mí entender los siguientes:

 

      1.-  Un sistema educativo endiabladamente absurdo que ha fracasado estrepitosamente desde la educación infantil a la universidad, como lo prueban los diferentes análisis internacionales comparados, que nos sitúan en la cola de los países de la OCDE.

 

A pesar de la evidencia incontestable de su fracaso, ningún partido en España con representación parlamentaria se propone su modificación.  Un análisis profundo de las causas de esa caída de credibilidad de nuestro entramado de enseñanza llevaría indefectiblemente a su reforma, y no se hace pese a los balances inapelables de fracaso escolar.

Se dice que se camina hacia un pacto educativo, pero mucho me temo que para que ese pacto se produzca tendrá que continuar el paradigma mantenido por el eje socialismo-nacionalismo secesionista que está, no solamente desvertebrando España, sino tirando por la borda las posibilidades de desarrollo cultural, humanístico y económico de nuestro país.

 

Como se sabe España no es una nación con materias primas ni fuentes de energía consolidadas; y cualquier planteamiento de progreso ha de nacer de los recursos humanos y de su formación. Ningún enfoque acertado de lo que ha de ser la educación ha de partir, de forma exclusiva, de la formación  tecnológica, sino que esta debe estar precedida de un enfoque antropológico, humanístico. Y este enfoque debe partir a su vez de los pilares en que se sostiene nuestra civilización occidental. Es decir, no ha de arrumbar los principios morales que dan fuente a nuestro sentido de ser como sociedad occidental, sustituyéndolos por otros foráneos o relativistas, sino afianzarse en nuestro espíritu judeocristiano que da origen y forma a nuestra auténtica forma de ser. Sin ello vamos a la deriva, que es, ni más ni menos lo que está ocurriendo.

 

Resulta absolutamente inexplicable, por ejemplo, que nuestros jóvenes investigadores no encuentren apoyo de nuestras administraciones públicas y tengan que desarrollar su carrera fuera de España, enriqueciendo patentes de esos países receptores, y de la ciencia precursora de avances en todos los órdenes y desarrollo humanístico Y aquí mientras tanto nos empobrecemos de cerebros y dejamos todos los baluartes económicos en manos del monocultivo turístico.

 

Cuando España está abajo, arrastrada por la corriente desintegradora de un tribalismo cavernícola que se disfraza de progresismo, es que estamos al servicio de oscuras disciplinas iluministas.

 

 

      Guillermo Andreu, un intelectual argentino que ahonda en las causas del acelerado proceso degenerativo en el que se sumergió Argentina en manos del populismo de la Kirchner dentro de la corriente peronista cuyo aprendiz más notable, en forma de caricatura extrema, es el chavismo, dice; “El relativismo moral no es una causa, sino una consecuencia de una acción premeditada por el control y manejo del poder. Tampoco es un error de los <<intelectuales bárbaros>>, sino una maniobra psicopolítica que deposita en los detentadores del poder el manejo moral de la sociedad”.

 

 

“Si yo puedo decidir lo que es moralmente bueno y lo que es moralmente malo en una sociedad y a su vez puedo cambiarlo a mi antojo según las circunstancias, yo tengo el control sobre la conciencia de la sociedad. Y por ende, el control social total sobre los hombres”.

 

 

¿Y qué hacer para afrontar la conspiración del relativismo moral?  Sólo queda plantear la batalla de la libertad desde “el orden natural de los valores”.

 

 

El relativismo moral es el fundamento ideológico del Nuevo Orden Mundial, para mantener la ficción del actual simulacro democrático.

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