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Redacción La Tribuna de Cartagena
Jueves, 25 de enero de 2018
Soledad Román, autora de No es tiempo para sueños

Soledad Román : “A veces tenemos que renunciar a ciertas cosas para ser felices"

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La escritura es una manera de desconectar de los problemas, la rutina, el trabajo, en fin, desconectar del mundo y de pasar el tiempo libre. No todo el mundo puede vivir de ello y tienen que escribir en sus ratos libres y tomarse la escritura como una vocación en la que disfrutan enormemente. Si tu pasión es escribir, nunca dejes de hacerlo, tengas la edad que tengas, porque al fin y al cabo, la profesión de escritor, por suerte, no tiene edad de jubilación. Soledad Román Collado (Sevilla, 1957) acaba de estrenarse como escritora de la novela No es tiempo para sueños a sus 62 años y asegura que se considera “mayor” para ser una escritora novel. Sin embargo, hay que recordarle que escribir no tiene edad, ya tengas 15 años  o 60. Eso sí, desde muy niña siempre tuvo claro que le encantaba escribir y nunca dejaría de hacerlo a pesar de haber estudiado empresariales y dedicarse a ello, porque de algo hay que  vivir. De la literatura solo viven unos cuantos privilegiados.

 

Soledad nació en Cartagena pero cuando apenas tenía un año y medio se marchó a Valencia y después a Sevilla donde hizo su vida. En la actualidad vive en Barcelona, pero todavía recuerda el olor a mar de la ciudad portuaria y sobre todo, la libertad que le aportaba esta pequeña ciudad cuando regresaba en verano a ver a sus abuelos. Quizás por este motivo, decidió ubicar su novela en Cartagena, un lugar donde experimentó lo más apreciado de esta vida, la libertad.

 

La novela No es tiempo para sueños  ambientada en Cartagena en 1926, como la vida misma, relata a qué tienes que renunciar para conseguir lo que realmente quieres o quieres ser. Un tema universal en el que la protagonista, Concha, tendrá que decidir entre la falsa felicidad o la verdadera felicidad.

 

 

El libro lleva menos de un mes en las librerías y ya ha vendido más de 1.000 ejemplares. Y es que ya lo dice el dicho. Nunca es tarde si la dicha es buena.

 

En febrero presentará su novela en Cartagena.

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-No es tiempo para sueños es su primera novela, ¿qué relata esta historia?

 

No es tiempo para sueños  relata de las dificultades y avatares que se encuentra una chica de 16 años en 1926 en Cartagena, cuando decide comunicarle a su familia que ella desea seguir estudiando y no quiere seguir el plan familiar.

 

No es una novela feminista ni tampoco pretendo hablar de la mujer de aquella época, simplemente es una historia que podría haber ocurrido en cualquier época. Ahora o dentro de 30 años. La novela, como la vida misma, narra a qué tienes que renunciar para conseguir lo que realmente quieres o quieres ser; en la vida siempre hay que hacer renuncias y prioridades. A veces tenemos que renunciar a ciertas cosas para ser la persona que realmente queremos ser.

 

Está claro que las dificultades de aquella época son diferentes a las de ahora, pero todos nos encontramos con que tenemos que hacer renuncias y hasta qué punto estas dispuesto a renunciar a cosas o gente.

 

-Anteriormente ya habías escrito otros relatos, pero todavía no habías dado el paso a escribir tu primera novela. ¿Cómo nace la idea?

 

Inicialmente escribí un relato corto que daba el pistoletazo a este libro y  la directora me dijo que este relato estalla por las costuras. Por lo que al año siguiente decidí comenzar la novela.

 

-Viviste hasta el año y medio en Cartagena, pero a penas tienes recuerdo de la ciudad trimilenaria ¿Por qué decidiste que el escenario principal de tu novela fuera Cartagena?

 

Me llevó ahí por casualidad. Al ser un recuerdo tan lejano quizás me sentí cómoda ubicándolo en un sitio cercano y lejano a mí a la vez.

 

He cogido la realidad y como cualquier personaje, Cartagena era uno más, un trasfondo que también de alguna forma he desfigurado y he adaptado a la novela.

 

Para documentarme sobre la ciudad cogí el callejero y estaba la plaza de la Merced. Una plaza muy popular en aquella época y la he utilizado bastante adaptándola a las necesidades de aquella época.

No sé como acabé en Cartagena, quizás la esencia de una ciudad pequeña en la que todo el mundo se conoce y desconoce me llevo ahí.

Lo cierto es que 1926 es una época apasionante en Cartagena. Los problemas con la minería o los problemas de emigración en la que la gente se marchaba a Barcelona. Murcia era una de las provincias que peor nivel de vida tenia de España. Esta novela me ha permitido adentrarme en esta época.

 

-Volviste muchos veranos a Cartagena, ¿no?

 

Si, mis abuelos vivían allí y fui bastante. He salido del armario como escritora y cartagenera. Me gusta reivindicarlo ya que mucha gente desconocía que había nacido en la ciudad portuaria.

 

-El libro se remonta a 1926, ¿por qué esta época y no otra?

 

Porque ese año nevó en Cartagena y así quería que terminara ni novela, nevada. Me gustaba ese escenario blanco.

 

Me documenté y ví que  España cerraba la guerra de Marruecos. Una época en la que en la trimilenaria entraban y salían con dirección a la guerra de Marruecos y cuando se cerró la guerra el día de Navidad de 1926 nevó.

 

¿Qué es lo que más le gusta de Cartagena y qué recuerdos tienes de los veranos que regresabas?

 

La libertad que tenía en Cartagena no la tenía en Sevilla. Aquí tenía una prima que era mayor que yo y al ser una ciudad pequeña te dejaban moverte por la ciudad. Esa autonomía cuando eres pequeño me encantaba. También tenía el mar cerca, el puerto. Todavía tengo la luz de Cartagena en la cabeza, es una ciudad muy acogedora.

 

Una de las cosas que hago en la novela es hablar continuamente de la temperatura de la ciudad, su olor, salitre, el mar, su cielo es más azul que en otras ciudades. Aún tengo grabado el olor a mar.

 

-La protagonista de esta historia es Concha, ¿cómo nace este personaje y por qué Concha y no otro nombre?

 

Lo elegí por azar, hay muchos nombres.

Su apellido es Estrada es por mi familia materna y su nombre, Concha porque para mí era un nombre familiar pero realmente no me inspire en nadie.

 

Concha quiere estudiar magisterio en una época en la que esta profesión socialmente no es interesante y las maestras no estaban bien vistas porque tenían una vida pobre y bastante difícil. Antes estudiar magisterio era bajar de categoría social.  Sin embargo, Concha quiere ayudar a los demás y lo enfoca desde otro punto de vista diferente. Quiere averiguar quién es ella; que es lo que quiere;  hasta que punto su familia es la que ella creía; quienes son las personas que la apoyan y quieren; qué es para ella el amor y qué es el amor incondicional.

 

En la novela, su abuela la apoya y la ayuda a encontrarse a sí misma. Mientras que su padre no tiene en cuenta lo que ella quiere porque quiere una posición social mejor para ella. Llegados a este punto, Concha tiene que decidir qué es mejor para ella, un trabajo con buen estatus, su amor incondicional o lo que realmente le proporcionara la felicidad.

 

-¿Por qué se habla de ‘falsa felicidad’?

 

Porque pensamos que la felicidad esta en determinadas cosas como conseguir más dinero, un determinado amor  o tener algo y luego te das cuenta que lo que a ti te hace feliz no es eso. Darte cuenta de eso te lleva a una desilusión porque has conseguido lo que querías pero te has dado cuenta de que no te da felicidad.

 

Concha en el fondo cree que la relación con el chico que le gusta le va a hacer feliz y que el máximo que ella puede alcanzar de felicidad es estar con ese chico. Sin embargo,  poco a poco se da cuenta que una cosa es quererlo y otra cosa es poner la felicidad exclusivamente en una persona.

 

-A penas lleva un mes en el mercado su novela y ya tiene más de 1.000 compradores. ¿Esperaba tanto éxito?

 

Me he quedado bastante sorprendida del buen éxito.

Estoy muy contenta por el feedback de los primeros lectores. He conseguido llegar a un gran público. Dentro de mí había una idea de que la novela tenía que llegar a los lectores desde el principio y engancharlos.

 

 

" Pensamos que la felicidad esta en determinadas cosas como conseguir más dinero, un determinado amor"

 

-¿Cuánto tiempo ha tardado en escribir No es tiempo para sueños?

Entre una cosa y la otra casi seis años. Tardé cuatro años en escribirla y luego un año y medio en reescribiendo y rehaciendo el borrador.

 

-¿Tiene en mente otra novela?

 

Sí, estoy con la segunda novela. Aprendí de los errores de la primera para cómo escribir un libro. Cada vez que te pones a escribir una novela rectificas tu compromiso con la literatura. Al conocerme un poco más puedo acortar un poco más el tiempo.

 

Empecé hace tres meses con esta obra.

 

-En qué época y lugar la ubica.

 

En 1940 cuando terminó la Guerra Civil. Una época muy lejana pero interesante. Esta vez la ubico en Alicante y Madrid, me estoy documentando sobre estos lugares. Me roba tiempo pero me encanta porque aprendo. Es un regalo que me hace ser escritora, el aprender de zonas geográficas, tiempo, el pasado.

 

-¿Siempre soñó con ser escritora?

 

Si, desde que tengo uso de razón. Lo único que tenía claro desde pequeña que quería escribir y mi padre me dijo te teníamos que haber dejado que fueras escritora.

Estudié empresariales porque venía de una familia que había estudiado ingenierías y ciencias.

 

 

-Nunca es tarde si la dicha es buena, ¿por qué se considera ‘mayor’ para una profesión que no exige edad?

 

Reconozco que soy mayor pero afortunadamente uno escribe cuando le llega el momento y cuando está preparado para hacerlo.

 

He escrito toda la vida y me ha gustado escribir. Pero una cosa es escribir para mí y otra cosa es dar el paso importante y mostrar lo que escribes a los demás.

 

Los límites nos los ponemos nosotros y no importa la edad que tengas, hay que ir a por los sueños.

 

 

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