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José Luis Sánchez Anderu
Sábado, 27 de enero de 2018
27 de enero ¡Alante toa!

LA REBOTICA DE LA GLORIOSA

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[Img #9075]Naturalmente que tal día como hoy, pasaron cosas en el Mundo y en Cartagena. Quien tenga en su poder mi libro “Sucedió en Cartagena” así se lo puede certificar. Pero hoy quiero contar una historia en la que todos podemos contribuir, porque si es necesario, entre todos tendremos que escribir el final de esta historia.

 

LA REBOTICA DE LA GLORIOSA

 

Una galera esperaba a la puerta de la casa de campo que los Spottorno tenían en La Palma. Era una noche de agosto de aquel 1867. Se abrió la puerta de la casa a oscuras y dos figuras salieron entre las sombras, rápidamente subieron al carro que con el arre del cochero, echó a andar por el pedregoso camino que les llevaría a Cartagena.

 

Hombre de ojos tristes, tez amarillenta, labios finos  y descoloridos, barba ni rala ni poblada, pero bien recortada, buena estatura y complexión fuerte. Juan Prim había tenido que huir de Valencia donde una vez más en su vida, había intentado sublevar al ejército en contra de los borbones. Y nada más y nada menos que; levantando al Regimiento de Borbón.

 

Durante unos días, huido al semillero del liberalismo español: Cartagena, se había escondido en esa casa de campo, a la espera de que su amigo el industrial cartagenero Rolandi Barragán le consiguiera un medio para salir de España.

 

Una vez en Cartagena, la galera avanzaba lentamente por sus calles, hasta que llegó a  la del Aire, dejando oír en el silencio espeso de la calurosa noche, los cascos de la bestia que tiraba de ella. Sin parar la marcha, a la altura de la iglesia de Santa María de Gracia, la portezuela se abrió y Prim, apretando la mano de su acompañante a modo de despedida, sin mediar palabra  abandonó el transporte.

 

La esbelta figura del General avanzó por la oscura y estrecha calle Medieras, cuando pasaba por la puerta del palacio de Escaño, a pocos metros de él, casi al final de la calle, se abrió una puerta y salieron dos hombres, mientras uno daba tres zancadas para llegar a la esquina con la calle Mayor y comprobar que estaba desierta, el otro aguardaba junto a la puerta abierta con una mano en el picaporte y la otra aplanando  el aire para dar tranquilidad a su huésped.

 

Entró Juan Prim vestido de labrador en la trastienda de la farmacia de su amigo Eduardo Picó. Y tras de él, los dos hombres que le habían estado esperando.

 

La amplia rebotica  contenía cientos de bellos y lujosos tarros de fina porcelana decorados con multitud de formas y colores, y en su cara más noble, un nombre advirtiendo de su contenido. Todos ellos perfectamente ordenados por “colecciones” en unas estanterías de madera talladas de Pino del Canadá, simulando columnas y arcadas  góticas.

 

Esa rebotica fue testigo de la frustración y rabia de Prim, tras el fracaso de Valencia, también de su preocupación para poder escapar de la justicia y exiliarse al extranjero para seguir luchando contra los borbones. En aquellos días que el General permaneció al cuidado de los liberales de Cartagena, la idea de “La Gloriosa” impregnaba todas las dependencias de la vetusta farmacia que había sido siempre frecuentada por las fuerzas vivas de la ciudad desde que allí se creara la “Sociedad de los Burros”, además de políticos de primer nivel nacional como: Manuel Ruiz Zorrilla, Gaminde, Milans del Bosch, Topete y muchos otros.

 

Al fin, una noche propicia para la navegación, Prim embarcó en una falúa de pescadores rumbo de Orán. De ahí llegaría a Inglaterra, en donde permaneció hasta que a bordo del vapor Buenaventura partió de Londres para reunirse en Cádiz  con nuestro paisano Juan Bautista Topete, que estaba al mando de la Armada. Allí leyó Topete el manifiesto “España con honra” y de allí partió la flota sublevando la costa mediterránea. Y cómo no, Cartagena y su rebotica estaban en el itinerario del general Prim, camino de su Cataluña natal. Rebotica en la que se cree que se fraguó en buena medida la Revolución del 68; La Gloriosa, y en la que en esta escala de la Flota, además de elegir a los miembros de la Junta revolucionaria.  Prim, Zorrilla y sus ilustres acompañantes explican sus ideas de futuro para España; pensamientos  que serán recogidos en la Constitución Española de 1869.

 

Pues bien, esta historia podría escribirse con mayúsculas o dejar que languidezca hasta convertirse en anécdota. De todos nosotros depende. Hay veces que poder vivir la historia allí donde se produjo, vale más que mil libros hablando de ella. Y de ese sitio. Donde el azote de los borbones esperó su oportunidad, para escapando de la muerte, golpear una última vez a una monarquía moribunda. Es del sitio que hoy quiero hablar.

 

Hace unos días me llegó una noticia inquietante, a la vez que esperanzadora. Inquietante porque está en manos de nuestros políticos municipales que esto llegue a buen puerto, y esperanzadora porque aún tenemos tiempo de abrirles los ojos y hacerles ver la maravilla que pueden dejar escapar.

 

Hace algún que otro lustro, antes de que Cartagena se convirtiera en la ciudad europea con más casco histórico destruido desde la Segunda Guerra Mundial. Se levantaba en la esquina de la Calle Mayor y Medieras un bello edificio de mediados del siglo XIX. Con puertas de cristal a ambas calles. Nuestra botica te recibía blanca, impoluta, sobre el suelo de mármol, una gran mesa con patas de león y tabla también de mármol blanco, dominaba la estancia, en la que las paredes estaban cubiertas de estantes y anaqueles encuadrados por columnas y arcadas talladas en madera y todo ello pintado en un blanco que, con el tiempo se tornó marfil, además capiteles y algún elemento decorativo más estaban dorados. En el techo, una pintura de Wssell de Guimbarda te invitaba a imaginar la inmensidad de espacio en esa bóveda celestial que se abría detrás de la escorzada figura de Galeno.

 

Este bello edifico fue vaciado, despojado de su Alma y reconvertido, como muchos otros, y muchos otros que aún esperan ser algo, de los que solo quedan sus fachadas desafiando a la Ley de la gravedad.

 

Afortunadamente la Rebotica se salvó, se consiguió desmontarla y volver a montarla en otra farmacia que, hasta el próximo 28 de febrero, parece tener la obligación de velar por ella, hasta que la autoridad municipal se haga cargo de todo este rico patrimonio.

 

Expirado este plazo, este símbolo de la Cartagena liberal, este trozo de la Historia de España, pasará a manos privadas que podrán disponer como ellos estimen conveniente tanto de los muebles y estanterías, como de los objetos: tarros, herramientas, documentos…

 

Naturalmente este tesoro tiene otros novios, no muy lejos de Cartagena. Curiosamente, parece que el Gobierno Regional de todos, podría aportar el dinero necesario para su traslado allá. Pero…  ¿y aquí? ¿Va a poner la CARM algún euro en dejar el Patrimonio de Cartagena en Cartagena?

 

Señores responsables del Patrimonio de Cartagena. el momento de actuar es ¡ya! no se puede perder ni un segundo. Como se dice vulgarmente: ¡Esto es parto!

 

Por facilitar un poco las cosas, propongo la destartalada planta baja del Palacio Molina como sede de la reproducción de la “Rebotica de La Gloriosa”.

 

 

 

 

.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1861 fue puesto al mando del cuerpo expedicionario español enviado a México, en colaboración con fuerzas francesas y británicas, para obtener del gobierno de Benito Juárez el pago de las deudas pendientes; la presión militar impulsó al gobierno mexicano a entablar conversaciones sobre la deuda, que culminaron con la firma del Convenio de la Soledad (1862).

 

Sin embargo, al descubrir que Napoleón III pretendía aprovechar aquel pretexto para derrocar a Juárez e instaurar en su lugar a Maximiliano I como emperador de México, Juan Prim decidió por su cuenta retirar sus fuerzas. Aunque las autoridades españolas ratificaron su postura, el desacuerdo con O'Donnell llevó a Prim a abandonar la Unión Liberal y, ante la enemistad que había suscitado en la opinión conservadora por no alinearse con los enemigos de Juárez, regresó a las filas progresistas.

 

Desde entonces conspiró continuamente para derrocar a los gobiernos moderados, e incluso a la propia Isabel II, que los amparaba: intentó un fallido desembarco en Valencia (1865); organizó la sublevación del Cuartel de San Gil (1866); promovió el Pacto de Ostende entre progresistas y demócratas (1866), al que se sumaron los unionistas tras la muerte de O'Donnell (1867). Y, finalmente, lanzó la Revolución de 1868, en colaboración con Sagasta, Serrano, Ruiz Zorrilla y Topete. Prim participó en el pronunciamiento inicial en Cádiz y marchó luego a sublevar Valencia y Barcelona, antes de hacer su entrada triunfal en Madrid, ya destronada la reina.

 

 

Se creía que Juan Prim y Prats murió en Madrid el 30 de diciembre de 1870 tres días después de ser víctima de un atentado. Sin embargo, según los resultados llevados a cabo en los meses de enero y febrero de 2013 por la Comisión Prim, presidida por el doctor Francisco Pérez Abellán, Director del Departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela, Prim habría sido rematado por estrangulamiento tras el atentado. La Comisión aseguró que «los surcos del cuello, compatibles con una posible estrangulación a lazo encajan en una necesidad de los asesinos de Prim de no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza como su fortuna de salir indemne»

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