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Manuel Parra Celaya
Domingo, 28 de enero de 2018
Opinión de Manuel Parra Celaya para La Tribuna de Cartagena

MIS DUDAS SOBRE EL SILENCIO

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La cuestión del separatismo forma parte de un problema más global y hondo, que designo con la denominación de problema de España -aunque no sea privativo de nuestro solar como vemos a diario- y del que vinieron tratando históricamente, desde distintas ópticas, Ortega y Gasset, Madariaga, José Antonio Primo de Rivera, Américo Castro, Sánchez Albornoz, Laín Entralgo, Calvo Serer…

[Img #9112]Estoy viajando en el AVE Madrid-Barcelona, en un vagón que no es precisamente silencioso: un niño llora en los brazos de su madre, dos personas comentan en voz alta sus problemas y varios pasajeros tiran de móvil para dar instrucciones sobre sus negocios; me enfrasco de la lectura de La Vanguardia, que, al parecer, insiste en el día de hoy en una duda casi hamletiana: callar o no callar sobre la murga que nos está dando el Sr. Puigdemont en su peregrinaje por las ciudades europeas, poniendo en tensión los nervios de propios y ajenos y propiciando motivos de reflexión al Fiscal.`

 

[Img #9110]Vean ustedes: en la sección La Mirilla, sin firma, se escribe sobre la asistencia de Rajoy, de la señora Santamaría y del ministro de educación a un acto cultural; el texto concluye con dos horas y media sin hablar de Cataluña. Paso las páginas y el artículo Cambiar de tema, de Laura Freixas, termina así: …Pienso (aunque no siempre lo practique) que la manera de encontrar una salida es, precisamente, hablar de otros temas. Desde la óptica nacionalista, Francesc-Marc Álvaro se indigna, en otro artículo, porque haya silencio del mundo intelectual, cultural, artístico, mediático y académico español sobre las medidas aplicadas desde el 155, y se exalta al decir: Toca hablar de los que callan y con su silencio abonan las medidas que se están aplicando en Cataluña. En la sección de Cartas de los lectores, observo que, de las siete publicadas hoy, cuatro se refieren al tema de Cataluña…

 

[Img #9111]Reflexiono sobre el particular. Según algunos, al separatismo le ocurre lo contrario que al silencio, que, cuando se habla de él, se le niega; para otros, lo importante es que desaparezca de las inquietudes de los ciudadanos, para que afloren los verdaderos problemas que nos afectan; a veces he oído decir que lo que llaman problema catalán es en realidad una cortina de humo para tapar otras cosas más perentorias y graves, es decir, una operación más de la ingeniería política

 

No estoy de acuerdo, concluyo, con ninguna de las tres posiciones, pues entiendo que, si bien con la reiteración de las crónicas peripatéticas del prófugo se corre el riesgo de convertirlas en divertidos ecos de sociedad, restar importancia a lo ocurrido en Cataluña (y a lo que está por ocurrir) representaría relativizar y suavizar para toda la sociedad española la gravedad del peligro de ruptura de la unidad nacional, amén de hacer menos creíbles de lo que están las instituciones y leyes; en cuanto a lo de la cortina de humo, quizás lo que es una verdadera operación de esa ingeniería consiste en romper los Estados-nación europeos y las posibilidades de una verdadera Unión, en pro de una más sencilla gobernanza mundialista.

 

[Img #9109]La cuestión del separatismo forma parte de un problema más global y hondo, que designo con la denominación de problema de España -aunque no sea privativo de nuestro solar como vemos a diario- y del que vinieron tratando históricamente, desde distintas ópticas, Ortega y Gasset, Madariaga, José Antonio Primo de Rivera, Américo Castro, Sánchez Albornoz, Laín Entralgo, Calvo Serer…

 

Y, si mucho me apuran, este problema español se inscribe en una cuestión pendiente de todo ser humano: la búsqueda de la armonía entre la persona y su contorno. Este contorno abarca, por supuesto, aspectos políticos, sociales, económicos, filosóficos…, pero descansa, en última instancia, en el ámbito de lo trascendente, de lo religioso (campo que también es instrumentalizado aquí por el separatismo, por cierto): en las respuestas que se dé el hombre a sí mismo sobre su origen, su razón de existencia, su destino, sobre Dios.

 

No son válidos los silencios, sean provocados por la frivolidad, por la ignorancia o por el temor. Tenemos que acostumbrarnos a tratar, sin concesión alguna al qué dirán, sin aceptar acatamientos al ambiente, imposiciones de lo políticamente correcto o prohibiciones legales sobre memorias históricas o actuales, los problemas que nos angustian; entre ellos, por supuesto, el tema del separatismo catalán, el problema de España, que sigue en vigor, y el profundo problema del hombre.

 

               

               

 

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