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Carlos Aurelio Caldito
Martes, 30 de enero de 2018
Opinión de Carlos Aurelio Caldito para La Tribuna de Cartagena

CARTA ABIERTA AL EMBUSTERO ALBERT RIVERA

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CARTA ABIERTA Y PÚBLICA Y DEMAGOGO ALBERT RIVERA, PRESIDENTE DE "CIUDADANOS"

[Img #9154]Señor Alberto Rivera, cuando ha decidido dirigirle usted una “batería” de preguntas al presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy acerca de la supuesta desigualdad salarial entre hombres y mujeres, por haber afirmado en una entrevista que: “No nos metamos ahora en eso”, está faltando a la verdad, usted sabe perfectamente que la tantas veces cacareada brecha salarial por razón de sexo, en España, es un grandísimo embuste.

 

Le pregunta usted al Sr. Rajoy, que si entiende el presidente del Gobierno en qué consiste la brecha salarial entre hombres y mujeres y, añade usted la perogrullada de que si el Gobierno considera que hacer cumplir la Constitución no es su competencia, y que si no es su obligación salvaguardar la vulneración de principios básicos de igualdad entre hombres y mujeres y, para rematar la faena, le pregunta qué supone la igualdad entre hombres y mujeres para el presidente.

 

Observo que se ha acabado usted inscribiendo la competición de los charlatanes de feria en los que se han convertido la mayoría de los políticos profesionales, a ver quién o quiénes acaban llevándose el diploma de “femi-nazi-estalinista degenerado mayor del reino”. Seguro que asistiremos a un concurso muy reñido, pues, teniendo en cuenta que estamos casi permanentemente en campaña electoral, se acabarán diciendo barbaridades de tal magnitud que algunos conseguirán entrar el Libro Guinness de los Récords.

 

Bien, para tratar de explicar por qué es usted un embustero, lo mejor es empezar por el principio:

 

Y el principio fue lo que algunos llaman “Prehistoria”, aunque yo prefiero llamarla “Historia Primitiva”: Aunque tal vez aburra tener que repetir semejante perogrullada, los hombres y las mujeres no hemos sido diseñados por ningún ente sobrenatural patriarcalista, malvado y puñetero; somos el resultado varios cientos de miles de años de evolución. En ese proceso milenario, el criterio aplicado por la Naturaleza no fue la opresión de un sexo por el otro, por más que rabien las feministas, sino la supervivencia de la especie.

Para lograr esa supervivencia, la Naturaleza les encomendó funciones específicas –y diferentes- a los hombres y a las mujeres.

 

La mujer primitiva era, sobre todo, madre y cuidadora. El hombre, protector y proveedor. Siempre en situaciones especialmente adversas, de tremenda dificultad, luchando a muerte contra grupos y especies rivales en la competencia por unos recursos escasos.

 

 La mujer fue el sexo valioso que aseguraba la lenta y biológicamente costosa reproducción de la especie. El hombre fue el sexo menos valioso, la parte más desechable, y por tanto quien debía y podía correr más riesgos. Las funciones –y cualidades innatas- de la mujer concordaban más con la prudencia, la mesura, la moderación; las del hombre, con la temeridad, la audacia, la osadía, e incluso la irreflexión.

 

Esta forma de comportamiento continuó, perduró y se reprodujo durante cientos de miles de años y, sin duda, -así lo afirman los científicos que de esto saben- ha dejado un poso genético.

 

Las diferencias entre hombres y mujeres son tales que son imposibles de borrar de la noche a la mañana, por más que porfíen, por más que se empecinen los partidarios del feminismo de género, como es su caso y el de su partido, Ciudadanos. Por ejemplo, los hombres siguen teniendo más apego al riesgo que las mujeres; y las mujeres siguen más interesadas en dispensar cuidados que los hombres.

 

Tal vez por eso, es casi imposible que encontremos a una mujer encaramada a un andamio –los albañiles suelen ser siempre hombres- y, por el contrario, la enfermería ha sido una profesión femenina.

 

En términos ecológicos, esas diferencias son una reserva de biodiversidad que, más que combatir, habría que preservar. Quienes se hacen llamar “progresistas”, en este aspecto son bastante incoherentes.

 

Aunque la especie Homo sapiens haya sido capaz de inventar nuevas tecnologías, que le han permitido cambiar el caballo por trenes de alta velocidad, y las señales de humo por el smartphone, hombres y mujeres seguimos teniendo capacidades e intereses diferentes, y la uniformidad, el igualitarismo, son una perversa utopía. No una bella utopía, sino una utopía estúpida y empobrecedora; aparte de totalitaria y liberticida.

 

Si, en el conjunto de la sociedad, hay más hombres que mujeres en la punta de la pirámide empresarial, posiblemente se deba a que los hombres han arriesgado más, y por tanto suelen ser más emprendedores.

 

En el otro extremo, también es mayor el número de varones socialmente excluidos.

 

Y si en naciones como España, las mujeres son mayoría en la carrera judicial o en las profesiones sanitarias, pero no en las ingenierías, quizá la verdadera razón haya que buscarla en un diseño genético ancestral, no en un techo de cristal imaginario, o sandeces y embustes como los que usted y su partido se empeñan en divulgar, de manera entusiasta, aplaudiendo a rabiar, pensando que, de ese modo concitarán mayores simpatías entre las mujeres españolas.

 

Así que, menos política “de igualdad y género”, menos “políticas de discriminación positiva” (léase “tratos de favor”) y más libertad. Menos cuotas y más igualdad de oportunidades. Menos victimismo y más igualdad ante la ley.

 

Dado que, o está usted está enormemente desinformado (la ignorancia es muy osada y conduce a decir tontadas) o por el contrario no lo está, y propaga falsedades de manera alevosa y premeditada, me voy a permitir darle algunos datos que estoy seguro que lo sacarán de su ignorancia y su tendencia a la mendacidad:

En 2015 el número de empresas inscritas en la Seguridad Social (excluido el Sistema Especial de Empleados de Hogar del Régimen General) el 31 de diciembre de 2015 era de 1.286.565, un 2,38% más que en 2014. El 75% correspondía al sector Servicios, y el resto distribuido en partes casi iguales entre Industria, Construcción y el sector Agrario. El 87% de las empresas empleaba a menos de 10 trabajadores.

 

En el año 2015, el número total de denuncias presentadas y admitidas a trámite ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social fueron de 77.040.

 

Durante 2015, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social inspeccionó 371.887 centros de trabajo, pertenecientes a 304.413 empresas, dando lugar a 1.132.007 actuaciones, de las que solo 1.100 eran por motivos de discriminación salarial. ¡Ojo, visitas de inspección, no sanciones!

 

Según el Consejo General Poder Judicial, en 2016 hubo menos de 100 sentencias al respecto; sentencias de las que algunas son condenatorias y otras absolutorias, obviamente, aunque el informe del CGP no lo aclara…

 

Aparte de todo lo anterior, también en 2016, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social realizó, una campaña específica dirigida a comprobar la existencia de discriminación salarial, directa o indirecta en determinados sectores; campaña con la que se daba continuidad a las actuaciones realizadas desde el año 2009, con la intención de comprobar la existencia de discriminaciones de tipo salarial por razón de sexo, discriminación consistente en abonar de manera injustificada a los trabajadores hombres complementos salariales o dietas o compensaciones de gastos que no son abonados a las mujeres.

 

Las inspecciones se realizaron en los siguientes sectores: Actividades profesionales, científicas y técnicas; Actividades sanitarias y servicios sociales; Actividades administrativas y servicios auxiliares; construcción; comercio y reparación de vehículos (excepto mantenimiento y reparación de vehículos de motor); Hostelería; Industria manufacturera o industria en general a elegir de acuerdo con las peculiaridades regionales de cada provincia.

 

Hemos de suponer que el muestreo se realizó de forma aleatoria, y las visitas se realizaron sin denuncia previa…

 

En cuanto al tamaño de las empresas, se establecieron tres tramos: de menos de 50 trabajadores, de 50 hasta 250 trabajadores y de 250 en adelante.

 

La comprobación estaba referida a la totalidad de las categorías, grupos profesionales, niveles retributivos, etc. y trabajadores que formasen parte de la plantilla total de la provincia de que se tratase, salvo en el caso del sector de la construcción en el que se centró en los grupos 1 y 2 de cotización, correspondientes a Ingenieros y Licenciados, Personal de alta dirección y a Ingenieros técnicos, Peritos y Ayudantes titulados, permitiéndose además en el caso de empresas de más de 250 trabajadores la realización de muestreos.

 

RESULTADOS DE LAS INSPECCIONES:

 

El número de empresas finalmente inspeccionadas fueron 414 en toda España, distribuidas en tres tramos según la plantilla de trabajadores: 301 empresas contaban con una plantilla de menos de 50 trabajadores, 76 tenían entre 50 y 250, y 37 más de 250 trabajadores. El total de los trabajadores que formaban parte de las plantillas de las empresas ha sido de 32.380, de los que 15.320 eran hombres y 17.060 mujeres.

 

En cuanto a los sectores económicos a los que pertenecían las empresas, 204 a las actividades profesionales, científicas y técnicas, 20 a actividades sanitarias y servicios sociales, 18 a actividades administrativas y servicios auxiliares, 13 al sector de la construcción, 64 al comercio y reparación de vehículos, 38 al sector de hostelería y 57 a la industria.

 

De las 414 empresas inspeccionadas, se detectó la existencia de 4 empresas en la que existía discriminación salarial por razón de sexo. De ellas, 2 tenían menos de 50 trabajadores, y las otras 2 más de 250 trabajadores.

 

De las 4 empresas, 1 pertenecía al sector industria, 1 al de hostelería, 1 al de comercio y reparación de vehículos y 1 al de actividades administrativas y servicios auxiliares. La discriminación salarial afectaba a 10 trabajadoras del Grupo 2, integrado por mandos intermedios; a 15 del grupo 3, que incluye a personal de producción, personal administrativo, comercial y otros similares no incluidos en otros grupos; así como a 45 trabajadoras del Grupo 5, integrado por personal subalterno.

 

En cuanto al tipo de complementos voluntarios respecto de los que se apreció la discriminación venían referidos al Pluses voluntarios de efectos colectivos vinculados a la persona, a otros no incluidos vinculados a la persona, a otros no incluidos vinculados al resultado de la empresa, y a la antigüedad.

 

Por lo que respecta a la justificación dada por las empresas para el abono de los pluses voluntarios o la prestación laboral que se pretendía compensar con los mismos, venían referidos a la dedicación y productividad; a la capacitación y los conocimientos; la experiencia y antigüedad y a otros no incluidos en los anteriores.

 

Como consecuencia de las actuaciones inspectoras, de las 4 empresas en las que se detectó la existencia –al entender de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social- de discriminación salarial, se procedió a extender a 3 de ellas acta de infracción, con una propuesta de sanción, y a la restante se le formuló 1 requerimiento para la inmediata subsanación de las deficiencias apreciadas, bajo apercibimiento de sanción.

 

http://www.empleo.gob.es/itss/ITSS/ITSS_Descargas/Que_hacemos/Memorias/Memoria_2015_w.pdf

 

Como se comprueba a través de la información de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social y del Consejo General del Poder Judicial, eso de la “brecha salarial”, de la discriminación retributiva a las mujeres es un completo embuste, o casi…

 

La pregunta obligada es ¿Por qué se dan algunos casos tales como los que describe la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, por qué lo consienten los sindicatos y no lo denuncian, y son cómplices de tales delitos?

 

Ni que decir tiene que si, tal como los sindicatos, el gobierno y los partidos políticos del consenso socialdemócrata-feminista, y el partido Ciudadanos, que usted Sr. Alberto Rivera, repiten año tras año, y especialmente cuando se acerca el día 8 de marzo, o el primero de mayo o el 25 de noviembre, fuera cierto que los y las empresarios pagan inferiores salarios a las mujeres que a los hombres por el mismo trabajo, con la misma cualificación, el mismo número de horas, la misma antigüedad en la empresa, etc. debemos sacar como conclusión que los empresarios son estúpidos, pues ¿A qué esperan para despedir a los trabajadores varones y contratar a mujeres exclusivamente?

 

Conviene no perder de vista que, de los 25 empleos peor considerados, teniendo en cuenta factores como salario, stress, seguridad y esfuerzo físico, 24 de ellos son predominantemente, si no son casi en su totalidad, masculinos.

Sr. Alberto Rivera, si existe un asunto por el que uno corre el riesgo de ser acusado de machista opresor heteropatriarcal, etc. si tiene la osadía de sacarlo a colación, ése es la diferencia de salarios entre hombres y mujeres; siendo así, se comprende hasta cierto punto que si usted pretende emular a Enmanuel Macrón y convertirse en presidente del Gobierno de España, pretenda usted ser el adalid de lo políticamente correcto y recurra a la mendacidad para agradar a las mujeres, y más con el precedente de cuando su compañera de partido, y con el mismo apellido que usted y de nombre Marta, fue apalizada y linchada, y usted tuvo la ocurrencia de adoptar una posición genuflexa y pedir perdón e incluso reprenderla públicamente, por mencionar que en España existe un régimen de asimetría penal, refiriéndose a la ley de 28 de diciembre de 2004, de violencia de “género”.

 

 Las asociaciones feministas, y los sindicatos y partidos políticos a su dictado, y el suyo también, Señor Alberto Rivera, afirman que las mujeres ganan menos que los hombres por realizar el mismo trabajo, porque son víctimas de discriminación.

Pero ¿De veras es cierto?

 

Quienes lanzan periódicamente mensajes alarmistas, suelen “olvidarse” de que generalmente las mujeres eligen estudiar carreras peor remuneradas, trabajos y turnos menos peligrosos, horarios más flexibles; y aparte, se suelen quedar embarazadas y dedicar más tiempo que los hombres a la crianza y a la educación de los hijos, lo cual acaba afecta su experiencia laboral y cualificación profesional, haciéndolas a la vista de un empresario (o empresaria, claro) más improductivas y caras.

 

Cuando se comparan trabajos equivalentes de hombres y mujeres en los que se exige igual capacidad, cualificación, la tan cacareada brecha salarial desaparece.

 

Luego, la razón de que haya muchas mujeres mal remuneradas guarda relación con las elecciones de formación y profesionales que ellas realizan, y con su dedicación a la crianza y la educación de los hijos.

 

La realidad es, reitero Señor Alberto, que las mujeres suelen optar por carreras peor remuneradas: secretarias, enfermeras, maestras, psicólogas, etc. y los hombres carreras mejor remuneradas: ingeniería, arquitectura, construcción, transporte, mecánica, programación, etc.

 

Por otro lado, las mujeres suelen elegir horarios más flexibles, y cuando tienen hijos suele abandonar y retrasar su incorporación al trabajo fuera del hogar, por eso las mujeres tienen menores ingresos.

 

La demagogia de los políticos profesionales, como usted, Señor Alberto Rivera, los sindicalistas y de las feministas les hace seguir afirmando, años tras año, que las mujeres ganan menos que los hombres, y añaden que es una forma de violencia contra las mujeres y que no debe quedar impune, que ha de perseguirse con saña, al estar prohibido por ley, y por lo tanto ser un grave delito. Hemos de suponer que siempre se refieren a la empresa privada, pues en la administración pública es imposible que ocurra tal cosa. Bueno, SÌ, hay discriminación entre empleados públicos, pero no por razón de sexo, sino por razón de la región donde los funcionarios trabajen, y las diferencias salariales en algunos casos son escandalosas, y no solamente entre policías.

 

Pese a los embustes que propagan los sindicatos, el gobierno, su partido y el resto de partidos con representación en el Congreso de los Diputados, el lobby feminista de género, con la ayuda entusiasta de los medios de información y creadores de opinión (generosamente regados con dinero público, o sea, de nuestros impuestos), en IGUALDAD de condiciones las mujeres y los hombres ganan los mismos salarios. Y, cuando no existen igualdad de condiciones, hablar de discriminación salarial es lo mismo que pretender comparan naranjas con manzanas y sacar la media aritmética.

 

Señor Alberto Rivera: si las mujeres realmente cobraran un 25% menos que los hombres (o cualquier cifra que a usted se le antoje) por realizar el MISMO trabajo, el gran negocio para los empresarios sería contratar sólo a mujeres, en poco tiempo pulverizarían a la competencia y se harían multimillonarios.

 

En definitiva, Señor Alberto Rivera: El embuste de la “brecha salarial” no es discriminación retributiva llevada a cabo por los empleadores, sino el resultado lógico de la menor productividad (de su menor cualificación en algunos casos) de las mujeres, fruto de sus elecciones educativas, profesionales y familiares.

Si fueran los hombres los que se quedaran embarazados, cuidaran a los niños y a los ancianos, eligieran otras carreras profesionales, es seguro que ganarían menos que las mujeres.

 

Y ya para terminar, Señor Alberto Rivera: si lo que usted afirma, sumándose al coro de los sindicatos, asociaciones “de mujeres”, etc.- es cierto. ¿No está siendo usted cómplice de quienes supuestamente están delinquiendo?  ¿A qué está usted esperando Señor Alberto Rivera, para ir a la comisaría más cercana, o al puesto de la Guardia Civil, o al juzgado de guardia más próximo a su domicilio?

 

Si no lo hace, insisto, Señor Alberto Rivera, es usted cómplice de los y las empresarios que supuestamente están discriminando a sus trabajadoras.

 

Así que, o aporte usted pruebas o deje de mentir, déjese usted de estupideces y falsedades…

 

 

 

 

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1 Comentario
Fecha: Jueves, 1 de febrero de 2018 a las 11:53
Afrikaner
Evidente que buena parte de la carrera jurídica está ocupada por mujeres, pero los altos cargos: notarios, abogados del Estado, letrados del consejo de Estado, de Las Cortes son varones en su mayoría.
Lo mismo en la actividad sanitaria, multitud de mujeres en los puestos inferiores, enfermerías, medicina general y especialidades, pero cuántas mujeres son o han sido famosas por sus conocimientos y habilidad en alguna especialidad, desde la oftalmología a la medicina interna o la cirugía.
En otros órdenes la inmensa mayoría de las cocineras son mujeres, pero cuántas hay o ha habido entre los grandes chefs. ¿Y qué me dice Ud. de las modistas, modistillas y los grandes diseñadores de moda femenina?
Desde la Antigüedad la mujer se ha relacionado con la literatura, la música y la pintura. ¿Qué porcentaje de mujeres ha alcanzado la fama mundial en esas disciplinas?
¿Cuál es el porcentaje de mujeres entre los Premios Nobel de todas las especialidades a lo largo de sus más de 100 años? ¿Qué porcentaje de mujeres participa en los equipos de alta investigación?
Tenga en cuenta que tanto Alberto Rivera como el movimiento feminista están al servicio del masónico NOM

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