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Bartolomé Marcos Carrillo
Viernes, 2 de febrero de 2018

El Viaje (Final) a Ninguna Parte

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Hablar bien no cuesta un pijo… (y queda de puta madre)

Dejó dicho y escrito Don Miguel de Unamuno, el gran agitador de conciencias, como sería también después el poeta y dramaturgo ciezano Fernando Martín Iniesta, a quien asocio aquí con Don Miguel por su carácter vibrante, su vehemencia y su cierto desdén por los tontos,  que le importaba poco que habláramos vascuence, castellano o lapón, que lo que deseaba es que nos entendiéramos (los españoles…), cosa que por desgracia no sucede…ni sucedía…ni en tiempos de Unamuno, ni ahora tampoco, ni sucederá, porque tenemos el enemigo dentro y somos un país cerril y cainita.

 

Y es que, en Españaeste país que decían en “El País”, en expresión que pusieron de moda los sociatas de Felipe González- aparte de las lenguas propias de las comunidades autónomas o territorios que tienen la fortuna (porque es una suerte y supone un capital inmaterial y precioso sobreañadido) de contar con una lengua propia, en España, digo, tenemos además una preciosísima lengua común, lengua de civilización y de cultura, que es el castellano, español por antonomasia, que se habla en toda España y hasta en todo el mundo y que es universalmente valorada como una de las lenguas de mayor fortaleza, pujanza y posibilidades de futuro de cuantas existen actualmente en el planeta Tierra.

 

 

Dicho esto, y sin ánimo de ponerme pedante o asquerosamente normativo, sí les diré que, ya que el idioma nos sirve, nos identifica y hasta nos constituye, nos edifica, nosotros como hablantes deberíamos servirnos bien de él, porque, como decimos los murcianos desde que yo me desconozco, hablar bien no cuesta un pijo y por eso he colocado la popular y murciana frase como título, porque en Murcia, y en Cieza, no es donde peor se habla de España, aunque las expresiones que hoy saco a pasear en este artículo, están bastante generalizadas en todo el territorio peninsular hispanoparlante, Cieza y Murcia incluidas.

 

 

Así, es frecuente que nos encontremos con hablantes que al referirse, por ejemplo, a que, en una aglomeración, se amontonaron muchas personas y que una de esas personas llegó a caerle encima suyo, o encima tuyo o encima mío como atribuyéndose la propiedad del espacio vacío al que alude la palabra “encima”. Hay que decir detrás de ti encima de mí. En cambio, son válidos al lado tuyo en contra tuya porque se puede decir a tu lado en tu contra. Las redundancias, para reiterar y clarificar, son muy frecuentes en español, pero resultan innecesarias en expresiones como ambos dos se fueron de viaje. Bastaría con decir los dos o simplemente “ambos”. Otra expresión inapropiada es la de a nivel de, mal utilizada tantas veces, incluso en el lenguaje periodístico (o quizá sobre todo en el lenguaje periodístico…) en frases como a nivel de vestuario, los jugadores están con el míster. Mal utilizada porque ahí no se percibe la existencia de niveles de ninguna clase y la expresión “a nivel de” sólo se puede usar cuando hablamos, de hecho, de niveles. Hay que intentar preveer (incorrecto), en lugar de prever (correcto, ver con anticipación) qué nos deparará el futuro, aunque, en último término, Dios proveerá. Verbo este último, proveer, del que arranca el error, al confundir la conjugación del uno con la del otro. Prever se conjuga como ver, proveer como leer. La líbido: si se llega a decir así, acentuada, en los prolegómenos de una escaramuza sexual, tu amante podría pensar que, más que estar excitado, te ha dado un pasmo. Porque lívido (esdrújula y con uve) significa intensamente pálido”, o también, “amoratado”. El adjetivo lívido ha hecho que se pronuncie el sustantivo libido (‘deseo sexual’) también como esdrújula (líbido), aunque en verdad es palabra llana.  Otro error frecuente es el derivado de las paronomasias que engendran los llamados malapropismos. Así, se dice surgió (incorrecto) efecto, en lugar de “surtió (correcta) efecto”, o se dice estar en el candelabro (en lugar de en el candelero”) o rebanarse (¡por Dios, qué daño!) los sesos en lugar de devanarse los sesos”. Y qué decirles de las afrancesadas construcciones de “avión a reacción (por de reacción) o asuntos a tratar (por que tratar) o en base a (en lugar de con base en”). Por no hablar del uso pedestre del verbo haber –impersonal por definición- en construcciones como “hubieron (por hubo) muchos trabajadores en huelga, o “Habían (por “había”) muchos alumnos en el patio”.

 

 

En fin, que hay que cuidar el idioma, uno de nuestros mayores tesoros, si no el mayor, usándolo mucho, pero usándolo bien, porque ya saben y si no lo saben se lo digo yo: hablar bien no cuesta un pijo (y queda de puta madre).

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