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Manuel Parra Celaya
Domingo, 4 de febrero de 2018
Opinión de Manuel Parra Celaya para La Tribuna de Cartagena

LA TOURNÉE DE WALLY

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  Se me antoja un auténtico anacronismo que, en un continente en el que se han ido borrando felizmente las fronteras, no existe un criterio común para echar el freno a los iluminados de turno, tanto más cuanto las aspiraciones de estos consistan precisamente en boicotear el camino de Europa hacia el objetivo histórico de ser Patria común de todos los ciudadanos que la habitan.

[Img #9277]Ya me gustaría recorrer ciudades europeas con los gastos pagados, como Wally, quiero decir Puigdemont; pero de momento me tengo que conformar con rápidas escapadas a cargo de mi pensión. Si algún día puedo hacerlo de gorra, espero que no será teniendo sobre mis espaldas fardos tan graves como las acusaciones de desobediencia, rebeldía, sedición y malversación de fondos públicos; y todo eso con respecto a las leyes positivas, porque, para mí, el delito más tremendo en el de atentar contra la unidad de España.

 

Cuando puedo permitirme un pequeño viaje allende de los Pirineos, aparte de acrecentar mi humilde cultura, me reafirmo en mi condición de ciudadano europeo, que es cabalmente lo contrario de lo que puede presumir el ex president, empeñado en balcanizar Europa, tal como lo espetó la profesora Marlene Wind en la pretendida actuación estelar en Copenhague.

 

[Img #9278]Pero Puigdemont no es un viajero, esa categoría definitoria para Eugenio d´Ors, que constituía una fórmula fundamental de su Política de Misión; a nuestro Xenius le gustaba definirse como el Católico Errante, en punto a la universalidad, concepto que no entra en las cerradas mentes del secesionismo. Por ello, considero al filósofo catalán antagónico de Wally.

 

Tampoco es el antiguo alcalde de Gerona un exiliado, porque -afortunadamente- la mayoría de los españoles no deseamos regresar a esa consecuencia inevitable de las contiendas civiles de los últimos siglos de nuestra historia, por mucho que se empeñen los separatistas.

 

Es, simplemente, un prófugo de la justicia española y un reo -repito, para mí- del crimen de querer trocear España. No lo quiero calificar sencillamente de jeta, porque a lo mejor me caería simpático, como los pícaros de nuestras inmortales novelas; prefiero atribuirle la condición de iluminado.

 

[Img #9279]Esta ¡iluminación le viene de estirpe política. Ya lo fueron, en su momento, Macià y Companys, y, más cercano a nosotros, Jordi Pujol, de quien dice Juan Carlos Girauta que unos curas, más o menos trastornados, a su vez lo trastornaron y le convencieron de que tenía un cometido histórico, de que era un elegido. Asimismo, se consideró predestinado, elegido o iluminado Artur Mas, al que me permití motejar de napoleón en un artículo anterior.

 

Ahora, el dedo de los dioses autóctonos -que no el de la Providencia, por mucho que se empeñen en Montserrat y el colectivo de obispos, sacerdotes y diáconos firmantes de manifiestos- le ha tocado a Puigdemont en la frente.

 

Pues bien, el prófugo en cuestión ha fijado su sede en Bruselas, que ya fue santuario del avi Macià tras la ridícula intentona de Prats de Molló; de Bruselas, Puigdemont se trasladó a la capital danesa, confiando en hacer mella en ámbitos políticos y universitarios, pero le salió el tiro por la culata; quizás por esta experiencia, no se ha presentado en Lovaina, donde le esperaban entusiastas flamencos con esteladas y abundante cerveza. Dios sabe a qué ciudades europeas pensaba dirigirse con su victimismo a cuestas y sus prédicas nacionalistas.

 

[Img #9280]No creo que pise territorio francés, donde Macron ya puso los puntos sobre las íes a los nacionalistas corsos, ni italiano, cuyo gobierno ya tiene bastantes problemas con la dialéctica norte-sur, riqueza-pobreza; ir a Suiza resultaría sospechoso en sumo grado… Ni, en general, se desplazará a ningún Estado serio, donde no exista, por ejemplo, la prohibición de detener delincuentes por la noche.

 

Entretanto, en Cataluña, sus enfervorizados partidarios han sacado la moda de las caretas con sus rasgos (¿Me conoces, mascarilla?); claro, se acerca el Carnaval y no es cuestión de desaprovechar la oportunidad…

 

Uno no es abogado ni jurista; mucho menos, experto en Derecho internacional, por lo que no está al tanto de las legislaciones concretas de todas las naciones europeas; por ello, no tiene más remedio que dar por buenas las medidas e instrucciones de los jueces españoles para sortear el tejemaneje leguleyo de los abogados de Puigdemont.

 

[Img #9281]Echo a faltar, como en tantos otros ámbitos, una legislación común, que los europeos no nos rijamos por unos códigos cercanos, que contemplen los supuestos delitos del prófugo separatista con el mismo rigor, con el fin de que pudieran actuar la justicia y sus agentes allá donde Wally se dispusiera a sentar sus reales.

 

Se me antoja un auténtico anacronismo que, en un continente en el que se han ido borrando felizmente las fronteras, no existe un criterio común para echar el freno a los iluminados de turno, tanto más cuanto las aspiraciones de estos consistan precisamente en boicotear el camino de Europa hacia el objetivo histórico de ser Patria común de todos los ciudadanos que la habitan.

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