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Pedro Conde Soladana
Lunes, 12 de marzo de 2018

Ridículo ante el mundo

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                Que el ridículo lo haga uno o unos cuantos individuos, por muy sonoro y extenso que sea, no pasa de ser asunto menor que atañe al crédito social de unos pocos y en espacios reducidos; pero que sea el Gobierno de una nación el que reiteradamente lo esté haciendo durante días y ya años con sus medios y métodos de gobernanza ante el mundo, no es ya asunto de menor cuantía porque es la nación a la que representa ese Gobierno la que viene a ser escarnecida y humillada.

 

         Nos llegan noticias de que compatriotas nuestros que viven en el extranjero tienen que aguantar chirigotas, cuchufletas y chanzas de ciudadanos de esas naciones, ante el espectáculo que este Ejecutivo de ineptos, cobardes, rozando la antiespañolidad, está dando fuera de nuestras fronteras en el liderazgo de esta nación milenaria.

 

         El golpe de Estado en Cataluña, no es que bordee, es que invade todos los campos del esperpento,  la bufonada y la memez, pisando incluso la ominosa frontera de la traición. Es de libro y de un libro muy grande con las letras muy gordas, cual es la actual Constitución española, la dejadez de funciones, el abandono de responsabilidades, el incumplimiento de sus mandatos por parte de uno de los tres poderes que componen la estructura básica de un Estado de Derecho. Tanto es así que de años atrás se ve la figura diáfana de su contrafigura a la que venimos denominando Estado de Desecho. A esto conclusión han llegado muchos ciudadanos conscientes, que ven y sufren cómo su nación y patria es injuriada gratuita e impunemente por sus recalcitrantes enemigos interiores: los separatistas que se empeñan en desmembrarla. Sin que por otro lado y de forma legal, constitucional y tajante, sucesivos Gobiernos hayan cortado de raíz esos casos de sedición y rebelión que en ninguna otra nación de las antiguas de Europa y del mundo se consienten. ¿Desgana, vileza, incompetencia, mediocridad, colusión política…?

         Como no hay mal que para bien no venga, en esta descarada y agresiva etapa a que ha llegado el separatismo, hemos descubierto lo flojitos, lo cobardes y qué pocos ideales componen su proyecto, por no decir ninguno.  Respecto al objetivo que pregonan, la independencia, tienen los secesionistas tales debilidades intelectuales, históricas, éticas y morales como para dejar al descubierto que ese tal proyecto no es más que un gran negocio de mercaderes con una sola, adulterada y fraudulenta mercancía que vender,  que lleva la falsa vitola de “independencia nacional”, a cambio de la universal moneda con que se compran todas las cosas, también las infames, rastreras y viles: el DINERO. Este es el becerro de oro al que adoran y veneran tales presuntos idealistas de una sedicente nación catalana. Siempre fue así, desde que en el siglo XIX la burguesía de esa entrañable región desertara del proyecto nacional español porque con la pérdida de las últimas colonias, Cuba, Filipinas, etc., creyeron que su negocio, sus negocios, amenazaban perder la pujanza, en algunos de ellos monopolística, y disminuir sus dividendos. Es momento de recordar que fueron los burgueses catalanes los últimos traficantes de esclavos en aquellas colonias. Y ¡qué ahora, hoy, tal proyecto de origen y contenido burgués nacionalista, desmembrador de España, esté apoyado, para su vergüenza, por la izquierda y la extrema izquierda, esas que cantan al internacionalismo! Ello demuestra que todo es falso, visto a derechas o izquierdas, que todo es negocio dinerario envuelto en causa política, el más sucio, indigno y peligroso de los negocios,  porque nada más y nada menos mercadean con la vida de una nación, con su unidad, su paz y su crédito internacional.

 

         Pero como siempre, cuando las responsabilidades son colectivas y políticas, las de los delincuentes y las de los que deben juzgarlas y sancionarlas, es necesario conocer cómo se afrontan o se ejecutan, fundamentalmente por parte de quienes están obligados a ello en la gobernación de un Estado de Derecho. Máxime, cuando en la etapa que abarca la actual democracia hemos visto a todos los Gobiernos nacionales, todos sin excepción. retranquear, coquetear y hasta allanarse a muchas de las inaceptables e infundadas exigencias de los nacionalistas.

 

         Mas, si para alguno de esos Gobiernos, anteriores a los de ZETAPE, nefasto, traidor y “bobo solemne” donde los haya, se pudo encontrar alguna justificación en sus pactos con los nacionalistas, por preservar la convivencia nacional cuando éstos entibiaban o edulcoraban sus objetivos últimos, ahora que han dejado totalmente al descubierto la ruin intención de los mismos que es descuartizar la nación, el Gobierno Central no tiene una sola justificación para no aplicar tajante y penalmente las leyes que impiden tan criminal acto. 

 

         Y, sin embargo, ya es indigno y cobarde que asuntos indeclinables que corresponden al poder Ejecutivo se les endose éste al poder Judicial al que le obliga a asumir un papel que no le corresponde constitucionalmente, instituyéndolo  en Gobernante de la nación. Un juez o jueces, como en el antiguo Israel, parecen llevar hoy el negocio de la gobernación española en el asunto más vital para España: su unidad.

 

         Al aplicar el 155 como una cataplasma en vez de una dosis de antibiótico para caballo que es la que correspondía al virus nacionalista, ha tenido la reacción de las cepas víricas. El separatismo, asustado al principio con la utilización de tan teóricamente contundente artículo constitucional, más unas pocas detenciones de algunos de los líderes del proceso independentista, se ha reforzado y crecido al comprobar la debilidad, la marrulería, la pusilanimidad, si no es que están todos, Gobierno Central e independentistas en el ajo por intereses espurios, y vuelve a manifestarse con más intenso descaro, aunque con no menos ridiculez y bufonadas, dando otra vez ante el mundo la imagen y crédito de nuestra nación como la que puedan devolvernos los espejos cóncavos o convexos, la de la figura contrahecha y risible de un monigote o marioneta.

          Y para colmo de los colmos, siendo mantenido tan gran y esperpéntico tinglado con los fondos dinerarios del Estado y la nación a la que se ataca y se quiere trocear. ¿Habrase visto en todo el globo terráqueo mayor exhibición y mezcolanza de cobardía, estupidez y ceremonias de la confusión?

 

         ¿Qué has hecho España para sufrir tanta befa en tu propia tierra y sus confines?

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