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Sergio Pérez-Campos
Lunes, 12 de marzo de 2018

Asesinos jactanciosos

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El peor monstruo sabe que, si le sale mal, pasará unos pocos años en una cárcel donde estará bien alimentado, con buenas prestaciones sanitarias, donde podrá estudiar una carrera, disfrutar de un gimnasio, o una piscina que le pagarán los padres del niño al que asesinó, o de la chica a la que violó. Y no le faltarán asociaciones que lo arropen, que le dediquen unos medios y un cariño cuya carencia –argumentarán-, es el único motivo por el que se convirtió en tal monstruo

 

[Img #9914]

No es baladí el hecho de que un criminal asqueroso presuma de que va a pasar sólo unos pocos años en prisión, tras haber cometido un crimen horrendo, incluso dando por sentada la calificación penal de su fechoría.

 

Y no lo es porque, desgraciadamente, este miserable conoce bien el absurdo funcionamiento de lo que pretenciosamente llamamos justicia.

 

En España, un país donde el Estado se arroga todo tipo de potestad para pisotear a sus ciudadanos, y donde en el plano administrativo podemos ser vapuleados con muchos menos derechos de los que nos asistirían en cuestiones penales, el criminal vive instalado en ese limbo cuyo pretexto es siempre un presunto “garantismo” que termina siempre en garantizar la impunidad de los golfos y de los criminales. Porque, a la hora de la verdad, al ciudadano se le atiza por todos los frentes, y sus posibilidades de defenderse terminan siempre en un frustrante “derecho al pataleo”.

 

Clamaba ayer el coro de plañideras proclamando su indignación por el asesinato de Gabriel, y su propósitos justicieros. Lo hacían los mismos que promueven leyes benignas para los delincuentes, los mismos que ya han propiciado la excarcelación de cientos de etarras, nada arrepentidos y mucho menos redimidos; los mismos que dan vueltas de tuerca a la ley con el fin de eliminar figuras penales cuya implantación en países mucho más democráticos que el nuestro demuestra sobradamente que no carecen de legitimidad desde el punto de vista más garantista.

 

[Img #9913]La sociedad tiene derecho a defenderse de los monstruos, a taparles la boca, a cortar de raíz su jactancia, su criminal chulería; a quitarlos de la circulación para que dejen de ser un peligro, generalmente para los seres más indefensos.

 

Que el Estado viva de espaldas a las demandas de los ciudadanos es una demostración más de la perversión, de la adulteración de nuestra mal llamada democracia.

 

También lo es de la inconsistencia que mostramos como ciudadanos, refrendando con los votos a políticos que, de forma sistemática, desatienden los deseos del pueblo, porque viven instalados en una burbuja de irrealidad, ocupados en saquearnos y en regalarnos la oreja cada cuatro años para que los mantengamos en la poltrona.

La jactancia de los asesinos es un hecho sintomático, revelador de la ausencia de justicia, de una pérdida global de valores, que de cuando en cuando se plasma en hechos horribles que no somos capaces de evitar ni prevenir.

 

El peor monstruo sabe que, si le sale mal, pasará unos pocos años en una cárcel donde estará bien alimentado, con buenas prestaciones sanitarias, donde podrá estudiar una carrera, disfrutar de un gimnasio, o una piscina que le pagarán los padres del niño al que asesinó, o de la chica a la que violó. Y no le faltarán asociaciones que lo arropen, que le dediquen unos medios y un cariño cuya carencia –argumentarán-, es el único motivo por el que se convirtió en tal monstruo.

 

[Img #9915]Pero tranquilos, que ya están los portavoces de la sensatez apelando a que no se legisle en caliente –como si el procedimiento legislativo lo permitiera-. Así seguirán sin tocar la Ley del Menor, ni agravarán penas por los delitos más execrables.

 

No se coman la cabeza. No quieren. Es una cuestión de voluntad política, y a esa banda no les preocupan los ciudadanos. Están a otra cosa. A arruinarnos. Y eso, no lo duden, lo van a conseguir.

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2 Comentarios
Fecha: Lunes, 12 de marzo de 2018 a las 14:58
Cook
¿Arruinarnos todavía más?
En algunos casos yo reinstauraría la pena de muerte.
Fecha: Lunes, 12 de marzo de 2018 a las 14:04
Ramiro
Esta tipa nos costará a los contribuyentes españoles:
- unos 2.000 euros al mes, por su estancia en prisión, perfectamente equiparable a un hotel de 3 estrellas en su país de origen...
- un año y medio de SUBSIDIO POR DESEMPLEO, cuando salga de la cárcel, dentro de unos pocos años...
¡Acojonante!

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