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Josep Alsina
Lunes, 19 de marzo de 2018
memoria histérica: Opinión de Josep Alsina Calvés

¿Memoria Histórica o Memoria Histérica?

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Noticia clasificada en: Memoria histérica

La “memoria histórica” es impulsada como arma política por una “izquierda” desbordada, que ha perdido completamente la capacidad para pensar y repensar la realidad, que no puede o no quiere enfrentarse a problemas como la globalización, la inmigración masiva, la pérdida de poder de los estados o el capitalismo anónimo de los mercados, y quiere “volver” a aquel mundo feliz en que los malos de la película eran los militares, los obispos o los capitalistas con chistera.

[Img #10039][Img #10043]El término “memoria histórica” parece que está de moda. Es un oximorón, un concepto preñado de contradicciones: la memoria se construye con recuerdos, la historia con documentos; la memoria es selectiva, subjetiva y personal; la historia es un relato que, aunque nunca es del todo objetivo, tiene al menos la objetividad como ideal científico. Hay tantas memorias como seres humanos, pero es imposible establecer un debate entre “memorias” pues estas se mueven en el terreno subjetivo de la emotividad. Los relatos históricos, aunque no son unívocos, si pueden establecer debate, pues se mueven en el terreno de la objetividad, al menos como ideal-tipo.

 

De hecho un acontecimiento pasa a ser del todo histórico cuando desaparece de las memorias individuales, por simple desaparición biológica de sus protagonistas. Entonces es cuando los historiadores entran en acción, construyendo sus relatos, diversos, pero a partir de interpretaciones y análisis de documentos.

 

Si el concepto de “memoria histórica” es, ya de por si aberrante, el intento de fijarla por ley entre en el terreno de la paranoia totalitaria. Primero se construye un falso relato histórico basado en las “memorias” selectivas de determinadas personas, a las cuales se las ha colocado previamente, a partir de una opción ideológica, en el lado de los “buenos”. Ni que decir tiene que los “malos” carecen de humanidad, y por tanto su “memoria” no vale para nada. Después este falso relato se eleva a la categoría de ley, con lo cual se decreta la “ilegalidad” de cualquier otro relato histórico alternativo. La negación, justificación o simple discusión de determinados “hechos” entre en el terreno de lo delictivo, pudiendo darse la paradoja de que alguien sea acusado de negar un determinado “hecho” histórico, pero a la vez se le acuse de “justificarlo”. Todo ello recuerda mucho al “doblepensar” que describe Orwell en 1984.

 

En España la “memoria histórica” (quizás sería más adecuado llamarle “memoria histérica”) es impulsada como arma política por una “izquierda” desbordada, que ha perdido completamente la capacidad para pensar y repensar la realidad, que no puede o no quiere enfrentarse a problemas como la globalización, la inmigración masiva, la pérdida de poder de los estados o el capitalismo anónimo de los mercados, y quiere “volver” a aquel mundo feliz en que los malos de la película eran los militares, los obispos o los capitalistas con chistera.

 

En España la “memoria histórica” (o histérica) consiste en un doble proceso de simplificación y falsificación de los últimos 100 años de historia. Late en su fondo aquella pugna estéril del siglo XIX y la interpretación de la realidad en términos de “buenos” y “malos”. Se fundamenta en una serie de mitos y dogmas a priori cuya simple discusión coloca en los aledaños del “crimen mental”. Veamos algunos de ellos:

 

1.- La guerra civil fue debida a un levantamiento de militares “fascistas” contra la legalidad republicana. Los demócratas estaban con la Republica.

 

[Img #10041]Esta afirmación es altamente discutible. Es España, en aquellos momentos, existía un minúsculo partido homologable a los fascismos europeos, que era Falange Española de las JONS, que no tenía siquiera representación parlamentaria. El gran partido de la derecha, la CEDA, era conservador y católico pero sin nada que ver con el fascismo.  A los monárquicos alfonsinos y los carlistas tampoco se les puede considerar fascistas, aunque imitaran del fascismo algunos aspectos exteriores. Los falangistas se unieron a la sublevación militar, pero con grandes reservas de algunos de sus dirigentes (1).

 

Los militares protagonistas de la sublevación oscilaban entre el conservadurismo y el liberalismo clásico. Algunos ni siquiera eran monárquicos: Queipo de Llano había participado en el intento de sublevación republicana en Cuatro Caminos. Mola quiso sublevarse con la bandera tricolor de la República, pero sus aliados civiles carlistas (estaba en Navarra) le impusieron como condición para unirse al golpe que este se hiciera bajo la bandera bicolor monárquica.

 

Lo de la “legalidad republica” es altamente discutible. Pocos días antes del levantamiento militar agentes del gobierno (guardias de asalto y guardias civiles) secuestraron de su domicilio y asesinaron a José Calvo Sotelo, diputado de Renovación Española y uno de los jefes de la oposición parlamentaria. Parece ser que el mismo comando intentó asesinar a Gil-Robles, pero no lo encontró en su domicilio. Este hecho no es precisamente una muestra de “legalidad republicana”.


[Img #10040]Uno de los partidos integrantes de la coalición gobernante, el Frente Popular, era el Partido Socialista Obrero Español, que en Octubre de 1934, había protagonizado junto con los nacionalistas catalanes,  un levantamiento armado contra la República. Para sofocar la sublevación en Asturias, donde tuvo más resonancia, el gobierno tuvo que recurrir al ejército. El motivo (o pretexto) de la sublevación era que tres ministros de la CEDA habían entrado en el gobierno. Teniendo en cuenta que la CEDA era, en aquellos momentos, el partido mayoritario en las Cortes Españolas no parece que el PSOE tuviera muy asumidos los principios de la democracia parlamentaria.

 

 

2.- El régimen de Franco era “fascista” pues fue apoyado por potencias fascistas como Italia y Alemania.

 

Durante la guerra civil y en la inmediata posguerra Hitler y Mussolini apoyaron a Franco, pero eso no convierte al régimen automáticamente en fascista. En Rumania Hitler apoyé al general Antonescu, en contra de los auténticos fascistas autóctonos, que eran los militantes de la Guardia de Hierro.

 

Por otra parte las democracias ni apoyaron a la República, pero si que lo hizo Stalin, cuyo régimen no tenía nada de democrático. Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, Franco, apoyándose en los sectores aliadófilos (parte de la Iglesia, del Ejercito y los monárquicos) inició un hábil cambio de bando, vendiendo su “anticomunismo” a los aliados. Llegó a promulgarse un decreto en que se prohibía el saludo brazo en alto.

 

3.- El régimen de Franco era “fascista” porque era represor y “genocida”.

 

Durante la guerra civil, en la retaguardia de ambos bandos se practicó la represión y el asesinato de los adversarios políticos. En el bando republicano se practicó también la purga estalinista, es decir, la represión contra los propios, como aconteció con el POUM. En ningún caso tiene sentido hablar de genocidio, que consiste en el exterminio sistemático de un pueblo o una etnia.

 

En los años que siguieron a la guerra el régimen siguió practicando la represión contra sus oponentes. Simplemente tuvo más tiempo, pero de haber ganado la guerra el otro bando la situación habría sido parecida o peor. Que un régimen practique la represión, especialmente en el contexto de una guerra civil, no lo convierte en fascista.

En realidad el régimen de Franco se basaba en una coalición contrarrevolucionaria, en la cual los fascistas eran minoritarios y ocuparon siempre una posición marginal.

 

4.- Después de la muerte de Franco, las “movilizaciones populares” forzaron la transición a la democracia.

 

[Img #10042]La transición hacia la democracia formal de corte liberal se estaba fraguando mucho antes de la muerte de Franco: empezó en la década de los sesenta, cuando los tecnócratas del Opus Dei empezaron la liberalización económica, preludio de la “liberalización” política. En la transición la burguesía se sucedió a si misma con el beneplácito de la izquierda. La embajada americana jugo un papel fundamental en todo este proceso.

 

 Con mentiras y falsificaciones como estas se construye la “memoria histérica”. No debe extrañarnos que la represión se cebe en editores y libreros que defiendan relatos alternativos.

 

(1) José Antonio Primo de Rivera, jefe nacional de Falange Española de las JONS, escribió una carta desde la cárcel donde estaba preso alertando del peligro de que el movimiento militar se convirtiera “en una dictadura burguesa y conservadora, orlada, para más escarnio, con el acompañamiento coreográfico de las camisas azules

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