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Sergio Pérez-Campos
Sábado, 24 de marzo de 2018

Un americano en Siria

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Siria, pese a ser una dictadura –bastante blandita, por cierto-, es una nación que bajo Bashar al-Ásad ha logrado buenos niveles de prosperidad, una sociedad muy igualitaria, una convivencia pacífica entre religiones bajo un estado laico, y unos niveles de educación cuya comparación debería hacernos sonrojar a los españoles

[Img #10165]Desayunaba un día, durante un viaje por Uganda, con un norteamericano, y como suele ser habitual entre mochileros, surgió durante nuestra conversación el inevitable tema de los viajes. También casi inevitable surgió la cuestión de cuál era el país que más me había gustado. Siria, contesté sin dudar. El useño me dirigió una abierta y cómplice sonrisa. ¡También el mío! Exclamó, entusiasmado. Tras lo cual pasamos un largo rato hablando de las muchas cosas que nos habían encantado del País de Sham. Me asaltó, creo que con lógica, la curiosidad por saber cómo le había ido a un norteamericano por un país que ya tenía, a la sazón, una hostilidad manifiesta hacia los Estados Unidos. La cuestión pareció aumentar el entusiasmo de mi interlocutor, que pasó a explicarse. No tuve el más mínimo problema por ser norteamericano, ni fui tratado con la más mínima descortesía. Muy al contrario, fueron conmigo tan hospitalarios y encantadores como pueden serlo con alguien de cualquier otro país. Su altísimo nivel cultural y cívico les hace también ser conscientes de que una cosa es el gobierno de mi país, y otra soy yo como persona, aunque sea ciudadano de un país con el que el suyo tiene pésimas relaciones.

 

Fue un testimonio que me hizo rememorar mi propio viaje. Siria es un gran desconocido para la mayoría de los europeos. Un país que sorprende y deslumbra por muchas razones. Una que salta pronto a la vista es la gran educación y amabilidad de su gente, que llega,  en su alto sentido de la hospitalidad, a extremos conmovedores.

 

[Img #10163]Pero si hubo algo que me llamó poderosamente la atención fue que las diferencias sociales eran casi imperceptibles; y no porque fuera una sociedad igualada por lo bajo, por la miseria, que sería un logro sencillo, como demuestran las tiranías comunistas sumiendo a la gran mayoría de sus súbditos en la miseria más absoluta. La sociedad siria vive instalada en una equidad de buenos niveles de bienestar, cuando no de excelencia, si nos referimos al altísimo nivel educativo del que gozan, y que se constata reiteradamente al tratar con los sirios.

 

[Img #10164]Ya a la sazón tenía Siria el problema de sus pésimas relaciones con los países que dominan ese sucio cotarro de la política internacional. Y ya decía yo entonces, apenas meses antes de la invasión de Irak, que Siria no tardaría en ser el objetivo de la iniquidad del anglosionismo. Pese a no poseer petróleo, Siria ha sido uno de los países más incómodos para los macarras del poder mundial. Baste recordar que Hilaria Clinton llegó a afirmar textualmente hay que destruir Siria, sin que esta barbaridad le haya sido tenida en cuenta por sus feligreses, ni para votar, ni para dejar de afirmar que el conflicto sirio es una guerra civil, cuando es una invasión descarada organizada por los secuaces de la mencionada bruja y el enésimo miserable ganador del Nobel de la Paz con el que gobernó la primera potencia mundial. Una invasión ejecutada, para más ignominia, con la creación del grupo terrorista más cruel y repugnante que se haya podido conocer, financiado por esa misma chusma mundialista.

 

Y es que ese deseo de destruir Siria no viene de la vieja excusa yankee de acabar con una dictadura –los aliados de Arabia diciendo eso, qué sarcasmo-. Porque Siria, pese a ser una dictadura –bastante blandita, por cierto-, es una nación que bajo Bashar al-Ásad ha logrado buenos niveles de prosperidad, una sociedad muy igualitaria, una convivencia pacífica entre religiones bajo un estado laico, y unos niveles de educación cuya comparación debería hacernos sonrojar a los españoles.

 

[Img #10162]Es más bien por cosas así que Siria es tan molesta para personajes como  los Soros, los Rockefeller y todos esos verdaderos amos del mundo, que mueven a títeres como la estúpida Clinton o el dicharachero Obama,  sin importarles lo más mínimo la voluntad de los ciudadanos. Porque ellos siempre han mandado, aunque nadie les haya votado nunca.

 

Lo de derrocar dictaduras, que se lo cuenten a otro. Lo tenemos muy visto.

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