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Josele Sánchez
Domingo, 25 de marzo de 2018

Las lágrimas de Cañete. Breve cuento para un niño que lo leerá desde el Cielo.

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Breve cuento para un angelito de cinco años que ya no está con nosotros

[Img #10205]Tú no habías nacido pero tu papá fue un mago: el mejor de los magos.

 

Voy a contarte un cuento...

 

Érase una vez un equipo de fútbol resignado a ser siempre un segundón, que aún no se había repuesto de la vergüenza haber visitado, de manera obligatoria, el infierno -siquiera por un solo año-, de la Segunda División.

 

Y tiempo después llegó Papá a guardar la portería del Valencia CF y no sólo se convirtió en el mejor guardameta de toda la historia del fútbol español: Papá, en el Valencia CF hizo magia

 

[Img #10211]La resignación de casi 50.000 socios, la tristeza futbolística de cientos de miles de valencianistas acostumbrados a ser siempre los convidados de de piedra del banquete futbolístico, se convirtió en fe, en esperanza, en un permanente "sí se puede", cada vez que Papá se colocaba bajo los cuatro palos y sacaba su chistera.

 

Papá estaba "algo loco" -debes saberlo- se tintaba la cabeza de rojo o de amarillo, era superticioso con las toallas -siempre a juego con el color de la camiseta- que colocaba junto a la portería.

 

No sólo es que nadie hiciera un gol a Papá, es que su magia la contagiaba desde la defensa hasta la delantera y un equipo triste y sin ambición, él solo lo convirtió en un grupo de hombres seguros de sí mismos, conscientes de la afición que les apoyaba y decididos a llegar a lo más alto.

 

[Img #10209]Y la magia de Papá consiguió lo que el valencianismo llevaba 30 años esperando: ¡dos campeonatos seguidos de liga! y que el nombre del Valencia CF reluciera a nivel intenacional.

 

Cuando jugaba aquel equipo glorioso, ese Valencia CF -cada partido- lo formaba, Papá y diez hombres más; daba igual quiénes fueran esos otro diez jugadores porque la magia de Papá los convertía a todos en Mesís, en Ronaldos, en Pelés o en nuestros eternos Kempes y Diestefáno.

 

Dos veces estuvo el equipo de Papá (porque, por mucho que la prensa de la meseta sólo recuerde su paso por el Madrid, el club donde Papá se quedó -porque se lo creyó tanto como si hubiera nacido en El Cabañal- fue el Valencia CF) a las puertas del olimpo de la gloria. Dos veces consecutivas jugamos la final de las finales y a punto estuvimos de grabar en oro el nombre del Valencia CF en la historia del fútbol europeo.

 

La primera fue en París (precisamente contra nuestro eterno rival) y la segunda en Milán, nada menos que contra el Bayern de Munich.

 

[Img #10210]A mí -como siempre-. cada momento de gloria me pilló en algún lugar del mundo, muy lejos de mi querida Valencia (así es la profesión de trotamundos que -acaso equivocadamente- elegí para mi vida) pero no hubo éxito de ese Valencia CF que no celebrara como si estuviera ocupando mi localidad (que siempre mantuve, pese a no utilizarla) en el viejo y querido Mestalla y boté junto a miles y miles de valencianistas y grité, y canté, e incluso -desde tan lejos- hice algo que es estúpido pero que a veces hacemos los mayores cuando desbordamos de alegría: me emborraché como un cosaco.

 

La primera de las finales de la Champions League la vi en un viejo televisor en blanco y negro, a muchos kilómetros de distancia de París, donde se jugaba y muy lejos de nuestra querida Valencia totalmente paralizada para tan alta ocasión; pero debo reconocerte que no pude acabar de ver el encuentro: cuando el Real Madrid nos metió el segundo gol me marché "jurando en arameo" y negándome a ver lo que quedaba de partido: la superioridad del rival era aplastante y no había nada que hacer.

 

Pero Dios siempre compensa a los buenos y Papá no era un mago normal, era de esos magos que jamás se rendían y que repetía una y mil veces sus trucos hasta que conseguía que salieran: así las cosas al año siguiente -pese a que teníamos un entrenador mediocre y falto de ambición- Papá volvió a empujar a toda la plantilla hasta lo más alto y nuevamente el Valencia, por segundo año consecutivo, se jugaba el más alto de los honores contra el Bayern de Munich

 

[Img #10208]Y eso ya no podía perdérmelo. Tuve que hacer muchos kilómetros para  volver a Valencia y desde allí -y junto a mi hermano Chumi (con el mismo con el que viví las tinieblas de la Segunda División)- volé hasta Milán, seguro de que esta vez sí sería posible y que el Valencia CF llevaría hasta nuestra patrona, la Mare de Deu dels Desamparats1 la copa de Campeones de Europa.

 

Durante casi una hora fuimosCampeones de Europa pero el miedo escénico de un entrenador -muy por debajo de la categoría y la ilusión de aquel grandísimo Valencia CF- hizo que nos empatasen el partido y que todo nos lo jugáramos a una tanda de penaltis. Y allí, pese a que Papá volvió a hacer magia y paró lo imparable, Peregrino, la mala fortuna y los astros conjurados contra nosotros decidieron que, por segunda, vez nos quedáramos a las puertas de la gloria.

 

Yo no pude fijarme en Papá porque bastante tenía con secar mis lágrimas y abrazarme con mi hermano que también -como cientos de miles de valencianistas- lloraba desconsolado.

 

[Img #10207]Pero al día siguiente pude ver, en todos los periódicos, las lágrimas de Papá, el llanto desconsolado de un mago al que -pese a sus magistrales trucos de magia- se le volvía a escapar el empírio futbolístico.

 

Papá siempre será recordado por esa imagen llorando desconsolado en el estadio de San Siro, y por el abrazo de ese otro gigante de la portería, el alemán Oliver Kahn, intentando consolarle con una deportividad exquisita.

 

Lo normal hubiera sido tirar la toalla, abandonar tras dos oportunidades perdidas, traicionar a un Club y a una afición y marcharse a otro equipo en el que pudiera ganar grandes títulos: eso hubiera sido lo normal, pero ya te he dicho que Papá era todo menos un tipo normal. Papá está hecho de otra pasta y posee una fidelidad, un amor a los colores y una nobleza poco común en esta sociedad y muy particularmente en este negociado tan mercantil y tan mercenario como es el mundo del fútbol.

 

Papá era un mago y creyó nuevamente en su magia.

 

Y la vida siempre ofrece nuevas oportunidades a lo grandes de espíritu así que, con otro entrenador, Rafa Benítez (éste sí a la altura de los trucos de Papá y de la ambición de toda la plantilla) ganamos dos ligas consecutivas cuyas copas, levantó Papá entre los aplausos y el llanto de todo el valencianismo que hacía treinta años que no lograba un título de liga.

 

[Img #10206]Papá pasó malos momentos y todos los superó gracias a su magia: se perdió un mundial por un estúpido accidente doméstico. Pero no abandonó, siguió adelanate. Y un día decidió que era el momento de poner fin a su carrera deportiva y aunque le salió trabajo en Madrid como comentarista deportivo, decidió afincarse para siempre en Valencia, porque ningún otro lugar se entregó a su magia como la hermosa ciudad en la que tú -al igual que yo- naciste.

 

Esas lágrimas de Papá -a quien cariñosamente denominábamos Cañete- permanecerán para siempre en la historia del Valencia CF, pero sé que no serán nada al lado de las lágrimas que, junto a Mamá, habrá derramado ahora que tú has decidido emprender viaje hasta el Cielo.

 

Desgraciadamente a Papá no le han servido sus trucos para mantenerte aquí, pero seguro que su magia va a acompañarte en la eternidad y hará que tú, desde el cielo, le protejas y disfrutes -algún día- de ese éxito deportivo que se le reistió a tu padre y a todo el valencianismo.

 

Uno jamás puede dejar de ser lo que es y de sentir lo que siente. Por eso, esté en el lugar que esté, siempre vivo con la misma intensidad las derrotas y los éxitos del Valencia CF.

 

[Img #10204]

 

Pero uno no sólo es de donde nace -también de donde pace- por eso ahora, mi segundo equipo, es el Efesé, un FC Cartagena que lucha por ascender y ocupar el lugar que por la historia y la categoría de la ciudad merece en el fútbol español. Y nunca dejo de soñar que ojalá encontrase este FC Cartagena un mago como lo fue Papá.

 

Así que desde esta preciosa ciudad trimilenaria, desde Cartagena -el lugar al que ahora me ha traído este trabajo tan nómada del periodismo- te envío un besito muy fuerte para que llegue hasta el cielo y el abrazo más fuerte para Mamá y Papá.

 

Sé que tú ja has pujat AMUNT del tot, fins dalt del Cel... 2

 

Por eso -pese a que sólo has sido valencianista cinco años- sé que siempre estarás en la memoria de todos los valencianistas y que, desde el Cielo, gritarás con todos nosotros cada vez que Mestalla brame: ¡AMUNT!

 

1 Virgen de Los Desamparados

2 Sé que tú ya has subido ARRIBA de todo, hasta el lo alto del Cielo

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