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Javier García Isac es director de Radio Ya
Lunes, 26 de marzo de 2018
memoria histérica. Opinión de Javier García Isac

La batalla ideológica que nunca fue

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Noticia clasificada en: Memoria histérica

El nuevo proyecto de ley de memoria histórica, desea decirnos por decreto lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que decir y lo que podemos ver o leer. Desean controlar nuestras mentes para ir moldeando al hombre del futuro, construir una sociedad bizcochable ajustada a sus principios.

[Img #10213]

Por norma general tengo por costumbre respetar a las personas, no tanto a las ideas, muchas de las cuales me parecen despreciables y dignas de ser reprobadas. No quiero, no deseo ser hipócrita y ensalzar aquello que no me gusta, o incluso permanecer pasivo. La pasividad, en muchas ocasiones es un síntoma de cobardía, me atrevería a decir –incluso- que de complicidad. No se puede permanecer pasivo, cuando uno sabe que esa pasividad te hace cómplice de la mentira y el engaño. Considero un grave error no entrar en la batalla ideológica. Si uno renuncia a dar batalla, es muy posible que acabe perdiendo la guerra. Acabamos asumiendo cuestiones, dichos y hechos como buenos y ciertos, por culpa de esa renuncia, de esa pasividad a entrar en el fondo de los asuntos.

 

La izquierda maneja muy bien los tiempos. Sabe a la perfección cuál es el momento adecuado de volver a plantear cuestiones, que, si bien en un primer momento pudieran parecer baladís, son fundamentales para la transformación de la sociedad que persiguen. Se trata de sacar del debate cuestiones primordiales y que debemos aceptarlas como ciertas, debilitando nuestra identidad y desestructurando nuestra sociedad.

 

[Img #10215]La derecha o el centro reformista de este país, renuncio hace ya mucho tiempo a dar esa batalla ideológica -que muchos reclamábamos- e hicieron un daño irreparable al conjunto de todos nosotros. Pensaban que con ellos no iba el tema de la historia, de la cultura, la enseñanza, la literatura, el cine o el teatro, que no eran cosas fundamentales. Ellos estaban aquí para solucionar cosas importantes como la economía, el resto no importa, mejor no entrar en ese debate. Y se equivocaron gravemente.

 

 

Primero se perdió la batalla lingüística y después todo lo demás. No se hablaba de la banda terrorista, se hablaba de grupo armado. Cuando ETA no era amigable, se les calificaba de nazis, ahora de hombres de paz. Nunca fueron nazis o fascistas, tampoco son ahora hombres de paz. Fueron y son comunistas y asesinos, igual de comunistas que los retrógrados de POTEMOS o Izquierda Hundida.

 

También se perdió la batalla jurídica o judicial, permitiendo que tribunales extranjeros se inmiscuyeran en asuntos netamente nacionales, como la puesta en libertad de centenares de asesinos, terroristas, criminales y violadores antes de tiempo. Lo cierto es que nada nuevo, nada que no hiciéramos nosotros mismos con la injusta amnistía del 77.

 

Ahora vamos a perder una batalla ideológica que hace mucho que comenzó. Se perderá por incomparecencia de aquellos que tenían la obligación y el deber moral de haberla disputado. Aquellos que tenían la fuerza necesaria para haberlo parado. Siguen pensando que esto no va con ellos, que esto forma parte del pasado. ¡Qué inútiles, qué ilusos al pensar que la izquierda se detendrá aquí! No es nada nuevo, ya lo dijeron otros, la obsesión de controlar el pasado viene dada por la determinación de controlar el presente.

 

El mal avanza porque no tiene a nadie enfrente que lo detenga. Nada es por casualidad. Las leyes de imposición de ideología de género, las leyes de colectivos LGTBI, las leyes de memoria histórica, la ley del aborto, leyes antinatalistas y leyes que regalan nuestra nacionalidad a colectivos extranjeros y desarraigados, tienen todas como finalidad, el desmontaje de nuestra sociedad y de nuestra identidad.

 

El nuevo lenguaje que se nos impone tampoco es casual. La mujer, el homosexual, el inmigrante, el animal o la naturaleza, poco o nada les importa: son los instrumentos, los accesorios necesarios para el enfrentamiento, para mantener la tensión y la lucha, una vez desaparecida la de clases.

 

Dentro de esta batalla ideológica que nunca fue, que nunca se dio, merece especial atención la que hace referencia a nuestro pasado.

 

[Img #10214]El nuevo proyecto de ley de memoria histórica, desea decirnos por decreto lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que decir y lo que podemos ver o leer. Desean controlar nuestras mentes para ir moldeando al hombre del futuro, construir una sociedad bizcochable ajustada a sus principios. Desean separarnos entre buenos y malos, y que veamos como normales hechos y comportamientos que no lo son.

 

Es una ley totalitaria que entraña, en sí misma, mucha más maldad de la que podríamos imaginar.

 

La izquierda desea borrar las huellas de su pasado de crimen, odio y terror y para eso es fundamental tergiversar y mentir sobre nuestra historia, generar un relato paralelo y hacernos creer que ese es el correcto.

 

Si permitimos, si seguimos pasivos ante la mentira y el engaño, seremos cómplices de la maldad. Estaremos olvidando y escupiendo sobre la tumba de nuestros muertos, de nuestros héroes que se sacrificaron por nosotros, para hacer de esta España un lugar mucho mejor del que ellos encontraron.

 

La ley de la memoria histórica debe ser combatida, debe ser desenmascarada. No importa el precio a pagar. Lo contrario será nuestra propia desaparición y la desaparición de un país ahora conocido como España.

 

 

 

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