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Josele Sánchez
Martes, 27 de marzo de 2018
memoria histérica. Opinión de Sergio Pérez-Campos

Otro libro a la hoguera

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Noticia clasificada en: Memoria histérica

Si ya es grave que se prohíban opiniones o versiones diferentes, si ya es siniestra la aniquilación de la libertad de cátedra, de opinión, de expresión, más apocalíptico me parece el silencio, la resignación de una mayoría que siempre tiende a sentirse a salvo, sin darse cuenta de que en un sistema totalitario, nadie, absolutamente nadie, está a salvo.

[Img #10255]

Uno de los mejores libros que he leído recientemente narra la peripecia de Eric Arthur Blair  -más conocido por su pseudónimo, George Orwell- durante la Guerra Civil española. “La noche desnuda”, de Juan Carlos Arce, cuenta cómo el joven escritor británico vino a nuestro país para luchar contra el Fascismo, y terminó huyendo despavorido de sus teóricos correligionarios, que a la postre, hicieron peligrar mucho más su pellejo que las huestes franquistas. Su adscripción al trostkista POUM, y su amistad con Andreu Nin pusieron en serio riesgo su vida, que peligró más por acción de Stalin y sus agentes que por la de sus enemigos fascistas.

 

 

[Img #10258]La versión única de las cosas es un rasgo esencial del totalitarismo. Un sistema totalitario siempre intentará crear una verdad única, asumida por todos los súbditos –que no ciudadanos-, y lógicamente, para lograrlo se precisa de la represión. Como anular el pensamiento, las ideas, es tremendamente difícil, la represión ha de ser, por tanto, brutal e inflexible.

 

 

Es curioso que los mismos totalitarios que presumían ayer en las Cortes de una visión humanitaria y tolerante para aliviar las penas de los peores criminales, son exactamente los mismos que promueven una vuelta de tuerca a la ya sectaria Ley de Memoria Histórica, proponiendo nada menos que la cárcel para quien disienta de su propia versión de la reciente Historia de España.

 

 

En este nuevo contexto, la espléndida narración sobre la presencia de Orwell en España –por cierto, de una calidad literaria sobresaliente-, parece condenada a esa futura hoguera donde los marxistas de siempre, los epígonos de Stalin o Mao, intentarán enterrar, no sólo la verdad, sino toda visión ideológica diferente a la suya.

 

 

Si algo me produce miedo es la ominosa indiferencia de una gran mayoría de ciudadanos ante lo que es un peligrosísimo precedente. Si ya es grave que se prohíban opiniones o versiones diferentes, si ya es siniestra la aniquilación de la libertad de cátedra, de opinión, de expresión, más apocalíptico me parece el silencio, la resignación de una mayoría que siempre tiende a sentirse a salvo, sin darse cuenta de que en un sistema totalitario, nadie, absolutamente nadie, está a salvo.

 

 

[Img #10256]

Tendré que releer esta excelente novela; la narración del secuestro y tortura de Nin a manos de agentes soviéticos, el clima de terror que imperó entre las propias filas republicanas, son realidades históricas que pronto estará prohibido narrar. El libro irá a la hoguera, y tendré que responder por la posesión de una obra que cuestiona la idílica imagen que pretenden transmitirnos sobre un bando en el que todo era “paz y amor”.

 

 

La memoria de miles de buenos republicanos que lucharon lealmente por una España mejor no creo que se honre pisoteando libertades.

Pese a visiones diferentes de España, en nuestra gran tragedia nacional se enfrentaron hombres con ansia de justicia en ambos bandos, como ambos bandos albergaron hienas de retaguardia, asesinos y ventajistas.

Pasar de puntillas sobre los crímenes de un bando y simplificar una guerra en la que parece que unos mataban y otros repartían bombones, es un flaco favor a la verdad y a la memoria de los que dieron su sangre por una España mejor.

 

 

Quizá esta ley sólo sirva de homenaje a todos los canallas que, en esa guerra, cometieron todo tipo de excesos buscando el beneficio propio, la prebenda, el negocio y lucrarse con el sacrificio de otros.

 

 

 

[Img #10257]Baste recordar que al poco de acabar la guerra, una Falange que contaba con unos pocos miles de afiliados en los tiempos duros, llegó a dos millones y medio de afiliados, muchos de los cuales se deshicieron de sus camisas azules cuando el triunfo aliado era inminente y sospecharon que el franquismo caería detrás. Lo que da una idea real del alcance de su compromiso.

 

 

Quemen este y muchos otros libros. Pero dejen de hacerlo en nombre de la libertad. Y dejen de rendir este tipo de homenajes a los que sí lucharon por ella. No merecen tal insulto. Y España, por degradada que esté, no se merece hienas como ustedes.

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