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Andrés Hernández Martínez
Domingo, 1 de abril de 2018
Opinión de Andrés Hernández Martínez para La Tribuna de Cartagena

Odio

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[Img #10356]

El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo, así lo cita la que fija, da brillo y esplendor a nuestro léxico.

 

España, tristemente lleva décadas viviendo entre el odio y el miedo, el odio desarrollado por las calañas oprobias que han basado en el terrorismo, en el mesías profano de la pistola, de las bombas, del miedo…, una manera de vivir cómodamente, sin conciencia y sin corazón, [Img #10353]esto lo hemos sufrido en España durante décadas con los radicales por ignorantes y parásitos sociales o asesinos a la sazón de ETA, GRAPO y demás aforados a la miseria humana, y por supuesto…, sus descendientes y simpatizantes ideológicos, una clase de macarras sociales que ahora tibiamente hacen apología de la racionalidad por interés político basándola en la mentira, vistiendo la sotana del perjurio del alma por captar votos indolentes y perfeccionar su alabanza violenta y antisocial, entre el odio y el miedo.

 

Entre el odio y el miedo. Hacer política hace décadas y ahora otra vez, consistía y consiste en hablar con ira del pasado de España, la guerra, los malos o conservadores, los buenos…, los ocupadores, los ocupados, lo que es la defensa del victimismo fanático hecho maná de miserables. Un discurso caduco, rancio y aséptico por fracasado que se entona como la panacea de la salvación social, discurso que es el decálogo de los radicales  infames de esta sociedad para justificar su autocrática existencia. Se vivía en este país hace décadas con fantasmas de odio y [Img #10357]sombras tétricas, y ahora también. Cada uno tenía sus fantasmas diferentes, pero el odio era general, y lo triste es que ahora también. Estaba muy vivo en el país el viejo asunto de las dos Españas. Eran los sesenta, y las reminiscencias en los setenta y ahora, gracias al PSOE desestructurado con un Sánchez perdido en la mísera de las sombras del fracaso con ansias de protagonismo. Un Podemos anárquico vestido con pañoleta de “boy scout” y con la miseria humana alojada en el corazón de víctima, anclados en la soledad de la dignidad del “Pueblo Blanco” de Serrat, olvidados en el tiempo, sin avance, estancados, donde solo el odio, el rencor y las deleznables ansias de poder por venganza y protagonismo son su decálogo de actuación con la moral precisa del momento y sin dignidad, “mienten luego existen”.

 

[Img #10355]Esta nueva generación del odio ya la tenemos aquí. Ahora es cuestión y responsabilidad nuestra desterrarlos, otra vez…, es cansino. Son esos que están ahora, metiendo el miedo en el cuerpo a quien se preste. Sin olvidar a la panda de sinvergüenzas que nos han gobernado y todavía nos gobiernan que, con su descabellada arrogancia han jodido lo que tanto costó levantar a nuestros predecesores. Una panda de muertos de hambre mezquinamente aforados sin distinción de género ni número con marchamo de concejal, alcalde, diputado y senador que han hecho de la representación política un negocio y que son culpables de cohecho y corrupción social.

 

[Img #10354]Así decía el hierro al imán: “te odio porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para unirme a ti”. Esta sentencia de Friedrich Nietzsche puede sintetizar la triste realidad que asola al mundo. Ayer fue la Intifada, hace siglos las Cruzadas, hoy la Yihad, y mañana..., el dios de cada cual dirá, no dudéis de que habrá un mañana, el mundo cohabita y coexistirá con víctimas y victimismo y con herejes de la verdad batiendo falsas deidades. No me creo que ningún dios siembre el desastre, el odio, la muerte y el miedo, eso es emanado de la miseria humana. No entiendo porque los corazones en paz, los guías espirituales de puros linos blancos no elevan el grito enérgico del destierro de estos miserables que siembran el terror basándose en un Islam radical cada vez más deteriorado socialmente y sometido a su propio terror, con las excusas del atropello propio que duran siglos, solo tibias manifestaciones, Paris, Bruselas, Lahore, Bagdad…, antes New York, Madrid, Londres…, las mil y una noches teñidas de sangre y dolor, ¿es este el mensaje que quieran dar? 

 

Un mensaje de odio, de miseria y de terror. Son seres que aterrorizan con un corazón de plástico, podrido, depravado y corrompido, muy pequeño. Víctor Hugo decía que, “Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga. El Odio engendra odio, y otra vez se está engendrando demasiado odio que acabará con otra cruzada destruida, esto durará décadas y en siglos, volveremos a lo mismo, ahora solo hay odio, miedo al miedo”; el odio es la venganza de un cobarde intimidado. El odio es la cólera de los débiles. Y poco a poco en occidente nos estamos volviendo cobardes por que empezamos a odiar por dolor, y nos embauca la cólera de débiles…, somos humanos.

 

 Pero me quedo con un cita de Schopenhauer; “En no pocos casos el odio a una persona tiene sus raíces en la estimación involuntaria de sus virtudes”. Eso, traducido es envidia, impotencia de ser grande como al que se odia, de ser puro como al que se odia, de ser valiente como al que se odia, de ser sano espiritualmente como al que se odia.

 

Esa nueva generación del odio ya la tenemos aquí. Está en España, en nuestras calles y en nuestra política. Está en Europa, en sus políticas e instituciones. Está en el mundo, está en la cobardía, en la falta de valores y respeto al prójimo. Está en las venas de una civilización corrompida, otra vez. Alguien dijo que lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo, y esa es la verdadera daga de los terroristas, hacer perder lo que se ama, el miedo lleva al odio y ahora esta germinando salvajemente en Occidente y en un Oriente sometido a estúpidas guerras por intereses económicos y partidistas. Más odio, lamentos y lágrimas con notable ausencia de amor, afecto, cariño…, respeto en definitiva. El odio en circunstancias extremas y radicales como las actuales es como una pandemia, una enfermedad epidémica que se extiende por doquier y ataca a casi todos, y eso no es sano, y evidentemente, ya nos estamos contagiando…, pero una mirada al pasado sin odio, con amor y cariño a nuestra familia, a nuestros amigos, los de la infancia y los actuales, a la buena gente humilde y serena, nos hacen mitigar tan ingrata acepción.  Dedicado al Teniente Coronel Arnaud Beltrame. Héroe.

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