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Manuel Parra Celaya
Domingo, 1 de abril de 2018
Opinión de Manuel Parra Celaya para La Tribuna de Cartagena

Odia el delito y compadece al delincuente

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El delito de los separatistas puede haberlo sido contra las leyes establecidas, y ahí han encontrado la horma de su zapato, pero su crimen va más allá, porque se trata de un atentado contra la historia, de un intento de ruptura de una tarea de muchas generaciones precedentes y de un atraco contra la herencia de las sucesivas.

[Img #10365]Acepto totalmente la primera parte del aserto y albergo serias dudas con respecto a la segunda en lo tocante a los separatistas. Y no es por falta de caridad ni por negarles su dignidad de personas, sino porque tengo para mí que los presuntos delincuentes -y [Img #10364]sus segundos y terceros de a bordo en la varada nave del procés- siguen buscando sin cesar la manera de perpetrar su delito frustrado, sin el menor síntoma de arrepentimiento. Es decir, que los considero reos de contumacia, que diría la eminente experta en Derecho Canónigo, Sor Lucía Caram.

 

 

 

 

           

[Img #10358]Me estoy refiriendo, naturalmente, a los que penan prisión preventiva en diversas cárceles de España y de Alemania, a los que disfrutan de un supuesto exilio dorado, a los segundones que gozan de libertad con cargos o sin ellos y a la tropa que -por mor de unas normas electorales tontas- siguen teniendo mayoría parlamentaria en Cataluña; añadamos a esta lista a los periodistas, a los clérigos, los laicos o los ateos profesantes y a los colaboradores en el resto de España -sin olvidarme de los tontos incurables-,  que inundan de mensajes incendiarios los móviles de sus correligionarios para continuar la movida. En primera línea, a los activistas que, en estos días de Semana Santa, han hecho lo posible para hacer la puñeta a los ciudadanos que salían a las carreteras.

 

           

[Img #10362]

 

Reputo a todos ellos de reincidentes o de relapsos (en el caso de quienes sostuvieron, con escasa gallardía, antes los jueces que aquello era meramente simbólico), y, en consecuencia, me cuesta bastante aplicarles mi compasión; esta la reservo para los manguis limosneros, para los descuideros de las aglomeraciones e, incluso, para los políticos corruptos.

 

           

[Img #10366]

¿Por qué esta diferencia de tratamiento personal entre unos y otros, entre los chorizos vulgares y los separatistas, aunque alguno de ellos se bañe diariamente en agua bandita? A aquellos los catalogo como desgraciados en el fondo; son unos malos herederos de aquellos pícaros tan presentes en nuestra literatura clásica, solo que sin la gracia de un don Pablos o de un Lázaro de Tormes; a todo lo más que llegan es a cofrades del patio del Monipodio, que meten sus manos, ya en las bolsas de viandantes, ya en las arcas públicas, donde reposan esos dineros que, según feliz expresión de la socialista Ministra de Cultura, Carmen Calvo, no son de nadie.

 

           

[Img #10361]

 

El chorizo en sus diversas categorías puede llegar a ser un pobre rico, expuesto a que lo detenga (brevemente) la policía o -si lo localizan los del partido de enfrente, nunca los del propio- se enfrente a penas más severas por sus fechorías. Nunca sabremos de su arrepentimiento sincero, pues su delito constituye su medio de vida y no es cuestión de desaprovechar las ocasiones para ganarse, ya no el pan, sino el chalé o el coche de lujo.

 

           

[Img #10359]

 

En cambio, el separatista suele actuar por un imperativo de fanatismo ciego; quizás se le podría calificar como auténtico poseso, pero la presencia que lleva en su interior no corresponde al simpático Cojuelo, sino a un diablo que hace gala de su denominación etimológica, que significa desunión; suele ser un forofo de la rebelión contra cualquier forma de acercamiento, convivencia y unidad; concretamente, de la marcha de los pueblos hacia su concordia, hacia la armonía del hombre

con su entorno.

 

           

Lo hemos comprobado de sobras en Cataluña, donde estas posesiones han provocado la ruptura de amistades, la separación de familias, las enemistades entre vecinos y en encono hacia quienes no hacen ostentación de lazos amarillos o de esteladas.

 

 

[Img #10360]

El delito de los separatistas puede haberlo sido contra las leyes establecidas, y ahí han encontrado la horma de su zapato, pero su crimen va más allá, porque se trata de un atentado contra la historia, de un intento de ruptura de una tarea de muchas generaciones precedentes y de un atraco contra la herencia de las sucesivas. Mucho me temo que, cuando lleguen los juicios correspondientes, responderán de lo primero, pero no de lo segundo.

 

           

 

 

[Img #10367]El arrepentimiento del chorizo es posible; difícilmente en el separatista, mientras siga poseído por la soberbia de creerse en posesión de la verdad: si hubiera triunfado, su orgullo sería inconmensurable; si derrotado, mantendrá su odio visceral del que se cree víctima permanente.

 

 

           

Acaso, solo el paso de los años, previas largas horas dedicadas a la lectura, al viaje por otras Aldeas y a la reflexión profunda pueden provocar que reconsidere su tremendo error y atenúe la gravedad del crimen histórico que intentaba cometer.

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