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Carlos Roldán
Lunes, 2 de abril de 2018

Puigdemont, El Turco y la experiencia estética

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Decía López de Quintás que la experiencia estética es un tipo determinado de placer que el observador siente de la mera contemplación del cumplimiento de la ley natural: una puesta de sol, una gota que cae, un beso de una persona a otra...Para que haya experiencia estética es importante que el espectador contemple a distancia, y que el placer estético intenso provenga de la simple aceptación de la ley natural: que el sol salga siempre es bello por natural, que una gota se desprenda es bello por natural, que un ser humano bese o acaricie a otro es bello por natural.... A mí el encarcelamiento de Puigdemont me produce una intensa y serena experiencia estética, desconflictuado ya del proceso soberanista al entenderlo dentro del marco del sistema mismo que vio nacer a esta escoria, la imagen-que no tenemos, y queremos- de Puigdemont entre rejas es un espectáculo estético de máxima intensidad, exactamente por la misma razón que la puesta de sol: es lo natural. 

 

 

Y les habla precisamente alguien muy crítico con la estructura carcelaria como sistema de reinserción de pobres diablos, y mucho menos como solución para que no se vea la pobreza en nuestro país, y por supuesto una muy mala solución para acabar con el problema de la droga. Las rejas y Puigdemont son una muestra de que la belleza en la posmodernidad tiene futuro. Demandamos la imagen cuanto antes para el disfrute de la experiencia estética, porque lo otro no tiene remedio hasta la defenestración de todo el sistema.

 

 

Y a cuentas del proceso soberanista de estos delincuentes, me llama la atención la comparación que hicieron del régimen español-que ellos contribuyeron decisivamente a crear- con Turquía, que no olvidemos que es un candidato próximo a entrar en la Unión Europea según insisten estos días una y otra vez. . Porque es lo único que llevan razón estos mamarrachos, Turquía es una sombra bestializaste que desde ningún punto de vista debe ser socio de la Unión Europea, si bien la comparación con España es a pesar del mal régimen que tenemos, una barbaridad. Sé que ya hablé de esto pero quiero seguir gritándolo. 

 

 

Turquía representa la bestialidad como mentalidad y como política, fueron protagonistas de un genocidio a principios del siglo XX crucificando desnudos a más de un millón y medio de personas armenias a lo largo de su territorio  y a diferencia de Alemania, todavía no han pedido perdón. Hoy en día son protagonistas de otro genocidio al pueblo Kurdo con unas prácticas que según cuentan las crónicas van mucho más allá de lo que en muchos casos nos aterra del ISIS. 

 

La mentalidad que Gustavo Adolfo Becquer asociaba al turco sigue plenamente vigente: es astuto y busca hacerse imprescindible para todo el mundo,  es tremendamente confidente para todas las partes al tiempo que gestiona la información y a quien se la da para beneficiarse a sí mismo y está detrás sin parecerlo de todos los conflictos posibles. Cuando alguien cae por fallos propios siempre estará él para sustituirle  sin tener  además culpa de nada. 

 

 

Este arquetipo se está repitiendo en la política exterior de Erdogan, se vende como garantía de no entrada de yihadistas a Europa pero les deja pasar, se posiciona con EEUU y después con Rusia, y para ambos es un aliado de oro. Extermina con saña inhumana a sus enemigos y establece amistades eternas si estratégicamente le beneficia al día siguiente, y esta mentalidad no la da el Islam. Los Españoles de Al-Andalus fueron ejemplo de todo lo contrario. La entrada de Turquía o del Turco en nuestra sociedad es garantía de explosión. Aunque viendo la arquitectura antidemocrática medieval de la Unión Europea quizá el disolvente turco sea el elemento Gramsciano necesario para su disolución...

 

 

En definitiva, lo mejor sería mandar a los criminales catalinos a pasar su periplo a Turquía, y quitarnos ambos problemas de en medio. La foto de Puigdemont, por favor cuanto antes.  

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