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Ernesto Ladrón de Guevara
Martes, 3 de abril de 2018

El disparate lingüístico

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A mí me resulta imposible de comprender  que vascos y catalanes traguen con la falacia lingüística y se coman la mentira nacionalista del nirvana independentista. Solamente hay una explicación posible, que es el fraude consentido por el establishment de partidos y sindicatos que reciben ingentes cantidades de subvenciones a cambio de callar y consentir.

 

 

        

Resulta penoso e incomprensible en el entramado sindical de origen marxista, como UGT y CC.OO, que tienen una tradición contraria al nacionalismo separatista. Es ilógico  que se sumen al carro secesionista, como ocurre en Cataluña, donde añaden su aportación a la movilización rupturista, y atentatoria  al Estado de Derecho y a la acción de la justicia. Este circo nacional-izquierdista, émulo del “Frente Popular”, es inaudito. Indalecio Prieto o  mi admirado Julián Besteiro -que fue el único digno y sensato en la II República- se llevarían las manos a la cabeza al ver la deriva y la desorientación de estos sindicatos a día de hoy, donde no se sabe si son sectas u organizaciones en defensa de los trabajadores.

 

 

Nos dicen que no hay dinero para mantener el Estado de Bienestar, y sin embargo se gastan cantidades multimillonarias en lenguas cuya proyección hacia el exterior de nuestra pequeña nación (España) es irrelevante, y solamente sirve para hablar entre aldeanos, mientras se orilla y desprecia una lengua como es el español que en el mundo representa el siguiente peso:

 

 

         Lengua materna de 472 millones de personas. (Son 567 millones de hablantes  hispanohablantes si sumamos los que la adoptan como segunda lengua de comunicación).

 

         Lengua en la que se comunican nada menos que 21 países del mundo.         

         Lengua que es hablada por el 8% de la población mundial, en proceso de crecimiento.

 

         Segundo idioma del mundo en número de hablantes nativos, solamente superada por el chino mandarín.

 

         Tercer idioma  entre los internautas, solamente superado por el inglés y por el chino mandarín.

 

         Es realmente indignante que precisamente el lugar donde ha nacido y se ha desarrollado nuestra lengua, expandiéndose por todo el mundo, sea donde se cuestione como lengua nacional y se postule su erradicación en partes de nuestro territorio, sustituyéndola por lenguas rústicas que restringen el acceso a los medios de cultura y comunicación.  Pompeyo Trogo, cronista romano afirmaba en el siglo I que “Los hispanos prefieren la guerra al descanso y si no tienen enemigo exterior lo buscan en casa”  Tenemos la tendencia a autodestruirnos y capar nuestras posibilidades de desarrollo. No necesitamos a quienes nos  estropeen la fiesta desde fuera. Nos valemos por nosotros solos para aguarnos la existencia.

 

         Pero es que, además, contrariamente al resto del mundo que respeta la libertad de elección lingüística en la escuela, aquí renace Tánatos periódicamente, que era el mito griego de la destrucción y la muerte civil. Hay una pulsión incontenible hacia la imposición y el dominio, hacia el autoritarismo y la coerción, porque eso es, ni más ni menos, impedir que se respete la lengua materna de la absoluta mayoría de la población española viva donde viva, y, además la lengua común de todos; que todos entienden. La cuestión es formar islas y fronteras artificiales;  porque lo que no nos cuentan es la cantidad de gente que vive de ello, de crear barreras. Que es una verdadera industria improductiva  de montar  academias, de editoriales que multiplican beneficios a costa del sufrimiento de mucha gente, de escribir cosas o crear artificios, de forma antinatural,  ya que de otra manera no tendrían cabida en el mercado cultural. Son muchos los que viven de esto porque corrompen el principio moral del esfuerzo colectivo hacia el bien común.

 

         Si nos atenemos al lugar donde nací, donde he tenido a mis hijos, y vivo, el 80 % de sus habitantes tienen como lengua materna el español o castellano.  Sin embargo se destinan más de 5.000 millones de euros cada año al fomento del euskera y el 95 % de los centros -mal llamados educativos, pues son indoctrinadores- tienen modelo de inmersión en euskera, que es una lengua artificial que se creó en los años setenta para unificar los diversos dialectos existentes, y cuyo objeto y propósito no era el cultural sino crear las bases para la construcción nacionalista.

 

         Los daños producidos, en el sentido pedagógico, han sido ingentes, aunque se ocultan y nadie se atreve a ponerlos en evidencia. Sin embargo los informes de evaluación internacional (PISA y PIRLS) así lo dejan en evidencia. Y en Cataluña, los castellanohablantes de cuna tienen el doble de fracaso escolar que los que son catalanohablantes de origen; y sus estándares educativos son claramente inferiores al resto de comunidades que tienen presupuestos más escasos y condiciones peores. Todo ello deja al descubierto que lejos de pretender educar y lograr lo mejor para los clientes del sistema, que son los alumnos, la pretensión de fondo es crear una cosmovisión etnicista y separatista. De esta guisa, se crean las condiciones sociológicas para   dar el salto a la independencia, como ha quedado de manifiesto en Cataluña y anteriormente en el País Vasco con el conglomerado ETA-KAS- y nacionalistas que van y vienen como el péndulo de Foucault desde posiciones que parecen moderadas a radicales según sea el momento adecuado para desasosegar al resto de España o fastidiar la evolución de las cosas y el bien común. No lo digo yo; es patente y objetivo a la luz de los hechos. Las situaciones que se han ido sucediendo son incontrovertibles.

 

Las pruebas de ello son de tal calibre y extensión que superarían con creces la extensión razonable de un artículo como este, pero voy a poner algún ejemplo a modo descriptivo:

 

En  1990  -como se puede comprobar, esto no es nuevo- circulaba un documento redactado desde las consellerías de la Generalitat, con la colaboración de partidos como CDC y UDC, donde se fijaban objetivos como los siguientes en la “enseñanza”:

·         Catalanización de los programas de enseñanza. Análisis previo y aprobación del contenido por parte de personas responsables y de confianza.

·         Reorganizar el cuerpo de inspectores de  forma y modo que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza. Vigilar de cerca la elección de este personal.

·         Velar por la composición de los tribunales de oposición.

·         Incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas.

 

 

Es decir, los elementos clave para el control social: contenidos de enseñanza, profesorado adicto que sirva de correa de transmisión, organizaciones de padres que tengan el “chip” nacionalista, unos inspectores que controlen y  orienten hacia la finalidad última; y aquí faltan los sindicatos, bien untados de dinero, con liberaciones y prebendas para que estén contentos y no se salgan del cordel.

 

Este mismo esquema se ha reproducido, de forma mimética y exacta en el País Vasco, con un desarrollo programático y efectivo marcado al ritmo de cuartel, sin pausa ni retroceso, como ejército bien configurado con un destino y resultado que ya es incuestionable por, evidente.

 

Mientras tanto, en Moncloa han estado mirando a las nubes; ejercicio favorito de sus inquilinos.

 

No me cansaré de escribir sobre esta cuestión por las siguientes razones:

 

         1º.- Porque el daño producido en nuestras poblaciones de escolares durante estos treinta últimos años ya es irreparable.

 

         2º.- Porque es el elemento principal que posibilita la formación de las masas nacionalistas. Recuerdo que “masa” es un conjunto de la población que pierde sus rasgos característicos de ciudadanía responsable y autónoma, conformando lo que Gustave Le Bon escribía en su “La psicología de las masas”:

 

Poco aptas para el razonamiento, las masas se muestran, por el contrario, muy hábiles para la acción. La organización actual convierte su fuerza en inmensa. Los dogmas que vemos nacer habrán adquirido muy pronto el poder de las viejas concepciones, es decir: la fuerza tiránica y soberana que queda fuera de discusión.” “Hasta ahora, el papel más claro desempeñado por las masas ha consistido en las grandes destrucciones de civilizaciones envejecidas. La historia enseña que en el momento en el que las fuerzas morales, armazón de una sociedad, han dejado de actuar, la disolución final es efectuada por estas multitudes inconscientes y brutales, calificadas justamente de bárbaras. Las civilizaciones han sido creadas y han estado guiadas, hasta ahora, por una reducida aristocracia intelectual, jamás por las masas que no tienen poder más que para destruir. Su dominio representa siempre una fase de desorden. Una civilización implica reglas fijas, una disciplina, el tránsito desde lo instintivo hasta lo racional, la previsión del porvenir, un grado elevado de cultura, condiciones totalmente inaccesibles a las masas, abandonadas a sí mismas. Por su poder exclusivamente destructivo, actúan como aquellos microbios que activan la disolución de los cuerpos debilitados o de los cadáveres. Cuando el edificio de una civilización está carcomido, las masas provocan su derrumbamiento. Se pone entonces de manifiesto su papel. Durante un instante, la fuerza ciega del número se convierte en la única filosofía de la historia.” “Desde el punto de vista psicológico, la expresión masa asume una significación completamente distinta. En determinadas circunstancias, y tan sólo en ellas, una aglomeración de seres humanos posee características nuevas y muy diferentes de las de cada uno de los individuos que la componen. La personalidad consciente se esfuma, los sentimientos y las ideas de todas las unidades se orientan en una misma dirección. Se forma un alma colectiva, indudablemente transitoria, pero que presenta características muy definidas. La colectividad se convierte entonces en aquello que, a falta de otra expresión mejor, designaré como masa organizada o, si se prefiere, masa psicológica. Forma un solo ser y está sometida a la ley de la unidad mental de las masas”.

 

Pues eso mismo. Así estamos.  Y los nacionalistas y la izquierda, que actúa como carcoma del sistema, lo saben.  Quien controle a las masas y liquide el poder del pensamiento, que procede de la educación y de la búsqueda de la verdad, que es el nutriente principal de su sentido y objeto, logra el poder. Lo raro es que allí donde parecía haber más desarrollo económico y más alfabetización sea precisamente donde más toma cuerpo esa masa informe incapaz de lograr individuos autónomos que den el salto, de ser números de carné de identidad a ser personas capaces de dirigir el rumbo de su nación hacia el progreso y el desarrollo. Y cuando digo “su nación”, por supuesto, me refiero a la nación histórica, a la única existente desde el plano cultural y antropológico, es decir España.

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