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Manuel Parra Celaya
Domingo, 8 de abril de 2018
opinion de manuel parra celaya para la tribuna de cartagena

Dos éticas contrapuestas

Guardar en Mis Noticias.

[Img #10489]La noticia saltó a todos los medios: el juzgado de primera instancia nº1 de Gerona ha tenido a bien suspender cautelarmente el ucase que el separatismo encaramado en el Ayuntamiento de esa ciudad había decretado contra la participación de las Fuerzas Armadas españolas en el Expojove, por haber incumplido el año pasado el código ético de dicho Salón, que prohibía la presencia de uniformes militares.

 

La condescendencia el auto del juzgado, no obstante, no llega a tocar ni el último punto mencionado -que los jóvenes no vieran ni de lejos el color caqui- ni a poner en tela de juicio el mencionado código ético ni, por supuesto, el fondo del asunto. Nos imaginamos, en consecuencia, que debe ser totalmente legal y normal que en una nación europea se prohíba tajantemente a su Ejército ostentar su uniforme dentro de un territorio o espacio de esa nación.

 

Lógicamente, la Sra. Marta Madrenas, alcaldesa gerundense, está muy contenta con la decisión y, según los periódicos, confía en que el Ejército no participe en el salón, ya que ocultar el uniforme iría contra los principios de los militares.

 

El que escribe estas líneas no es militar ni jurista ni, a Dios gracias, ocupa cargo alguno en el Consistorio de Gerona. Se atiene a su lógica de ciudadano europeo, cualidad que aún no está bien definida, pero de la que viene haciendo gala desde hace muchos años; también se basa en otro código ético muy distinto, y este de verdad, el que viene constituido y marcado por lo que considera valores castrenses.

 

Este código ético de mi preferencia abarca conceptos como el honor, el servicio, la abnegación y el sacrificio, el patriotismo, la disciplina, el esfuerzo, el compañerismo… Desde esta perspectiva, me suenan a música de palanganas los tópicos al uso, como la cultura de la paz y el antibelicismo, que, traicionando la propia historia de Gerona, dicen profesar quienes son conmilitones de los que han protagonizado un golpe de Estado en toda regla y, más grave todavía, han intentado romper la unidad de España, cuya defensa, en último término, viene asignada a los Ejércitos, según reza el artículo 8 de la Constitución; y por ahí duele, supongo.

 

No hay ningún estamento social que desee tanto la paz como el militar, como es obvio; aunque solo fuera por meros motivos de seguridad personal, porque, en caso de conflicto armado, son los soldaditos de uniforme quienes exponen sus propias vidas para defender a toda una colectividad, de la que forman parte, paradójicamente, los antimilitaristas a la violeta. Pero, para asegurar esta paz, solo existen, que yo sepa, dos medios: garantizar la justicia -entre las personas, entre los grupos sociales, entre las naciones- y disponer de unas Fuerzas Armadas con capacidad de disuadir a un supuesto adversario. Y no entro ahora en detallar acerca del color de estos posibles adversarios -exteriores o interiores- porque no viene al caso, ¿o sí?

 

Una verdadera cultura de la paz solo es posible con la previsión de que puedan darse situaciones de guerra; el si vis pacem, para bellum de los romanos sigue siendo una realidad en nuestro mundo, como nos lo atestiguan a diario los atentados terroristas, por ejemplo.

 

Me imagino que todos estos razonamientos resbalan sobre los redactores del código ético del Expojove de Gerona; y, desgraciadamente, sobre otros ciudadanos, adoctrinados desde la escuela en el antimilitarismo de marras y que van integrando los círculos cercanos o simpatizantes con los prebostes gerundenses.

 

De todas formas, la manía a los uniformes no es privativa de este código estúpido; creo que no existe parangón alguno en las naciones de nuestro marco occidental con el hecho de que no puedan verse uniformes militares en nuestras calles y plazas. A veces uno piensa si no será una triste verdad actualizada aquello de que África empieza en los Pirineos…

 

Pero en este caso se advierte claramente la mano del separatismo rampante, con o sin artículo 155, en esta aversión hacia nuestro Ejército y el temor a que los jóvenes llenen su stand, como viene ocurriendo en el Salón de la Enseñanza en Barcelona. ¿Tendrán pavor a que esos uniformes prohibidos susciten la atención y la atracción de muchos jóvenes y los lleven, venturosamente, a asimilar los valores que informan la Milicia?

                                                   

                                                      

 

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 8 de abril de 2018 a las 14:01
Pedro Conde
Sin embargo, estos supuestos antimilitaristas pidieron, para dar su golpe de Estado contra España, armar a los Mossos de Escuadra con cañones, ametralladoras, tanques, etc.
O los barremos del mapa de España o se seguirán riendo de nosotros y, encima, se ciscarán sobre nuestras cabezas.
¡Mariano, traidor!

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