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Pedro Conde Soladana
Lunes, 9 de abril de 2018
memoria histérica. Opinión de Pedro Conde Soladana

¿Volver a la Guerra Civil?

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Noticia clasificada en: Memoria histérica

                [Img #10543]No parece ser otro el objetivo de quienes, desde su sectarismo, desmemoria o infamante demagogia, pretenden, al levantar cadáveres de aquella guerra entre españoles, entre familias y hermanos, contar la [Img #10546]Historia a su modo y manera para que los asesinados sean de un solo bando, borrando de la memoria a los que lo fueron por los criminales de éste. Aquella guerra civil fue el mayor horror que pudo pasarle a España en la era contemporánea. Y las guerras civiles son a dos bandos, no se olvide; sino, no serían civiles; acabando siempre por ser inciviles a causa de la condición humana.

 

            Tienen todo el derecho los familiares de aquellas personas asesinadas, por los dos bandos, no obviarlo, a dar mejor sepultura a sus allegados que la poco acogedora y menos digna que la de una vulgar cuneta; lo que mostró entonces la calaña de aquella canalla que unió al vil acto del asesinato el desprecio hacia las víctimas  dejándolas inertes a luz de la luna y a la saciedad de las alimañas carroñeras. A lo que no tiene derecho nadie es a usar los muertos como metralla, desatando un nuevo conflicto entre compatriotas que es lo que pretenden, digámoslo sin tapujos porque los agitadores no lo ocultan, para ganar una nueva guerra cuya victoria no se la garantiza nadie. Es más, todos los análisis nos llevan a deducir que volverían a perder aquellos que al final están contra la nación española; de los que no se puede decir más que por traidores a su patria.

 

            No es tozudez propia sino clamor nacional insistir en la denuncia [Img #10541]de quienes -como pescadores de río revuelto- usan la democracia como caballos de Troya para desatar lo que no puede menos de concluir en otra hecatombe para España si persisten en liberar los demonios familiares de un tétrico pasado cuyas páginas escritas no pueden violentarse ni con mentiras ni con verdades a medias, ni tampoco con tergiversaciones ni ocultaciones de hechos horrendos cometidos por los canallas de ambos bandos. Mas, no sería por mi parte otra cosa que una actitud salomónica o buenista, como se dice ahora, paliar o entibiar la conducta desafiante  de quienes diciéndose seguidores y defensores del aquel bando republicano que perdió la guerra civil de 1936 y pretenden hoy borrar con leyes inmundas de memorias históricas irracionales y sectarias  las verdades y hechos contrastados de que el bando nacional hizo más ajustada y valiente defensa del ser y unidad de la nación española que aquel, que acabó entregándose al poder comunista de Rusia y su líder Stalin. Hasta el extremo de que hubo de ser una facción de la República, asqueada y decepcionada por tan vil entrega y vasallaje a aquel criminal dictador la que diera un golpe de mano o de estado contra quienes [Img #10545]estaban al frente de aquella, con el socialista Juan Negrín a la cabeza, Jefe del Gobierno de la República, totalmente comunistizado, responsable, entre otras posteriores fechorías, de la entrega de una parte del oro depositado en el Banco de España a Stalin, dispuesto a seguir la guerra cuando ya estaba prácticamente perdida.  

 

            Estos predicadores de revanchas quieren amputar la Historia de España para deformar conciencias, además de saberes. Conciencia y saber, juntos, han de formarse desde la escuela a través del conocimiento de la verdad para no repetir insana y sañudamente lo trágico de nuestro pasado. De lo contrario, el odio y el rencor, que deben ser aniquilados del acervo negativo de los pueblos y naciones, permanecerán como factores de desunión, ruptura y disputa endémica entre connacionales. Con lo que tendríamos como inaceptable y ominosa lección la historia de nunca acabar. ¿A quién interesa tal Historia de desquites y muertes?

 

Esta es la pregunta a la que deben responder quienes, nada más y nada menos, se dicen representantes del pueblo español en la institución de la soberanía nacional, el Parlamento. Por la misma intención que nace de quienes impulsan tan aberrante y contradictoria Ley de la Memoria Histórica –se está imponiendo ya el seudónimo de Histérica- hay que preguntarles si, como representantes, se sienten de todo el pueblo español, de una parte, de qué quebrado de esa parte: un tercio, un cuarto, un quinto…; porque si la respuesta es parcial y no de un todo hay que arrojarlos de ese recinto políticamente sagrado por partidistas, ignorantes, mendrugos, mastuerzos, modorros, etc., ya que ignoran su primer deber y obligación que es que son representantes de todo el  pueblo español y no solo de la mitad, que parece ser la media que echan cuando son capaces de concebir una ley que, por cierto, les excluye a ellos mismos, por su ignorancia, de tan alta misión como es ser mandatarios de esa soberanía nacional que es un todo.

 

[Img #10544]Parece de tal tamaño el absurdo de esa pretendida e incendiaria ley de Memoria Histórica que es como para pensar que solo cabe ser concebida por desahuciados de la razón. Es decir, por aquellos a los que ésta les ha abandonado  para dejarlos arrumbados en el limbo de los injustos. Es tal la osadía de los promotores de tan insensata Ley que no se dan cuenta que están pisando terrenos penales. Sí, terrenos del Código Penal en que podrían enfangarse de querer llevar adelante exigencias e imposiciones que van contra derechos tan fundamentales para y del ciudadano como es el de, primero, saber y, después, decir en voz alta o enseñar, aquello que han estudiado y aprendido, en escuelas, cátedras, conferencias, mítines, lugares públicos, conversaciones entre amigos, discusiones en tabernas, etc. En definitiva, donde al ciudadano le dé la real gana.

 

 

Han de entender tales promotores de leyes sin pies ni cabeza  que somos muchos los ciudadanos que estamos dispuestos a llevarlos a los [Img #10542]tribunales por ser unos delincuentes intelectuales. Quizá el peor de los delitos que puede imputársele a un sedicente político por promover leyes descabelladas, insensatas, ilógicas, disparatadas, inadmisibles, necias, desatinadas, incongruentes, falseadas y sectarias. En definitiva, irracionales.

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