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Carlos Verdú
Lunes, 9 de abril de 2018
Opinión de Carlos para La Tribuna de Cartagena

LA DERROTA INACEPTABLE

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Estoy indignado, por el continuo ataque flagrante contra la unidad nacional, para mí, no solo fundada, la unidad, desde la perspectiva histórica, jurídica, política y moral, sino también sagrada y componente activo de mi torrente sanguíneo.

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El diccionario de la Real acota como significado del término "indignado": "el sentimiento de intenso enfado que provoca un acto injusto, ofensivo o perjudicial". Sin embargo, para ver reflejado fidedignamente mi conturbado estado de ánimo, debería sustituir la disyuntiva "o", por la copulativa "y".

 

Es decir, que mi cabreo es tan descomunal, que ni los compromisos absorbentes de una agenda enloquecedora, son capaces de paralizar la pluma. Cierto es, que uno lo hace, a estas alturas, sin la mínima esperanza de movilizar voluntad alguna, pero les aseguro, que es un desahogo imprescindible.

 

Estoy indignado, por el continuo ataque flagrante contra la unidad nacional, para mí, no solo fundada, la unidad, desde la perspectiva histórica, jurídica, política y moral, sino también sagrada y componente activo de mi torrente sanguíneo.

 

Sobre todo, cuando ese ataque se perpetra contrariando nuestra Constitución (votada por el 97% de los catalanes), contra las normas más elementales del Estado de Derecho, del imperio de la Ley y del principio de igualdad, y tiene en el nudo gordiano del impulso secesionista la insolidaridad y la supremacía, como únicos argumentos.

 

Estoy indignado, porque en la larga gestación de este proceso, todas las fuerzas políticas que ocuparon el gobierno, tienen una clara responsabilidad, ya que no les importó cambiar "poder" por "apoyos", sin valorar las consecuencias.

 

Estoy indignado, por la exasperante y pasiva actuación de un gobierno, que ha practicado la táctica del "last minute", teniéndonos en la desorientación, en la falta de explicaciones suficientes, capaces de romper el círculo de desamparo en el que los españoles nos hemos visto sometidos, por este "procés" que nos tiene hartos, y en el que vemos que el ejecutivo, como un mal sastre, toma tardíamente medidas, sin acabar nunca el traje. ¿Era preciso, haber llegado tan lejos?

 

Estoy indignado, por la tardía, timorata y mezquina aplicación del art. 155 de la C.E., que garantiza la defensa de la Constitución, y que en la versión planteada por el Ejecutivo al Senado, solo ha garantizado unas elecciones autonómicas en Cataluña, pero que ha dejado abiertos la mayoría de los frentes secesionistas, como la educación, la efectiva intervención del cuerpo de los "mossos de esquadra" y lo que es más importante, la intervención de los medios de comunicación adoctrinantes.

 

Estoy indignado, por la manipulación del conflicto. No se dice suficientemente, alto y claro, que lo del "procés", no ha sido sino un puro golpe de estado, de la misma naturaleza jurídica que el del 81. No hace falta vestir uniforme y llevar pistola, se puede ser progre y llevar mochila, para desorbitar el artículo 137 de la C.E. No hace falta un camión de guardias civiles, sirve también movilizar a 150.000 ciudadanos, poner a su servicio y finalidades secesionistas las fuerzas catalanas de orden público, que desoyeron las órdenes del Ministerio del Interior, que permitan abrir colegios electorales ilegales, que destrocen coches de la guardia civil y policía nacional, que rodeen un edificio y no dejen salir por la fuerza  los agentes de la autoridad... Basa ya, de hablar de presos políticos, cuando lo único que hay son políticos presos, no por sus ideas, sino por haber delinquido.

 

Estoy indignado, por la internacionalización del conflicto. Por lo que publica The Times sobre España, y por lo que se oye en los medios, con desorientación y manipulación, mientras que el Ministro de Exteriores español se toma un vino. Los españoles nos merecemos reacciones serias frente a estos ataques frontales que nos dejan innecesariamente en mal lugar. Yo no sé, si esa falta de reacción obedece a una falta de competencia o de testosterona. Pero que lo digan, y si es lo primero, que se vayan y, y si es lo segundo, que lo recete la Seguridad Social.

 

Estoy indignado, porque oigo gritar en sus tumbas a los que por crear una gran nación como la nuestra, empeñaron su vida, hasta perderla por España, mientras aquí, siguen sin ilegalizar los partidos políticos, que en sus estatutos, tienen como objetivo acabar con la patria común.

 

Me siento profundamente indignado, por la actuación del Estado Alemán, por la resolución del Tribunal Regional Superior de Schglesmig-Holstein, que ha dejado en libertad al golpista Puigdemont, y las impresentables declaraciones de la titular del Ministerio de Justicia de aquel país, que no ha merecido réplica del homólogo español.

 

Yo creo que esto, ha sido la peor humillación que se ha infringido a España y sus 47 millones de habitantes, que yo recuerde, y que desde luego, no hubiera permitido el emperador prognata Carlos (cuando aquello era nuestro) I para España y V para Alemania.

 

Esa humillación del primer país del Club (UE), al cuarto, dándonos un tratamiento de país bananero y poniendo en tela de juicio nuestro sistema legal garantista  y nuestro sistema  democrático, diciendo que Alemania si es un estado de libertades, pone en evidencia la fragilidad de los pilares de la Unión, en cuyo espacio no existe un integración jurídica armónica. Así, el tribunal, que tenía únicamente que analizar los términos de la euro-orden y constatar que el Código Penal alemán existe un tipo del mismo contenido (delito de alta traición, tratar de separar un Land de la unión de la República, castigado hasta con pena de cadena perpetua). Pues no, señores, el Tribunal ha decidido juzgar, sin instruir un sumario, a Puigdemont y lo ha considerado absuelto del delito de rebelión.

 

Esa decisión, que espero remedien instancias superiores, ya que esta derrota es inaceptable, ha puesto en tela de juicio nuestra pertenencia a la U.E., que nos da un trato de país tercermundista (no quiero recordar las palabras de Ministra de Justicia). Esto, hace, también, que algunos pensemos que no estamos adecuadamente representados, y que si esta actuación se homologa, el proceso de balcanización se instalará en Europa.

 

Quizás lo peor, es pensar, que para la justicia alemana los argumentos de supremacismo, que inspiran la secesión catalana, y que dieron origen a la segunda guerra mundial, siguen latentes. Habrá que ir pensando donde nos vamos a vivir.

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